PERDONEN LAS MOLESTIAS

Medicina

Una mujer se debate entre la vida y la muerte en el hospital tras someterse al tratamiento de un homeópata. Ojo con las bromas

Aristóteles Moreno
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La historia de la medicina se ha cimentado sobre el combate sin tregua contra las supersticiones y el universo mágico. El conocimiento racional se ha ido abriendo paso en una lucha titánica frente a un mundo dominado por el dogma y la fabulación. Hasta hace bien poco, las enfermedades eran consideradas un castigo divino y la capacidad humana para hacer frente a ellas dependía de una amalgama imprecisa de tradiciones, leyendas, costumbres y mitos.

El ser humano vagaba por el caos cósmico preso del miedo y sometido al yugo milenario de los hechiceros. La medicina embrionaria llegó titubeante y dando palos de ciego. La sanación de las enfermedades se apoyaba en la teoría hipocrática de los cuatro humores del cuerpo: la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra. Todos los males, se creía entonces, eran consecuencia del desequilibrio de los cuatro humores y la misión del curandero consistía en restablecer la armonía interior desordenada.

El método de curación más común era la sangría. Los pacientes eran pinchados con un instrumento punzante y se les aplicaba sanguijuelas para que succionaran la sangre presuntamente infestada. La medicina era aún un mecanismo frágil de conocimiento que resistía a duras penas constreñida ante el imperio de las creencias atávicas. Hubo que esperar a la Ilustración para que el método científico se alzara sobre el fetichismo y la medicina erradicara enfermedades que se estimaban invencibles.

Hoy una mujer se debate en el hospital Reina Sofía entre la vida y la muerte tras haber sido sometida al tratamiento de un naturista y homeópata de Jaén. El presunto doctor le practicó una punción en el tórax, lo que le habría causado un taponamiento cardíaco por rotura del ventrículo. Algunas informaciones indican que se trata de tres perforaciones, previsiblemente ocasionadas por el uso de técnicas de acupuntura.

El presunto médico le aplicó, al parecer, otra cura conocida como ozono rectal con efectos igualmente fatídicos. Fuentes sanitarias indican que este segundo tratamiento le habría ocasionado un neumoperitoneo en la cavidad peritoneal. El parte médico confirma que la situación de la mujer es de extrema gravedad. Tanto que el SAS ha remitido el caso al juzgado para que examine si pueden derivarse responsabilidades penales.

La ciencia no solo libra una batalla sin descanso para descifrar los enigmas del universo. También combate las falsas creencias que se disfrazan de pseudo ciencias y aún cautivan a miles de personas como la mujer que pugna por agarrarse a la vida en una sala de cuidados intensivos del hospital universitario Reina Sofía de Córdoba.

A finales de los noventa, el cordobés Rafael Chacón comercializó un producto farmacéutico de propiedades prodigiosas que se anunciaba con la virtud de curar el cáncer, el sida y la hepatitis. El Bio Bac se vendía sin la preceptiva autorización sanitaria y logró captar el interés de miles de enfermos desesperados en busca de la panacea que los salvara de la muerte. Sanidad certificó que no quedaba acreditada ni la seguridad ni la eficacia clínica del falso medicamento. Lo que vendía Chacón como infalible vacuna contra graves enfermedades era un simple jarabe de proteínas y aminoácidos inocuo como una gominola de fresa.

No hay medicina naturista, ni medicina homeopática, ni medicina alternativa. La medicina es medicina y punto. Ese método de conocimiento que se sustenta en los principios científicos de predicción, prevención, diagnóstico y tratamiento. Lo demás son cantos de sirena con consecuencias imprevisibles.

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