Rosa Gallardo, directora de la Escuela de Agrónomos de Córdoba
Rosa Gallardo, directora de la Escuela de Agrónomos de Córdoba - RAFAEL CARMONA
EL NORTE DEL SUR

Las ocho magníficas

Ni se compadecen ni criminalizan al sexo opuesto: triunfan y pisan fuerte aunque calcen tacón de aguja

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No las escuché compadecerse. Ni victimizarse, ni criminalizar al sexo opuesto al suyo. Las oí hablar con energía y decisión del futuro que tienen por delante por más que ya lo hayan conquistado en gran parte. Resueltas, sencillas, diligentes. Trabajadoras vocacionales, profesionales de éxito y brillantes, muchas de ellas madres y en ocasiones con hijos en una situación más que difícil. Están al mando de empresas o instituciones de la primera línea de la economía o del conocimiento en Córdoba, pisan fuerte aunque calcen tacón de aguja, llevan el timón de organizaciones complejas en las que con frecuencia o siempre han de darles órdenes a hombres. Le sonríen cada mañana a la vida porque se han ganado su sitio en el mundo a base de esfuerzo, dedicación y fe en sus posibilidades.

Saben que queda mucho camino por recorrer para que una mujer tenga exactamente las mismas posibilidades laborales y de progreso o ascenso en su carrera que sus compañeros de género masculino y han entendido que el camino no es el resentimiento ni la claudicación sino la fuerza de sus cualidades y la confianza en su tesón. Ellas, las ocho magníficas que este periódico retrató en un reportaje en su edición del 8 de marzo, se encuentran al frente, por citar algunos casos, de escuelas universitarias superiores, de empresas que lideran la exportación de productos agrícolas, de compañías de servicios médicos punteros para personas con disfunciones cerebrales e ideadas después de vivir ese problema, o esa situación, en carne propia.

Susana Moreno, Rosa Melero, María José Rubio, Blanca Torrent, Rosa Gallardo, Eva Contador, Amalia Sáez y Ana Sánchez dignifican la causa feminista más que cien manifestaciones, y no será aquí donde se discuta que los actos reivindicativos de esta semana son necesarios para que la ciudadanía tome conciencia una y otra vez de las desigualdades que siguen existiendo. Que ellas hayan llegado adonde no han llegado ni llegarán muchos hombres por más empeño que le pongan quiere decir que también pueden hacerlo otras mujeres que se preparen y que aprovechen sus oportunidades, que tengan suerte y que encaren el destino con la misma firmeza que este grupo de emprendedoras y directivas admirables.

Reconocen sin excepción que la brecha salarial entre géneros sigue ahí, que las opciones de promoción en una empresa se pueden estrechar radicalmente por el simple hecho de ser madre, que el mercado laboral no ha avanzado lo suficiente para una efectiva conciliación de los quehaceres profesionales con los domésticos -algo, por cierto, que no sólo le afecta a las mujeres-. Y apuntan entre líneas un elemento importante: que las revoluciones feministas empiezan en las oficinas, en la cocina, en la sala de estar y hasta en el dormitorio aunque sea preciso a veces ponerse delante de una pancarta.

Una de ellas, Eva Contador, tiene en su perfil de Twitter una leyenda permanente que creo que las otras siete entrevistadas harían suya: «Una sonrisa en mi rostro no significa la ausencia de problemas, sino la habilidad de ser feliz por encima de ellos...». Eva no acaba su frase con un punto, sino con puntos suspensivos. Lo que viene detrás de ellos, aunque ella no lo haya escrito, son las palabras dignidad y éxito...