El Cristo de la Buena Muerte, hoy entrando en el Patio de los Naranjos de la Catedral de Córdoba
El Cristo de la Buena Muerte, hoy entrando en el Patio de los Naranjos de la Catedral de Córdoba - Valerio Merino
Fiesta de regla de la hermandad

Buena Muerte culmina sus cultos cuaresmales en la Catedral de Córdoba

El crucificado se ha trasladado en vía crucis sobre la parihuela del Cristo de la Providencia.

CórdobaActualizado:

La Hermandad de la Buena Muerte se encuentra inmersa en la celebración del septuagésimo quinto aniversario de su fundación. Por esa razón sus cultos anuales están siendo muy singulares, como se está pudiendo comprobar hoy en las calles de Córdoba. Ya en noviembre, durante el triduo a su titular mariana, La Reina de los Mártires se trasladó a San Pedro, sobre unas parihuelas, acompañada por la capilla musical de la hermandad de la Misericordia. Allí coincidiendo con el día de los mártires de Córdoba, celebró un besamanos extraordinario ante la urna que contiene las reliquias martiriales, y presidió la tradicional misa de rito mozárabe. Ahora es la imagen del crucificado la que ha celebrado hoy el final de su quinario en la Catedral, en una eucaristía, presidida por el obispo de la ciudad, Demetrio Fernández.

El acto ha estado marcado por el recuerdo de Antonio García, un miembro de la cofradía recientemente fallecido, muy querido por todos los miembros de esta corporación congregante.

A primera hora de la mañana la cofradía ha partido de la Real Colegiata de San Hipólito. La imagen del Cristo de la Buena Muerte ha ido precedida de su cuerpo de acólitos, y ha sido portada en una parihuela cedida por la ocasión por la fraternidad del Cristo de la Providencia, de la parroquia de la Trinidad.

Durante el recorrido de ida se han rezado las siete primeras estaciones del vía crucis, con el acompañamiento musical del trío de viento ecijano Ars Sacra, que interpretaba composiciones de capilla. El cortejo formado por los cofrades de la Buena Muerte ha llevado cera roja, que la hermandad usa desde su fundación para los nazarenos de su tramo de Cristo.

El ambiente de recogimiento y oración ha impregnado el Centro y la Judería, en esas horas aún no muy frecuentadas, pero que se han ido poblando a medida que avanzaba la mañana.

Una vez en el primer templo de la ciudad, las andas se depositaron en el presbiterio del altar mayor para presidir la eucaristía de su fiesta de regla, que dio comienzo a las doce de la mañana.

El obispo en su homilía reflexionó sobre la talla del crucificado y su advocación, y afirmó que la Buena Muerte de Cristo abre el camino de la Redención y ayuda a comprender la muerte de los hombres. Demetrio Fernández animó a los hermanos y devotos a abrazar la Cruz y dejarse alumbrar por su luz. A entender que el sacrificio de Jesucristo crucificado da sentido al misterio de la muerte. -«¡Cuántas lágrimas habrá consolado esta bendita imagen! ¡Cuántas personas habrán encontrado en él un aliento en las dificultades!»-, inquirió el prelado. Terminada la ceremonia litúrgica, la cofradía ha retornado a su sede canónica por las mismas calles que ha utilizado para la ida.