Juan Marín, portavoz de Ciudadanos en Andalucía
Juan Marín, portavoz de Ciudadanos en Andalucía - ROCÍO RUZ

El auge de Ciudadanos en las encuestas enciende todas las alarmas

Todos los grupos políticos andaluces llevan a cabo estrategias para debilitar a la formación naranja

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Hasta ahora eran una especie de bambi. Un grupo político caracterizado por la mesura, por huir de la bronca con un jefe de filas que gusta de usar un tono suave en el atril del Parlamento. Pero llegaron las encuestas y se acabó la paz. Ciudadanos ha pasado de ser el socio más «deseado» por los pasillos del antiguo Hospital de las Cinco Llagas a convertirse en el enemigo público número uno al que ahora todos convierten en diana de sus críticas.

Cuando llegaron a la política andaluza, con 9 diputados de los que han perdido uno que ha pasado a ser no adscrito, sus adversarios los veían como un fenómeno poco peligroso, casi inocente que sólo servía para que Susana Díaz pudiese gobernar con una cómoda mayoría parlamentaria, ya que eligieron una fórmula de pacto —el de investidura sustentado en el cumplimiento en unas pocas medidas de gestión— que entregaba toda la capacidad de decisión al PSOE.

El resto de los grupos, incluyendo por supuesto al socialista, lo vieron como un error pero el tiempo le ha dado la razón a la formación naranja. Es cierto que han sido cómodos para Susana Díaz; las tensiones han sido mínimas y se han resuelto siempre en la mesa de seguimiento del pacto de investidura entre PSOE y Ciudadanos en la que se sientan Juan Marín y Manuel Jiménez Barrios.

El tirón de Cataluña —y quién sabe si esta nueva manera de hacer política, más pausada y basada en lograr objetivos pequeños fácilmente explicables a los ciudadanos— les ha dado una proyección que ni ellos mismos esperaban.

La encuesta realizada por GAD3 para ABC apunta incluso la posibilidad de que puedan ser segunda fuerza política y sumar mayoría absoluta junto al PP y desbancar, por primera vez, al PSOE de la Junta. Una tendencia al alza que recogen todos los sondeos realizados en torno al 28F y que ha encendido las alarmas al resto de formaciones.

Ese crecimiento ha elevado el tono de las críticas del resto de grupos a Ciudadanos en el Parlamento. El PSOE, su socio por el momento, ha optado por una estrategia diferente que ya ha probado con éxito en el pasado: demostrarles que no son imprescindibles. Por eso ha negociado con Podemos e IU un documento sobre la financiación autonómica dejando conscientemente fuera a Ciudadanos, lo que ha provocado las iras de la formación naranja.

Una vez fuera de juego, eso sí, el portavoz del PSOE Mario Jiménez, los ha invitado con una sonrisa a «defender los intereses de los andaluces por encima de cualquier otro».

El PP opta por la guerra abierta. Están compitiendo por el mismo espacio electoral y por eso han adoptado una actitud más beligerante. Sus diferentes portavoces no dejan de insistir en que las políticas de Susana Díaz se llevan a cabo por la inacción de Ciudadanos. Eso además de poner en evidencia sus contradicciones entre lo que dicen defender y lo que, posteriormente, votan en el Parlamento andaluz.

El bloque de izquierdas

Lo más curioso de todo es que el bloque de izquierdas también participa de este levantamiento de la veda contra Ciudadanos. Desde IU critican que «no hagan nada» y en Podemos se empeñan en destacar las «maldades» del liberalismo que alumbra su ideología.

Ciudadanos, mientras, sigue a lo suyo. Para empezar, están reforzando sus estructuras con perfiles más profesionales y menos voluntariosos y buscando dar una dimensión al partido que ahora no tenía. Y repiten, todos los diputados en cada ocasión en la que les es posible que trabajan «para hacer la vida más fácil a los andaluces» porque su motor político «es ser útil a los andaluces».

«No nos interesan las medallas, que se las pongan otros. Lo que nosotros queremos es que se hagan las cosas». Un mensaje que, vistas las encuestas, cala en los ciudadanos pero que tiene más que hartos a sus rivales políticos.