8 de marzo

Cooperativa, remedio contra el paro femenino

El 43% de los puestos de trabajo que generan en la provincia de Cádiz lo ocupan mujeres

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De rodillas y sin chistar pasaba las mañana dando lustre al suelo Carmen Benjumea, que con doce años entró a servir en la casa de una señora con posibles en Dos Hermanas. La familia se había trasladado desde Zahara de los Atunes en busca de un futuro mejor, pero había que meter otro sueldo en casa para darle de comer a todos, la obligación de los hermanos mayores. «La señora tenía un hijo de mi edad y se me iban los ojos detrás de los juguetes». Ese es uno de los recuerdos que le quedan a Carmen, hoy de 54 años, de aquello.

Acostumbrada a buscarse la vida en lo que iba saliendo, no ha parado desde entonces. «He hecho de todo, he sido camarera de pisos en los hoteles, limpieza en las casas, plancha, arreglos,...». Trabajo terminado, dinero en mano o ya te pago mañana, sin más contrato, cotización, desempleo o derecho a queja. «Menos unos años que estuve trabajando como limpiadora en una comisaría de La Línea, siempre ha sido así», cuenta. Y también para el economía sumergida pesan los años, «que pasas de los 45 y parece que ya no sirves para nada», se lamenta Carmen, que no está dispuesta a cederle terreno a la edad ni a la crisis. Ella es una de las socias de la Cooperativa Latarraya, formada por seis mujeres de distintas edades en Zahara de los Atunes que han encontrado en la fórmula una manera para hacer valer su trabajo.

En mayo cumplirán dos años desde que echaran a andar y en ese tiempo han concentrado atenciones de servicio de ayuda a domicilio, faena de limpieza en comunidades y viviendas de veraneo, se encargan también se la entrega de llave durante la temporada alta, labores de plancha y lavandería y atención a los mayores en la playa. «Todo en regla, cotizando nuestras horas, que es lo que cuesta más trabajo», dice.

Las socias pasan de los cuarenta, pero eso no ha sido una barrera para embarcarse en la aventura, que no tiene margen de beneficios, pero si una tremenda ganancia, la que marca la distancia entre el trabajo clandestino y el reconocimiento de los derechos laborales, los que hoy se reclaman con más fuerza por el Día de la Mujer Trabajadora. Las socias de la cooperativa y las integrantes de los talleres de mayores de 45 que propueve este colectivo celebran este 8 de marzo de una manera distinta. Los encargos que reciben se reparten entre estas mujeres en función de su situación familiar y su experiencia, dando prioridad a la que tienen más problemas en casa.

La losa de la edad

El campo fue el primer en encontrar encaje en este modelo empresarial en el que las mujeres tienen una alta representatividad. Explica Elena Aznar, coordinadora de la Asociación de Mujeres cooperativistas (Amecoop), que los servicios le han tomado la delantera al ámbito rural en este movimiento y cada vez más recurren a él profesionales con alta formación. Asesorías, empresas de marketing, de soluciones informáticas, el perfil es muy diverso.

El mercado laboral de la provincia castiga doblemente a las mujeres, que cierra las puertas a más de la mitad de las que quieren trabajar. Muchas son mayores de 45 años que se han dedicado al cuidado del hogar y de los hijo y ahora se ven en la necesidad de salir a la calle a buscar un salario que llevar en casa. Forman el abultado colectivo de parados sin empleo anterior y tienen muy pocas opciones, ni siquiera para contratos bonificados. «También ellas logran encontrar una alternativa en el mundo cooperativista, lejos de la economía sumergida», que llega a ser una ratonera, destaca la portavoz.

Además de la salida laboral, destaca el recorrido de estas sociedades empresariales y justifica con números y balances que «las que son lideradas por mujeres suelen tener una trayectoria más larga». El motivo lo atribuye a las propias cualidades como la facilidad para trabajar en equipo o la perseverancia. «Es una cuestión de educación, lo que nos han inculcado desde pequeñas», señala.

Si los colectivos vecinales y sociales fueron la puerta de entrada de las mujeres a la vida política, las cooperativas abren las del terreno empresarial. Hoy operan más de 360 coopeartivas en la provincia que general alrededor de 3.300 puestos de trabajo, un 43% de ellos ocupados por mujeres. Son, por lo general, pymes y micropymes de tres a diez personas y el objetivo de futuro es que logren crecer, sellar alianzas entre unas y otras y construir estructuras grandes con poder de decisión.

El germen

Veterana en esta carrera empresarial es ya María de los Ángeles Álvarez, una de las socias de la Cooperativa Andaluza Jugum, especializada en artesanía de barro, en Jerez. El proyecto nació durante el boom de los ochenta, cuando comenzaron a aparecer las primeras vinculadas al entorno rural. «Yo tenía quince años por entonces y no me quería conformar con las poquísimas oportunidades que tenía a mi alcance», cuenta. Aprovechó todos los cursos de formación que se presentaron para cambiar el campo por la artesanía. «Poco a poco fuimos aprendiendo el oficio, especializándonos y dándole forma a lo que es hoy la empresa», continúa. Aquel primer experimento lo formaban once personas entre hombres y mujeres, pero sólo ellas decidieron seguir adelante. Explica María de los Ángeles que era también lo que se esperaba, «porque siempre lo tuvieron más fácil y les iban saliendo trabajos de más estabilidad y mejor pagados».

Las condiciones de igualdad salarial, la flexibilidad para la conciliación de la vida familiar y laboral y el poder de decisión son doblemente difíciles siendo mujer en trabajos por cuenta ajena. Todo eso era posible tenerlo dentro de la cooperativa. Pero también los desvelos, el riesgo de las nuevas inversiones, los retos y la crisis, que le ha dado la vuelta a todo. Hoy Jugum pone el esfuezo en la formación, las visitas escolares y mantener viva esa tradición artesanal. Los encargos se han reducido, pero los que salen a la calle con su sello mantienen la calidad y la frescura de los comienzos.

La oportunidad

Y poniéndole la mejor cara a la situación abre cada día sus puertas la librería de las hermanas Raposo Navarro, que hace cinco años cumplieron el sueño de crear un negocio familiar vinculado a la literatura. Un mundo de papeleo fue necesario para que la sociedad empresarial echara a andar con un modelo de cooperativa. «Por cuestiones fiscales y salariales era lo que mejor nos convenía», explica María José, una de las cinco socias, que ya venía de una amplia experiencia en el negocio editorial. No tuvo que enfrentarse a barrera alguna por ser mujer, pero sí sabía que el recorrido que tenía por delante en su trabajo anterior era corto. «Varias circustancias familiares nos hicieron que nos planteásemos esta idea de negocio y tiramos para delante», reconoce.

Justo cuando la crisis comenzaba a hacer estragos, en la zona más castigada por el paro, estas cinco mujeres se embarcaron enl a aventura romántica de la librería, «que tiene también mucho de empresa de mudanzas, porque siempre andamos moviendo cajas», dice la propietaria. Las cosas no han venido como las esperaban, pero reconoce que «tendrán que hundirnos la cabeza en el agua para que cerremos». Esa perserverancia y el cariño con el que afrontan cada día sí marca la diferencia. «Es mucho más que el sueldo que entra en casa, es una parte de nosotras».

Las Libreras es parte de esta nueva hornada como The Room Social, la agencia de publicidad y marketing social, de El Puerto, que gestionan Carolina Casanova, Moisés Rodríguez, Sita Alonso y Elena Caldera. Es esta última la que se presta para contar su experiencia en este reportaje. Explica que se lanzaron al mercado con un proyecto para asesorar y formar a las pymes. Aquello de la transición del 1.0 al 2.0 de lo que tanto se hablaba, pero que pocos alcanzaban a entender. Pero la actividad ha evolucionado hasta convertirse en una empresa de servicios integrales.

«Ser socia y trabajadora te permite apostar por la conciliación familiar y laboral, sin renunciar a ninguna», cuenta Elena. La fórmula perfecta es «ser una familia» también en la oficina, lo que proporciona «más valor y mejoras en la productividad y los resultados». Rehuye del término 'calentar la silla', lo importante es que el trabajo salga adelante, pero sabe que cuando uno no toma las decisiones no resulta fácil, mucho más cuando se trabaja por cuenta ajena.

Y el futuro lo ve en la cooperación y la unión de fuerzas. Su empresa ya lo pone en práctica con otras compañías, «no solo para ganar músculo empresarial sino como elemento de crecer y sumar talentos». También ahora cuando las cosas se tuercen y todo cuesta más esfuerzo.