TURISMO

Maridaje perfecto entre viñas y turistas

Medio Ambiente realiza un estudio para adaptar bodegas y viñas al turismo enológico

Actualizado:

Sangre y sudor baña el campo andaluz. El esfuerzo se derrama y se mezcla en cada terrón de esa tierra cuarteada como los morenos rostros de los jornaleros que se dejaron su aliento y su vida por su prosperidad y, de paso, la del resto de la provincia. Ligaron y ligan su existencia al sostenimiento de un sector que se esfuerza por no languidecer, por no morirse asediado por la feroz competencia y las políticas de arranque de vides. Mientras, ese paisaje de millares de viñas, de colinas verdes en las que se pierde la vista, se viene a menos como en un Apocalipsis vitivinícola que todos quieren frenar pero nadie sabe muy bien cómo hacerlo. Y aquí es donde se dibuja el último esfuerzo de la administración pública. En la Delegación de Medio Ambiente y de Ordenación del Territorio de la Junta en Cádiz saben de la complicada realidad que atraviesa el sector en la provincia y de ahí que estén buscando el único revulsivo posible para que las bodegas diversifiquen su oferta sin abandonar sus raíces: el turismo enológico

De ahí que en la administración hayan redactado un minucioso estudio en el que se realiza una detallada radiografía de las viñas existentes en el Marco de Jerez y el resto de la provincia, además de analizar los posibles caminos que se deben tomar para desarrollar esta nueva forma de turismo aún por materializar en Cádiz. De entrada, un dato cuantitativo se desprende del documento e invita a la reflexión: las viñas en la provincia han pasado de las 32.000 hectáreas hace diez años a las 7.000 que se han inventariado en la actualidad.

Rafael Martín Ballesteros, jefe de servicio de Desarrollo Rural y redactor de un estudio que califica como «complejo». «Hemos abarcado muchos aspectos del turismo enológico», explica el técnico. Federico Fernández, delegado territorial de Medio Ambiente aclara la motivación del informe: «Identificamos necesidades, propuestas y líneas de ayuda. Estamos actuando como dinamizadores». Y es que hay una idea clave en esta intención, urge como un «maridaje entre lo público y lo privado», como ya aclaró en la presentación Fernández. «La idea es que facilitemos el material y que cada empresario se elabore el traje», matiza el delegado. 

Y ese material no es nada más y nada menos que una diagnosis en la que se establecen una serie de puntos fuertes que los empresarios pueden explotar. Se trata de dos pilares como son los paisajes de viñas y las casas de viñas. De hecho, la idea es que las bodegas den un paso más y no se queden solo en mostrar al visitante el interior de una bodega, sino que lo lleven al campo a conocer cómo es el proceso de la vendimia y todo el recorrido que sigue la uva desde su recolección hasta su conversión en vino. De ahí que Martín haya identificado tierras dedicadas a vides en Jerez, Sanlúcar, Trebujena, El Puerto, Rota, Chiclana y Puerto Real. De ellas, destacan especialmente las de Jerez por su cantidad y por elementos constructivos asociados que crean paisajes de interés, al ser la típica viña asociada a la loma y las viñas de albarizas con la casa en la cima de la loma. «Tienen una gran singularidad debido a que, en muchos casos se conservan las casas de viñas. En ellas, anteriormente se hacía el vino», explica el técnico. 

Hoy en día, subsisten a duras penas como casas de aperos propiedad de las bodegas, en los casos en los que todavía están en pie. De esos, destacan construcciones del siglo XIX o principios del XX con una arquitectura vernácula de gran interés, con los típicos encofrados «de altísimo valor». En total son unas 20 o 30 las que se conservan. Porque Martín se ha encontrado diversos casos en los que «se ha abandonado, a eso le ha seguido deterioros o saqueos». También eso ha llevado a que las propias viñas no se cuiden y se vayan perdiendo, lo que ha llevado a que el paisaje se haya ido resintiendo en favor de nuevas construcciones. Hoy, «las viñas están cerca de muchas casas y se ha perdido un paisaje singular», reconoce Martín.

Es el caso de localidades como Chiclana, en las que además el sector vitivinícola siempre estuvo asociado a pequeños propietarios que trabajaban ellos mismos sus tierras de vides. Sin embargo, las políticas de arranque de vides llevaron a muchos a parcelar y vender sus tierras para construir casas unifamiliares, hoy irregulares.

Ante tanta amenaza, Martín apuesta por proteger el paisaje de viñedos, «el paisaje es patrimonio de todos», de ahí que apunte un arma como el Plan de Ordenación del Territorio (POTA), como instrumento útil para materializar la protección. Es uno de los puntos que remarca este documento que pretende ser «una herramienta para que el sector privado la use», según matiza Martín que igualmente remarca que en el informe recomienda «a los agentes sociales que pidan que se modifique el POTA para que se incluya». 

Más oferta para el turista

Toda esta diagnosis busca atraer al turista hasta el campo. De hecho, en el documento también se apunta la necesidad de mejorar caminos rurales para hacer posible estas visitas. Y es que el documento parte de la realidad presente en la que «está evolucionando el sector turístico» en una provincia en la que ya no todos los visitantes llegan buscando sol y playa. «Se trata de crear un negocio que no existe en la actualidad y que puede suponer una oferta adicional al turismo de interior», matiza Martín. Y es que ese visitante «busca otra cosa», de ahí que el turismo enológico pueda suponer un complemento al turismo monumental o de naturaleza con «clientes de alto nivel adquisitivo, amantes de la cultura, extranjeros y que suelen tener visitas no estacionales».

Para hacer realidad este impulso, será necesario que los empresarios den el paso al frente. De ahí que desde la administración se esté consensuando cada paso con ellos y organizando reuniones, conferencias y ponencias para animarles a solicitar los cambios necesarios y la inversión. Por su parte, desde la Junta se comprometen a canalizar las ayudas y subvenciones necesarias, como puede ser el Plan de Desarrollo Rural o la Iniciativa Territorial Integrada. Todo para cambiar una realidad en la que en la actualidad no hay «ni programación, ni imagen corporativa ni oferta», como reconoce Fernández. Ahora, la pelota está en el tejado de los empresarios del sector. La botella del mejor caldo gaditano está abierto, ellos decidirán si se sirven o no la copa de este maridaje perfecto.