Votación en un colegio electoral de Córdoba en las últimas elecciones generales
Votación en un colegio electoral de Córdoba en las últimas elecciones generales - Valerio Merino
APUNTES AL MARGEN

Elecciones Municipales Córdoba | En busca del centro

Los votos están ahí. Lo de estos cuatro años de mandato ha sido únicamente un espejismo

CórdobaActualizado:

Salvo IU, que no tiene por qué, los partidos con mayores posibilidades de gobernar en Córdoba tras el 26 de mayo hacen todo lo posible por hallarse en ese lugar donde se deciden los comicios, entre el cuatro y el seis de la escala ideológica. El PSOE, intentando borrar a toda prisa cuatro años de mandato donde han tenido como compañeros de viaje necesario a los que aún creen que otro mundo es posible por decreto. El PP, para disimular toda huella del catastrófico error de Pablo Casado de abandonar las posiciones marianistas de moderación para disputar un espacio a Vox que no existía por medio de candidatos inviables. Isabel Ambrosio y José María Bellido se presentan ante el electorado limando las asperezas que por decisión propia o estrategia ajena han alejado a sus marcas de su estado natural.

Las municipales son cosa de dos y las alianzas que se puedan tejer a lo lejos. Pero dos al fin y al cabo. Cierto que el PP se ha llevado un sopapo monumental y que el golpe está reciente. Mas no hay nadie en su sano juicio que crea que los patrones de voto de las autonómicas y generales se van a repetir tal cual. La legislatura de Sánchez duró diez meses. La de Isabel Ambrosio, cuatro años. Aquí las marcas tienen una importancia relativa. Lo que importan son los perfiles. Y ambos son muy similares. Dos políticos jóvenes pero con cierta experiencia de gestión, poco dados al experimento si pueden evitarlo y que no son personalidades. Que han elaborado, además, unas listas con perfectos desconocidos más orientadas a cuatro años de laboriosa tarea oficial que a plantear un perfil ideológico concreto.

A ese trabajo de lijado de ángulos responde, por ejemplo, la negativa de los socialistas a cambiar el rótulo de determinadas calles antes de las votaciones o el voto contrario a la muy ideológica innovación del Plan del Casco Histórico preparada en los despachos de Urbanismo. Apoyar eso hubiera sido tocar la fibra sensible de la cierta clase media que ha hallado en Airbnb una vía de completar ingresos con el piso de la abuela. La cháchara de los fondos de inversión depredadores es falsa. Hasta IU planteó una votación para perderla en la política de símbolos que ha presidido este mandato municipal. Algunos votantes de esas siglas estaban con los dedos cruzados para que no saliera la cosa. El corazón a la izquierda, pero la cartera siempre en el bolsillo derecho.

Nadie cree que los patrones de voto de las generales y autonómicas se vayan a repetir tal cual

Ambrosio apela, según su eslogan, a la «gran mayoría». Donde se consiguen los votos prestados a sumar a los que son ideológicamente propios. A eso obedece también la personalización de la campaña de Bellido, que ha optado por reducir la imagen del logotipo del PP que hay que buscarlo a conciencia en el serigrafiado del autobús. «Centrados en tu futuro», dice la idea fuerza. La historia del 26 de mayo, pasadas las urgencias del supuesto incremento de voto de la derecha más afilada, consiste en la silueta de gestor. Más facilidades para crear empleo, nada de hablar de incrementos fiscales, gasto público por encima de las posibilidades y apelación directa al que paga el IBI con el sudor de su frente. Los experimentos, a ser posible, con gaseosa. El primer paso es no dar susto.

Ese es el problema que va a tener Ciudadanos. Ante tanta oferta de centro, le corresponde el rol de una fuerza en vías de desarrollo. El carácter subalterno de la lista de Isabel Albás responde a un hecho cronológico. Han sido los últimos en llegar. Aquí no hay conflicto territorial que explotar ni nacionalismo periférico que combatir. Tampoco se ha optado por la elección basada en el carisma. Atentos a las primeras encuestas que pueden dar una pista sobre las llamadas que va a recibir Isabel Albás durante la noche electoral. Nadie conoce a nadie hasta que los numeritos empiezan a salir por las pantallas. Atentos también a una realidad: la política de alianzas de Cs son una incógnita envuelta en un misterio que se decida vaya usted a saber dónde.

Hasta Pedro García se sitúa en el centro. En el centro de la izquierda. Su constante apelación al voto útil no es sino una forma de quitarse de encima a partidos competidores que han demostrado que aprueban en ideología pero suspenden en apego a la realidad. La desgraciadísima sentencia sobre Ganemos le ha allanado el camino. Está por ver que en su parroquia se entienda tan fácilmente que es el aglutinador necesario para que el primer domingo de Feria todo siga, más o menos, como está.