VISITAS. A pesar del tráfico y de la actividad comercial de las inmediaciones, muchos llegan a la plaza para disfrutar en tranquilidad.
Jerez

Un soplo de aire fresco en un enclave comercial

Rodeada por numerosos locales, la plaza de Mamelón es un pequeño pulmón verde en el centro de la ciudad


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Bodegas Tío Pepe, Bar Juanito, El Lagar, La Condesa, Museo de los Enganches y algún que otro destino turístico más son los que se pueden observar en el panel informativo instalado en uno de los laterales de la plaza de Mamelón. Son muchos los turistas, hospedados incluso en el hotel El Ancla, que se acercan y transitan por este enclave tan típicamente jerezano, por lo que los carteles explicativos son más que prácticos. Son los mismos visitantes que habitualmente se detienen ante la escultura de Eduardo Soriano para admirar la grandiosidad con la que representa el Gran Break a la calesera, tirada por cinco caballos a media potencia.

Y es que, sin lugar a dudas, este monumento -levantado en el año 2002 para los Juegos Ecuestres- es uno de los más destacados de la plaza de Mamelón y del que, quizás, más disfruten los extranjeros, que ven en él lo más representativo de la Feria del Caballo. Pesa unas seis toneladas, aproximadamente, ya que está representado casi a tamaño real.

La plaza de Mamelón une el centro histórico y neurálgico de la ciudad con una de sus arterias principales, la avenida Álvaro Domecq. Este admirado enclave ofrece un paisaje fresco, con mucho verde por sus jardines. Se completa con un gran lago central, alrededor del que se reúne algún que otro jerezano para respirar aire puro entre tanto comercio. En su perímetro permanece la escultura a San Juan Bautista de La Salle, que fue obra de los arquitectos Fernando de la Cuadra y Manuel Jesús Domecq en 1952, aunque la efigie en bronce actual es de Nuria Guerra Castellano.

La remodelación originaria de esta plaza data del 24 de abril de 1987, día en que fue inaugurada por el entonces alcalde de la ciudad, Pedro Pacheco, y por el arquitecto y artífice de la iniciativa, José Ramón Díaz Pinto. El presupuesto de la obra alcanzó los 60 millones de las antiguas pesetas, aunque el proyecto originario ascendía a los ochenta. Y fue esta construcción un motivo más de enfrentamiento entre el entonces máximo mandatario municipal y los representantes del PSOE de la época, que consideraban que esta remodelación no era muy afortunada para la ciudad. Pero Pacheco la calificó como «una construcción con un espíritu muy renovador».

Según narra el libro Jerez, artística y monumental, de los licenciados en Historia del Arte, Pablo J. Pomar Rodil y Miguel A. Mariscal Rodríguez, el espacio donde actualmente se erige la plaza de Mamelón era ocupado, hasta principios del siglo XX, por el palacio dieciochesco del Marqués del Salobral, que ofrecía una perspectiva fugada en doble vía y que hoy ya no está. Aunque esta casa no es la única finca señorial existente, ya que en el lado oeste se levantaba el palacio del Marqués de la Montana, de finales del XVIII y cuyo balcón principal está enmarcado por un baquetón mixtilíneo y guardapolvo de pizarra. Por su parte, a la altura de la calle San Juan Grande destaca la casa neoclásica del número 3, que data de mediados del XIX.

Muy próxima a ésta, en la esquina con Gaitán, se conserva -aunque transformada- una antigua iglesia securalizada. Se trata del que fuese beaterio Nazarenos o Recogidas, fundado en 1643 por Ana Díaz bajo la advocación de la Pasión de Jesucristo y el Santísimo Rosario. De este templo, levantado entre 1653 y 1659, sólo se conservan tres tramos de su única nave y el coro alto sobre arco escarzano a los pies, aunque el corte de los sillares de su fachada permite advertir que contaba con una sencilla portada adintelada de frontón partido.

Ámbito comercial

Si existe algo que casi tres siglos después de los palacios de marqueses caracterice a la plaza de Mamelón es que se encuentra circundada por numerosos locales comerciales. Es un enclave, por tanto, de gran importancia mercantil. Ejemplo de ello son los bancos que la rodean, como La Caixa, Banco Pastor, Caixa Galicia, Caja Rural o Cajamar, a los que acompañan empresas como Seguros Vitalicio o las múltiples oficinas que existen en la zona de abogados, notarios y reguladores o los despachos de médicos instalados en las antiguas casas señoriales. La agencia de Viaje Altarik, la inmobiliaria Mamelón, el bar La Cubatería, el hotel Ancla, el estanco de Mamelón o la tienda Vértigo Surf Shop también están en la zona. Todos estos negocios son los encargados de darle el aire empresarial a Mamelón.

Gloria Mateos, empleada de la tienda Vértigo, asegura que «es una zona con mucho tráfico, donde en algunas ocasiones aparcan en doble fila, lo que provoca el enfado de los conductores de autobuses, que no pueden ni parar ni pasar». Pero no sólo es transitada por vehículos y gente de paso, ya que la gran mayoría de las tardes «está repleta de niños», continúa, así como la «reunión de vagabundos que más adentrada la noche se acercan hasta aquí. Son parte de Mamelón», apunta un compañero de Gloria.

La estampa diurna es diferente a la nocturna. Sus alrededores se caracterizan por un ritmo más estresante y frenético, que choca con la relajación, la pasividad y la tranquilidad de las personas mayores que desde muy temprano pasean y se sientan en los bancos debatiendo de sus asuntos, de la últimas noticias que han consternado al país o simplemente contándose las últimas hazañas simpáticas de sus nietos.

La Fórmula Uno

Entre charla y charla son muchas las personas que casi con las lagañas en los ojos van a toda prisa para trabajar a cualquier de las numerosas oficinas levantadas en torno a Mamelón. También están los habituales que desayunan o se toman su cervecita con una tapita de ensaladilla de media mañana en el bar El Ancla. «Suelen venir todos los trabajadores de la zona. Llevo aquí ocho meses y normalmente siempre despacho a la misma gente», cuenta Felipe Barea Bernal, camarero del establecimiento. «Ahora, con los entrenamientos de la Fórmula Uno y de las motos, se ha notado de forma bastante considerable en el bar porque muchos se hospedan en el hotel. Y aunque los turistas son muy habituales, los vecinos de la zona se dan su vueltecita», asevera Felipe.

Para Andrés Sánchez, director de la agencia inmobiliaria Mamelón, ésta es «el lugar ideal, porque además de ser una zona muy comercial todo el que venga al centro tiene que pasar por la plaza Mamelón». Andrés asegura que «atrae mucho a loos turistas, que numerosas veces entran en nuestro local para preguntarnos dónde está tal sitio u otro. Somos -afirma bromeando con sus compañeras de la agencia- la segunda Oficina de Turismo de la ciudad, por decirlo de alguna manera».

Pero no es oro todo lo que reluce, como dice el refrán. Si hasta ahora todo habían sido elogios para la plaza, también hay críticas. Y es que «las personas que trabajamos aquí tenemos importantes problemas para encontrar aparcamiento, y en el subterráneo dejar el coche todos los días tantas horas nos cuesta muy caro», afirma Olga Medina, empleada de la inmobiliaria Mamelón. «Cada día estamos al menos media hora buscando un hueco y, cuidao, no nos libranos de pagar porque todo es zona azul».