El Maristán nazarí, BIC del siglo XIV que funcionó como hospital para pobres muslmantes. Es el único edificio andalusí de este tipo que se conserva, aunque en un estado de abandono que requiere su prometida rehabilitación.
El Maristán nazarí, BIC del siglo XIV que funcionó como hospital para pobres muslmantes. Es el único edificio andalusí de este tipo que se conserva, aunque en un estado de abandono que requiere su prometida rehabilitación. - L.R.
Granada

Albaicín, patrimonio del olvido

El barrio de Granada, Patrimonio de la Humanidad, se enfrenta a un problema de despoblación por la falta de servicios, la dejadez institucional y la vigencia de un plan urbanístico anticuado

GranadaActualizado:

El Albaicín es un pequeño pueblo donde prácticamente ya nadie se conoce. Un eco, el de las pisadas sobre el empedrado que cerca el asfalto de Granada, una urbe cristianizada que no se entiende sino con este oasis islámico. Un barrio que, una década después de la Alhambra, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, y es hoy también patrimonio del olvido de las instituciones y de sus propios vecinos: los pocos que resisten al paso del breve tiempo en el que el Albaicín ha pasado a ser un lugar distinto para un viaje diferente.

El paisaje, sin embargo, parece el mismo. Aunque no es de noche todavía, asoma la media luna. Y de pronto, media centena de asiáticos alegres surgen tras la enésima fotografía de la fortaleza nazarí. A su alrededor, las hiedras y los cables trepan, deslizándose como las pintadas vandálicas sobre las paredes encaladas. Una constante por todo el Albaicín. De entre sus callejuelas, aparecen las salidas donde no las había y, a su vuelta, de cualquier esquina brota el rumor del agua de una fuente que aún guarda secretos: los que se siguen contando los jóvenes en los miradores del barrio con complicidad, litros de cerveza y aliño para cigarros.

Jóvenes charlan en el mirador de Carvajales.
Jóvenes charlan en el mirador de Carvajales. - L.R.

Como una llamada a la oración profana, una voz aflamencada que traspasa los celosos muros del barrio. Ya no es la de Morente. «Gitana mía, ven… Gitana mía, ven…», canta un albañil mientras vacía la enésima carretilla de escombros de las obras de un típico carmen albaicinero que próximamente será alojamiento para turistas. Otro.

«Vecinos quedan poquitos», comenta Manuel. Lleva en el Albaicín 60 años, desde los 14. Era uno de aquellos chavales que jugaban en la placeta, hoy desierta, frente a su casa: «Antes había niños a todas horas…». Ahora es raro ver a uno que no sea extranjero. «Aquí solo hay hippies y perros, y mierdas en los callejones», refunfuña entre dientes por los que escapan un aroma etílico y toses. Manuel, que morirá en el barrio si le deja la vida, señala las causas de este escenario: «Heredar solo da disgustos, porque arreglar una vivienda cuesta un dineral, por eso dos de cada tres están cerradas, y las que se arreglan son para apartamentos turísticos».

Los políticos, dice, se desentienden de sus problemas.

Difícil vivir

«Es fácil poner tu casa de alquiler turístico, pero es complicado tener una licencia para hacerle un cuarto a tu hijo», expone el arquitecto Alberto García Martos, nacido y criado en el mismo barrio donde ahora es tan difícil vivir: «Demasiada burocracia, no puedes estar ocho meses para cambiar un plato de ducha con 70 años… Tener una licencia de obra cuesta tres o cuatro años, no es normal». «¿La ciudad quiere un barrio solo para subir los sábados y domingos a echarse unas tapillas?», se pregunta, y responde: «Hay que apostar por otro modelo» con el fin de que el Albaicín sea un barrio atractivo para vivir.

«La mayoría de gente con la que iba al colegio ya no vive aquí, es lógico que no quieran vivir en un barrio donde faltan servicios», señala este arquitecto del estudio Yedra, que aboga por dotar de equipamientos al Albaicín para revertir la dinámica de la despoblación en esta suerte de pueblo que se alza sobre Granada. El comercio del barrio ha desaparecido con el auge de los bazares especializados en todo: venden poco de mucho, incluso flores. «Nos estamos destrozando los unos a los otros», lamenta Encarni, la última floristera del Albaicín. Sus calles le duelen: «Deberían estar mejor de lo que están».

La falta de servicios, equipamientos y comercios ha provocado que multitud de vecinos se marchen de un barrio poco atractivo para vivir

Pese a todo, sonríe. Encarni llama guapo al simpático y tiene los ojos del color del cielo abierto de la mañana en Plaza Larga, el epicentro del barrio, donde cada día los comerciantes del lugar instalan sus tenderetes desde hace siglos: «Ahora ponen cuatro puestos porque los bares están llenando las plazoletas». Lo cierto es que resulta casi imposible encontrar negocios que no sean restaurantes o bazares de alimentación. Tampoco hay edificios universitarios, apenas se encuentran parques, faltan plazas de aparcamiento tanto para vehículos de residentes como para los autobuses turísticos... Problemas urbanísticos pendientes desde hace décadas.

Otro plan

La normativa del Plan Albayzín contemplaba —contempla— un aparcamiento en la carretera de Murcia, donde no se ha hecho nada pese a que fue aprobado en 1990. Hasta hace poco, los conductores se veían obligados a estacionar cerca, en un descampado municipal —donde en teoría debería haber un parque— que ha sido clausurado junto a la muralla zirí que se cae y espera desde hace siglos un arreglo que no llega. Un caso paradigmático de la desidia institucional y una muestra de que la normativa no se cumple y ha quedado obsoleta. Son muchas las voces que reclaman un nuevo plan urbanístico para un contexto muy distinto al de hace 30 años, cuando no había una sola plaza hotelera en un barrio donde ahora pueden convivir más turistas que vecinos.

El plan urbanístico específico del Albaicín está obsoleto; fue redactado hace tres décadas, cuando no había plazas hoteleras en el barrio

También los hosteleros reclaman flexibilizar la normativa en la que ya trabaja el Ayuntamiento mientras los vecinos piden medidas para frenar la «turistificación». «Entendemos que nuestra actividad tiene que ser compatible con la vida del barrio, pero no podemos olvidarnos de comer», remarca un empresario local. En ese mismo sentido, promotores chinos han tratado de modificar la normativa urbanística municipal para que los conventos de clausura del Albaicín puedan cambiar su uso y convertirse en hoteles, algo que la Junta de Andalucía ha desechado recientemente. La noticia ha cogido por sorpresa a las religiosas que todavía habitan estos inmuebles que preservan el olor a incienso y a pasteles de toronja y de gloria.

Gloria o ruina

«No nos ha hecho gracia», asegura la madre superiora de las Tomasas al otro lado del interfono: «Los conventos no son hoteles… Son casa de oración». «Tenemos un trabajo sin publicidad, que es rezar para todos», afirma una de la docena de monjas que aún viven en este convento de clausura que «se mantiene sin medios». Solo con fe. «Cuesta mucho», reconoce otra religiosa del convento de La Concepción: «¡Hemos hecho hasta de albañiles!». «Mientras estemos vivas, seguiremos aquí», sostiene, acompañada de una hermana de piel oscura y ojos esquivos, y prosigue: «Todo depende de las vocaciones…». Como mínimo, el Vaticano requiere que haya seis monjas por convento.

Pese a ciertos intereses empresariales, las monjas de clausra se niegan a que sus conventos se conviertan en hoteles: «Son casa de oración»

En la calle Gloria, junto a la Carrera del Darro, cuatro hermanas Bernardas viven y esperan la llegada de dos más. Ellas han sido las únicas que de verdad han iniciado unas negociaciones de las que ya no quieren ni acordarse. Descartan su marcha por el momento y entienden el malestar generado entre las hermanas de otros conventos. El revuelo les ha cogido por sorpresa. Creen que es el Ayuntamiento el que quiere hacer una «desamortización» en sus conventos y dudan de que el Arzobispado de Granada —por cuyo escrito se pudo iniciar el expediente— se encuentre detrás de la frustrada maniobra de cambio de uso de los conventos con la excusa de rehabilitarlos y preservarlos.

Sin embargo, profesionales del turismo abogan por recuperar edificios en peor estado de conservación que los conventos de clausura y ponen el foco en otros inmuebles religiosos olvidados donde no se practica el culto. Proponen darles un uso. Cualquiera para evitar así su paulatino deterioro. Es el caso de las iglesias de San Cristóbal y San Bartolomé. Aunque quizás el ejemplo de la desidia institucional se evidencia en la iglesia de San Luis, un templo que pasó a ser de titularidad municipal en 2006 y permanece a la espera de una rehabilitación casi absoluta —ni siquiera tiene techo— por los destrozos que sufrió durante las revueltas anticlericales de la II República, en 1933.

La iglesia de San Luis permanece abandonada y sin techo desde 1933, cando fue destruida durante revueltas anticlericales.
La iglesia de San Luis permanece abandonada y sin techo desde 1933, cando fue destruida durante revueltas anticlericales. - L.R.

Hay ruinas incluso más antiguas: las del Maristán nazarí, un Bien de Interés Cultural (BIC) del siglo XIV que funcionó como hospital para pobres musulmanes y posteriormente como manicomio; único edifico de estas características que se conserva de la época andalusí. El Patronato de la Alhambra lleva años prometiendo arreglarlo con parte de los ingresos de la fortaleza nazarí. El nuevo Gobierno andaluz ha apalabrado su pretensión de hacer lo propio en todo el Albaicín con el presupuesto del monumento. Entre otras actuaciones, primará la recuperación del Paseo de Romayla, uno de los históricos accesos a la Alhambra, en paralelo al Paseo de los Tristes.

La Casa Agreda.
La Casa Agreda.- ABC

Capítulo aparte merecen las acequias perdidas que abastecían a todo el Albaicín de agua llevada desde Alfacar hasta la red de aljibes. O valiosos palacetes centenarios, como la Casa Agreda, recién recuperada por la vía judicial de manos de una oscura ONG marroquí, más propia de un rey moro con su reina; para ella, tras el intento sin éxito de venta a un precio «baratito, baratito» por parte del PP, el equipo de gobierno socialista del Ayuntamiento de Granada plantea ahora ubicar en su espacioso y esplendoroso interior un gran museo de la ciudad. Por ejemplo.

Y hay tantos ejemplos de desidia institucional como callejuelas en el barrio y más: o el Museo Arqueológico —la casa del pintor Latorre, falta de una gran intervención tras una pequeña reforma que ha llevado años y disputas entre administraciones— o las cerca de 40 casas moriscas que han permanecido cerradas en la parte vieja del barrio. También estos inmuebles necesitan una rehabilitación como la que requieren los baños árabes —declarados BIC sin que puedan ser visitados por el público— que fueron descubiertos bajo cinco inmuebles privados. Uno de ellos salió a la venta hace poco. Fue una oportunidad única para empezar a recuperar este patrimonio, pero la Junta, inexplicablemente, no ejerció su derecho de tanteo.

Otro olvido patrimonial en un barrio hecho a la desmemoria. Pero el Albaicín no puede quedarse en blanco.