La bailaora Concha Calero
La bailaora Concha Calero - Rafael Carmona
Feria de Córdoba 2019

Concha Calero, bailaora: «No me gusta que los hombres levanten los brazos en las sevillanas»

La artista considera que «debería escucharse más flamenco en la Feria»

CórdobaActualizado:

Lleva casi 15 años jubilada, pero el flamenco sigue corriéndole por las venas. Su nombre es inseparable del de su marido, el maestro Rafael «Merengue de Córdoba». Tanto él con la guitarra como ella en el baile han enseñado a generaciones de cordobeses, muchos de ellos consagrados en la actualidad como primerísimas figuras. Concha Calero es una artista de raza, una mujer hecha a sí misma. Una cordobesa que con la perspectiva que da haber visto y vivido medio mundo, quiere como una madre paciente o una buena hija a su tierra.

-¿Llega un momento en la vida en que se mira con añoranza las ferias pasadas?

-La feria de ahora es una maravilla, pero la feria de antes en el centro era un lujo. Esa feria era más familiar, más flamenca… Ahora hay muchas casetas de «chimpún-chimpún», botellones… Hay que darle más caché, hasta en los toros, porque Córdoba no se merece solo dos festejos.

-Iba a preguntarle si echa de menos la feria en el centro pero creo que ya me ha contestado.

-Hombre, claro. es que era una feria que además de nuestra, estábamos todo el día. Si ibas a los toros, por ejemplo, lo tenías cerca. La gente del comercio cuando cerraba se iba toda para allá, había mucha vida. Es verdad que después había que arreglar los jardines, pero es que ahora no hay arboleda para sombra. Y no se respeta el paseo de caballos; cuando acuerdas, tienes el hocico del caballo en el hombro. Y además debe haber más casetas familiares, que pagues tu caseta durante todo el año pero no para que entre todo el mundo.

-Le oí decir una vez que «el arte se está perdiendo»…

-Sí, es verdad. La técnica no, pero el arte, mucho.

-Se lo recuerdo porque cuando uno ve a la gente bailar en una caseta de la Feria de Córdoba se les nota que vienen de academia.

-Totalmente, porque les enseñan en la academia. Yo es que no enseñaba en la academia, yo dejaba a la gente que le echara su arte, y podría orientarlos, pero cada uno debía poner lo que lleva dentro. Cada persona tiene sus características, su arte como digo, y debe desarrollarlo. No me gustaba, por ejemplo, que los hombres al bailar levantaran los brazos y ahora los hombres levantan los brazos y bailan como las mujeres ¿Sabes por qué? Porque no hay verdaderos profesionales enseñando, y sobre todo, no se tiene paciencia para aprender. En dos meses quieren saber bailar bulerías y a mí me costó la misma vida aprender a bailarlas. Observo que en Córdoba no hay disciplina para aprender: en poco tiempo se quiere salir bailando.

-Tengo la impresión de que las academias de baile son como los gimnasios: muchos se apuntan de cara a la feria o pensando en la llegada del verano.

-Completamente de acuerdo (risas). Se apuntan dos meses antes. Mira, en el Ballet Nacional, cuando lo llevaba María Rosa, uno de los exámenes que te ponían era de sevillanas como prueba de acceso, porque las sevillanas son muy difíciles, no es lo que aquí se baila, e insisto, enseñadas por gente que son en muchos casos aficionados, o que han puesto su escuela sin pudor. No entiendo, por cierto, cómo el Ayuntamiento lleva a la feria, o a las Tendillas, a academias que no están declaradas y encima les paga. Y después está el intrusismo, que perjudica a los verdaderos profesionales que cobran por su trabajo lo que deben cobrar y no pueden competir con este tipo de profesores.

-Me ha dicho que la feria antes era «más flamenca». Pero existen sitios hoy en la feria para escuchar también flamenco.

-Pocos, pero los hay. La caseta de la Asociación de Joyeros, por ejemplo. Ahí hay flamenco del bueno. O en La Gitanilla, que mucha gente cree que es una caseta de alto postín, pero que es muy familiar y flamenca. Lo que es una pena es que en la mayoría de las casetas haya solo sevillanas grabadas; deberían hacer un esfuerzo y contratar grupos flamencos para actuaciones en directo.

-En la de Fosforito sí, ¿no?

-Hombre, por supuesto. Esa ha sido y es la caseta de lo nuestro. Y lo nuestro es el flamenco.