ÉPOCAS PASADAS. El 90,6% de los uzbekos acudieron a votar, como en la extinta URSS. / REUTERS
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El dictador más sanguinario de Asia Central se perpetúa en Uzbekistán

Islam Karímov seguirá en el poder siete años más tras ganar unos comicios sin oposición

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En medio de una opacidad absoluta, sin apenas observadores internacionales y con una afluencia simbólica de periodistas extranjeros por las severas limitaciones en la concesión de visados, se celebraron ayer en Uzbekistán unas elecciones presidenciales que, sin duda, ganará Islam Karímov, el dictador centroasiático más sanguinario. La prohibición de efectuar sondeos ha impedido avanzar un resultado provisional de la votación en esta antigua república soviética.

Sujbat Abdulláyev, un empresario independiente cuya candidatura fue rechazada por la Comisión Electoral, denunció numerosas irregularidades durante la jornada electoral. Según su testimonio, hubo personas que votaron varias veces e incluso que introdujeron en la urna más de una papeleta.

Y eso pese a que ninguno de los otros tres políticos en liza amenazan en absoluto la victoria de Karímov. El diputado Asliddín Rustámov, la candidata socialdemócrata, Dilorom Tashmujamédova, y Akmal Saídov, apoyado por una plataforma oficialista que dice defender los derechos humanos «no son más que meras comparsas en la escenificación de la farsa», sostiene Abdulláyev.

Así que, si no surge un milagro, el actual presidente uzbeko continuará al frente de su país otros siete años y seguirá gobernando con mano de hierro. Los primeros datos oficiales se conocerán hoy. El índice de participación fue del 90,6%, como en los tiempos de la URSS. Líder local del Partido Comunista en la época soviética, Islam Karímov, que cumplirá 70 años en enero, lleva en el poder desde 1989. Fue reelegido en 1991 y 2000 y, aunque la Constitución prohíbe a una misma persona mantenerse en el cargo de presidente más de dos mandatos consecutivos, interpreta que las consultas populares realizadas en 1995 y en 2002 le autorizan a ello.