Imagen antigua del Cristo de los Faroles de la plaza de Capuchinos sin reja
Imagen antigua del Cristo de los Faroles de la plaza de Capuchinos sin reja - @RomerodTorres
PASIÓN EN CÓRDOBA

La curiosa historia de la reja del Cristo de los Faroles de Córdoba

@RomerodTorres relata en su perfil de Twitter cómo apareció una de las rejas más simbólicas de la ciudad

CórdobaActualizado:

Twitter es mucho más que una simple red social, para aquellos que saben descubrirlo. En ocasiones aparecen historias que valen la pena ser leídas y contadas. Así lo habrá pensado @RomerodTorres, el perfil de Twitter del conocido pintor cordobés, que ha creado un «hilo» con la historia de la reja, o más bien de la ausencia de ésta, del Cristo de los Faroles de la plaza de Capuchinos.

Según cuenta @RomerodTorres, a principios del siglo XX, era un vecino el que se encargaba, de forma altruista, «de la custodia y el mantenimiento» del monumento. Asimismo, sufraga el gasto de las lámparas de aceite que iluminaban al Cristo cordobés. Precisamente, este vecino, «que veía con pesar la ausencia de reja que lo protegiera, como hacían las instaladas en otros triunfos como el de la plaza de la Compañía, plaza de los Aguayos o el triunfo de la Puerta del Puente», costeó una nueva para el monumento, que fue instalada el día 1 de marzo del año 1924.

Fue el alcalde de Córdoba de aquel entonces, José Cruz Conde, quien tras conocer la opinión de la Comisión de Monumentos de la ciudad sobre este asunto, decidió que esta reja debería retirarse por interpretar «el sentir unánime de la opinión», según explica en su hilo @RomerodTorres.

Este asunto llegó a Madrid, desde donde Ricardo de Montis, «defensor de la reja», explicó que lo que habría que hacer es «eliminar las lámparas de aceite y sustituirlas por unas eléctricas, para que las escaleras usadas para encenderlas no deteriorasen las columnas», sin tener en cuenta el asunto de la reja. Finalmente, tal y como aclara @RomerodeTorres, en su perfil de Twitter, «no sólo la reja se quedó donde estaba, sino que hoy en día es uno de los elementos indisolubles de cualquier visita la ciudad». Razón, desde luego, no le falta.