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«No somos las locas de los gatos»: Málaga estrena su «patrulla gatuna»

Voluntarios estrenan sus carnés oficiales para poder alimentar a los felinos callejeros y controlar la sobrepoblación

MÁLAGAActualizado:

Ximena tiene 33 años. Es arquitecta. Y además de poseer la acreditación oficial para levantar complicadas estructuras, desde esta semana posee el carné de gestor autorizado de colonias gatunas que expide el Ayuntamiento de Málaga. Una credencial que no sólo sirve para poder alimentar a los felinos callejeros sino, sobre todo, para convertirse en instrumento del control de estos animales que generan no pocos problemas de salubridad y convivencia en las calles de la ciudad.

Como a Ximena, que comenzó a preocuparse por este asunto tras detectar a varios gatos enfermos en el descampado donde aparcaba su coche, se les ha entregado este carné a otras 48 personas. Todas han pasado por el primer curso de cuidadores de colonias de gatos. Las hay de todos los perfiles. Jóvenes, mayores, con más y con menos estudios. «Ya está bien de que siempre nos vean como la loca de los gatos», describe Ximena, que ya lleva varios años ejerciendo esta actividad como voluntaria de la Asociación Amigo Animal (AMAN).

A partir de ahora lo hará con documentación oficial y con el paraguas económico que para el colectivo ha supuesto firmar un convenio con el Ayuntamiento mediante el que el Consistorio sufraga con 30.000 euros gran parte de los gastos que genera el control de las colonias. Sólo en las calles de Málaga se calcula que existen más de 120, con un censo estimado de 2.000 animales, aunque la cifra, advierten los expertos, puede llegar a ser mucho mayor.

Hasta ahora, la única solución que existía para mantener acotada la proliferación de las colonias era la captura y el sacrificio de sus integrantes. Pero resultaba insuficiente. Nunca se terminaba de coger al grupo completo y su procreación continuaba. Ello, al margen de los beneficios que sí pueden representar estos depredadores, para mantener a raya a ratas, ratones o cucarachas, entre otros. Quedaba claro que resultaría mejor un control que evitara un crecimiento desaforado.

-ABC

Ximena, que entre otras cosas ha corrido con los gastos del ingreso de dos gatos que padecían una inmunodeficiencia, no quiere ni calcular cuánto lleva destinado a esta empresa. Pero lo hace encantada porque le ha visto resultados al método. «Es satisfactorio cuando tienes una colonia cerrada y controlada porque apenas nacen gatitos nuevos, los que hay son menos vulnerables, se pelean mucho menos entre ellos y, otra cosa importante, ves cómo se genera mucha menos controversia con el vecindario».

Y es que, además de la alimentación —únicamente con piensos, nunca con sobras— y del control sanitario de los felinos, la última pata de la responsabilidad que contraen los nuevos cuidadores es la de convertirse en «mediadores» ante los posibles conflictos que las colonias pueden generar. Que no son pocos. Ximena ya ha convencido a más de un vecino que resulta mucho mejor la aplicación de esté método que matar a los gatos directamente, como pretendían. «O hacerles desistir de que llamaran a la perrera, directamente».