Soraya Sáenz de Santamaría con Juanma Moreno y Sebastián Pérez en un acto de campaña en Granada
Soraya Sáenz de Santamaría con Juanma Moreno y Sebastián Pérez en un acto de campaña en Granada - EFE
ANDALUCÍA

El PP andaluz se va de congreso en plena precampaña

Las primarias han confirmado la división interna del partido en todas las provincias a meses de una cita electoral crucial

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El apoyo de María Dolores de Cospedal a la candidatura de Pablo Casado ha tensionado al PP andaluz cuya delegación de compromisarios (519, un 16,84 por ciento del total) será la más amplia del congreso de este fin de semana. Casado no contó en la primera ronda, porque la lucha interna por el poder en el PP de Andalucía se libra entre sorayistas y cospedalistas. Aunque la discreción de las urnas impida saber qué votará Andalucía, fuentes de la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría aseguran contar con el 65%de los compromisarios. Otros sostienen que habrá partido hasta el último voto.

Casado, consciente de estar en desventaja, denunció falta de neutralidad de la dirección andaluza. El presidente regional Juanma Moreno apostó por Soraya y la secretaria general, Loles López, participó en la campaña «#ahora unamujer SoraYA». También hubo denuncia de colada de compromiarios en Málaga y presiones a los «traidores» en Cádiz... pero no se puede hablar de una campaña sucia. Si acaso, el terreno de juego quedó algo embarrado tras la difusión del video de las fotos en blanco de Javier Arenas y otros veteranos sorayistas andaluces para discutir la «renovación» que promete la exvicepresidenta del Gobierno. Aunque el autor utilizó a Arenas para desgastar a Santamaría – como en la réplica se recurre a Aznar para bajar los humos a Casado–, también es cierto que le ha otorgado protagonismo en otra cita histórica del partido, en el que ha sido de todo para quedarse siempre como el manijero andaluz.

Arenas es más de foto que de video. Tiene un don para aparecer en las buenas. A un superviviente como él no lo pillarán por demostrar fidelidad a viva voz si corre el riesgo de equivocarse. Arenas no necesita hacerse notar. Se le intuye. En esta ocasión en la elección de su fiel Antonio Sanz, otro experto en tripas de partido, como coordinador de la candidatura de Saénz de Santamaría. Con Sanz, ahora senador por la comunidad, Arenas tendrá el sitio que pueda perder Arenas en la futura ejecutiva del partido si la preside Santamaría.

Mientras fieles y detractores apuestan por cómo regresará Arenas del congreso, «si en su coche oficial vitalicio o en cabify», las consecuencias del cónclave popular en Andalucía van mucho más allá. La cita supone otra oportunidad para acabar con la división que persiste desde que precisamente Arenas dejó la presidencia regional, ahora en manos de Moreno tras la interinidad de Juan Ignacio Zoido. Desde entonces, todos los intentos por conseguir un partido cohesionado se han cerrado en falso, con independencia de que el viento electoral soplara a favor o en contra, y a pesar de que Moreno revalidó su cargo orgánico con un 95% de los votos en el congreso regional de Málaga de 2017.

También la alargada leyenda del poder arenista ensombrece a Juanma Moreno. Su equipo ve con recelo que se hable más de Arenas que de él, a pesar de que dio el paso de apostar públicamente por Soraya. Moreno, no obstante, prefería una candidatura de unidad para el congreso, porque todo desgaste le pasará factura en las elecciones andaluzas que está convencido serán en otoño. Aunque hacer las listas con el partido abierto en canal evita presión si estás en el bando ganador.

División por provicia

Hasta ahora, las primarias han servido para confirmar las diferencias internas de los populares en todas las provincias, incluso en el malagueño feudo de Moreno, donde Casado tiene dos importantes apoyos: el alcalde Francisco de la Torre y la parlamentaria Esperanza Oña, aunque ambos tampoco puedan representar lo que se llama precisamente una renovación.

Casado tuvo poco respaldo en Andalucía, ganó en Huelva capital, cuya provincia, la de Fátima Báñez –llamada a tener un papel importante en la ejecutiva sorayista... y más allá–, votó en masa a Sáenz de Santamaría. Si ahora suma en bloque al sector cospedalista, puede aumentar su renta con los compromisarios de Córdoba y Jaén, donde los exsecretarios de Estado, José Antonio Nieto y José Enrique Fernández de Moya, respectivamente, siguen teniendo poder a pesar del destierro al que fueron obligados por los estatutos del partido. No puede decir lo mismo Sebastián Pérez en la Granada sorayista.

La provincia de Almería –no así la capital- fue infiel al gusto de la dirección regional. Allí, en el feudo del veterano Amat, fue donde Zoido, haciendo campaña por Cospedal, consiguió su mayor éxito de las primarias, porque Sevilla, totalmente divida entre las dos candidatas –entre los líderes provinciales, Casado contó con el apoyo del alcalde de Mairena del Alcor, Ricardo Sánchez– optó mayoritariamente por Soraya. Cádiz, territorio Sanz, es de Soraya, no así Jerez, donde Casado cuenta ahora con el apoyo de María José García Pelayo, para cumplir el dicho de que «Jerez no es Cádiz».

Con casi todos los líderes claramente alineados, el PP andaluz se la juega este fin de semana. No se deja lugar a la integración. Un triunfo del tándem Casado-Cospedal dejaría tocado a Moreno, casi amenazado en su liderazgo en caso de traspiés electoral. Al menos, cuenta con que Casado es «su amigo». La victoria de Santamaría, le permitiría poner tierra de por medio con ese sector que le quiere mover la silla, le asegura todo el apoyo del aparato en la campaña, y aunque tampoco pueda garantizarle nada en caso de fracaso en otoño, le otorga confianza en su liderazgo. Moreno, poco amigo de hazañas bélicas, decidirá la intensidad de la podadora en nombre de la renovación sorayista. Tendrá las manos libres… aunque no pueda soltarse de la de Arenas.