La alcaldesa en funciones, Isabel Ambrosio, junto al presidente de la Junta, Juanma Moreno
La alcaldesa en funciones, Isabel Ambrosio, junto al presidente de la Junta, Juanma Moreno - VALERIO MERINO
APUNTES AL MARGEN

De los alcaldes fugaces

Los tres últimos regidores de Córdoba no han podido revalidar sus cargos ni implantar proyectos complejos

Actualizado:

El Gobierno andaluz ha saludado la victoria de José María Bellido en las municipales de Córdoba con unos presupuestos autonómicos, otros más, mediocres -cuando no lesivos- para los intereses de la ciudad. Lo que vale para la etapa socialista, la exigencia, debe servir también para la supuesta etapa del cambio en la que las buenas palabras no han venido acompañadas por dinero contante y sonante. Y las promesas de unas cuentas provincializadas se han debido quedar por el camino ya que el equipo de Hacienda reconoce que solo ha cumplido con la promesa de territorializar un treinta por ciento de las partidas de inversiones que solo han recibido titulares por los programas de gasto ordinario a cambio de financiación afectada. Es decir: las depuradoras -que se pagan con el canon del agua- y el dinero para modernización de regadíos, que salen de los programas europeos de la materia. Vender eso como un éxito es para hacérselo mirar.

Sirva este frontispicio para que el futuro alcalde de Córdoba, si sale todo como está previsto, tenga claro que depende de sus propias fuerzas. O en la Junta no tenían claro el resultado electoral o vuelve las cosas por sus fueros de territorios de primera -lo de Málaga empieza a notarse en exceso- y de segunda. José María Bellido tendrá que torear el mandato, a no ser que cambien mucho las cosas, con las tensiones endógenas. Porque a las exógenas ni están ni se le esperan. Son legión los proyectos que están pendientes de un respaldo expreso de la Administración autonómica, que sigue en sus cosas incluso cuando el PSOE ha sido desalojado del poder.

En cuanto se pasen los fastos de la victoria popular, las cosas empezarán a aclararse. El PP se enfrenta a un mandato de cogobierno, que siempre es complicado de gestionar, con un partido, Ciudadanos, que reclama amplísimas cotas de poder aún a costa de una certeza: nunca ha tenido responsabilidades de gobierno en la ciudad de Córdoba con el riesgo de confundir posibilidades y realidad que ello conlleva. Del Gobierno central poco se puede esperar una vez que, catado el Partido Socialista, no ha habido grandes cambios sobre la política de Cristóbal Montoro. Y la oposición interna, pasados los tiempos de descoordinación, va a ser de volumen. PSOE, IU y Podemos no tienen nada que perder al ir al choque contra el futuro equipo municipal una vez que se conozca quién lleva a cabo esa tarea. La posibilidad de que Isabel Ambrosio pase de la Alcaldía a la jefatura de la oposición es, a juicio del que antefirma, remota. La experiencia invita a tomarse las palabras de la alcaldesa en funciones con ciertas cautelas.

Córdoba lleva tres mandatos consecutivos sin repetir alcalde tras unas elecciones municipales. Ni Andrés Ocaña, ni José Antonio Nieto, ni Isabel Ambrosio fueron capaces de revalidar una mayoría suficiente para acabar en el poder tras los sucesivos comicios. Eso ha impedido que se cree una dinámica normal en el fructifica un proyecto que nace, crece, da sus frutos y entra en crisis. Las inversiones más complejas se cuestionan en cada cita electoral, los elementos de desarrollo que necesitan paciencia y gestiones se abandonan en el primer recodo del camino. El nuevo mandato es una nueva oportunidad saber si empiezan un periodo que normalice la política cordobesa y también una posibilidad para que los jefes políticos del futuro alcalde de Córdoba hagan lo que ha de hacerse para que la vuelta popular al poder no sea tan fugaz.