Acuartelamiento del Ejército del Aire en Bobadilla (Málaga)
Acuartelamiento del Ejército del Aire en Bobadilla (Málaga) - SUR
Sucesos

La Justicia castrense tumba el caso de la «Manada militar» de Málaga

Archiva la causa por la violación grupal ante la falta de indicios y absuelve al acusado de haber abusado de una soldado de Bobadilla

Málaga Actualizado: Guardar
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Fue bautizada nada menos que con el nombre de «manada militar». Pero o no existió o al menos no ha podido ser probada ante el amplio abanico de contradicciones y falta de indicios en la instrucción del caso que la ha juzgado.

El Tribunal Militar Territorial de Sevilla ha declarado el archivo de la causa que se seguía contra cuatro militares por la presunta violación grupal de la que denunció haber sido víctima una soldado del Acuartelamiento Aéreo de Bobadilla, en Málaga. Del mismo modo, ha dictado una sentencia absolutoria contra el único acusado del episodio anterior de abuso sexual que la misma integrante del Ejército relató ante las autoridades. Por este caso, el acusado fue incluso arrestado en diciembre de 2017.

El caso dio para ríos de tinta y horas de televisión. Tenía todos los aditamentos para ello cuando la sensibilidad social por el caso de la «Manada» de Pamplona, entonces aún sin sentencia, estaba a flor de piel. Droga en la bebida y una violación en grupo. Y nada menos que un cuartel como escenario. «Me sentí como un cacho de carne», declaró la militar supuestamente agredida, que ha presentado recurso de casación contra el auto de sobreseimiento.

La denuncia se conoció en febrero de 2018 pero los hechos principales se remontaban al 10 de diciembre del año anterior, el día en que el Ejército del Aire celebra la festividad de su patrona, la Virgen de Loreto.

Esa tarde, la soldado, de 36 años, había salido a un bar de Bobadilla, un pequeño núcleo poblacional perteneciente a Antequera. Era el pub Gabbana. Allí se tomó dos copas y varios botellines de cerveza. Pero la bebida, dijo después, le supo amarga. Distinta.

Al día siguiente, relató, se levantó con un gran dolor de cabeza. Desmesurado para la cantidad de alcohol que había ingerido. No recordaba apenas nada. Al contarle lo sucedido a unos compañeros, le facilitaron un test de detección de drogas, caducado, que dio positivo en barbitúricos. Uno de sus superiores le animó a denunciar esos hechos, lo que hizo ante la Policía Nacional de Antequera.

A partir de ahí, la joven tardó en componer su relato. Fueron necesarias hasta ocho declaraciones ampliatorias para completarlo. A la policía, un parte al jefe del acuartelamiento y varias declaraciones ante el Juzgado Togado de Sevilla y el de Antequera que inició las actuaciones, aunque luego se inhibió en favor del primero. Iba recordando, decía, muy poco a poco lo sucedido. En «flashes».

Entonces, ya sí, manifestó que en su habitación habían estado cuatro hombres. «Entraron uno a uno (...); creo que uno me estaba besando porque sentía su respiración en mi boca, y su boca en mi pecho izquierdo». Dijo también que tenía la sensación de olor a preservativo y que le venían recuerdos de que uno de ellos le había metido el pene en la boca mientras otro la penetraba por vía vaginal.

Se acordó también entonces de que al ir al baño a medianoche se encontró que no tenía las medias subidas y que llevaba los pantalones medio bajados. Y señaló a cuatro de sus compañeros como los culpables de tales actos, que fueron los que acabaron encartados ante el tribunal militar de Sevilla que, de acuerdo con el criterio de la Fiscalía, ha terminado por sobreseer la causa. Y con rotundidad en sus argumentos.

¿Por qué lo ha hecho? Básicamente porque las numerosas pruebas periciales y testificales que se han practicado durante la instrucción no han arrojado ni un solo indicio que pudiera respaldar la tesis de la denunciante.

Drogas, pero no de sumisión química

Para empezar, la presunta sumisión química. El informe toxicológico realizado a la joven con dos muestras de su cabello no apreció ninguna sustancia que pudiera producir esos efectos. Sí detectó la exposición reiterada de la denunciante durante los meses anteriores a MDMA (éxtasis) y efedrina, además de otras drogas ingeridas.

Tampoco ayudaron a la militar las pruebas de ADN realizadas a sus ropas. Después de que se tomara muestras a nueve militares, entre ellos los señalados por la chica, la Unidad Central de Análisis Científicos determinó que no había presencia de esperma en las medias, y que los restos celulares aparecidos en el sujetador eran de la propia denunciante y del compañero con el que ella misma reconoció haber mantenido relaciones sexuales sólo días después de la presunta agresión.

En cuanto a los interrogatorios a los testigos, el auto del Tribunal Militar sevillano es claro también. «Nadie de los que pernoctaron ese día en el Acuartelamiento de Tropa escuchó o vio algo». De la inspección ocular realizada en el lugar de los hechos «se deduce claramente» que cualquier sonido que pudiese haberse producido en el acuartelamiento de tropa hubiese sido percibido.

Quedaba por tanto únicamente la declaración de la soldado para sostener el terrible episodio de abusos. Pero el tribunal también entiende que «carece de coherencia externa» e incluso «adolece de ciertas contradicciones». La denunciante dijo en un primer momento que la luz de la habitación donde ocurrieron los hechos estaba encendida, para luego recordar que estaba a oscuras, y también tuvo versiones distintas en torno a quién de los compañeros que acusó la estaba vejando oralmente.