PRIMERA PLANA

Capitulares y las líneas rojas

En un Ayuntamiento normal a gente como Balmón no le dejarían acercarse a un estrado

Baltasar López
CórdobaActualizado:

Antes de entrar en el meollo de esta columna, tengo que hacerles, lectores, una confesión. Soy una persona dialogante, me gusta escuchar al oponente y, si me convence, no tengo problema en variar mi postura. Pero también tengo mi puñado de líneas rojas: una es un profundo rechazo a la violencia. Me lo inculcaron mis padres y se me acentuó siendo niño en aquel País Vasco de los años de plomo, en los que ETA sembraba mi tierra natal y el resto de España de muerte y desolación, sin saber que hacía germinar una rebelión social que años después ayudaría a su desaparición.

Por ello, sentí estupefacción cuando supe que el Ayuntamiento invitó el miércoles a participar

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