Antonio Gómez Aguilar impone su corona a María Santísima Nazarena
Antonio Gómez Aguilar impone su corona a María Santísima Nazarena - ARCHIVO PARROQUIA DE LA TRINIDAD
25 ANIVERSARIO

Antonio Gómez Aguilar, el sacerdote hospitalario con las cofradías de Córdoba

El recordado párroco acogió a cuatro hermandades en la Trinidad y fue consiliario de la Agrupación

CÓRDOBAActualizado:

Al hablar de Antonio Gómez Aguilar, el histórico párroco de la Trinidad y fundador de su obra pía, de cuya muerte se cumplen este jueves 8 de marzo 25 años, Rafael Mariscal deja caer una ocasión puntual que puede definirlo. Ocurrió en uno de esos Lunes Santos con tiempo incierto en que la hermandad del Vía Crucis decidió desafiar al cielo y ponerse en la calle. «Don Antonio ya estaba algo enfermo y no pudo acompañar a la cofradía detrás del Cristo de la Salud, como siempre hacía», contaba, así que esperó en el palco de autoridades de la plaza de Las Tendillas. Fue allí donde la lluvia apareció con más fuerza y obligó a la hermandad a tomar la decisión de regresar cuanto antes a la Trinidad. Al ver cómo el Cristo de la Salud y sus cofrades se mojaban, don Antonio decidió que no podía seguir allí, abandonó el cubierto palco y acompañó a su hermandad hasta su regreso bajo la lluvia.

Fue una metáfora de lo que el recordado sacerdote hizo por las hermandades durante su ministerio. Antonio López Aguilar había nacido en Posadas en 1927, donde era cofrade de Jesús Nazareno y de la Virgen de la Salud, patrona del pueblo, y se ordenó sacerdote en 1950. No ejerció más que en dos parroquias, pero dejó una profunda huella en ambas. Primero estuvo en San José y Espíritu Santo, en el Campo de la Verdad, como coadjutor, y luego de párroco. Una placa lo recuerda en esta iglesia, donde fue sacerdote hasta 1963. Entonces pasó a la Trinidad, donde estuvo treinta años y desarrolló la labor social de sus residencias y colegios.

Entregado a los demás

A él le tuvo que plantear Rafael Mariscal su idea de crear una cofradía en torno al Crucificado que se veneraba en la iglesia, y del que ni siquiera se había descubierto su primitiva advocación de la Salud. Era en 1968, recuerda el que también sería hermano mayor y luego presidente de la Agrupación de Cofradías, y Antonio Gómez Aguilar accedió enseguida cuando conoció el proyecto y la idea: «Se volcó totalmente con la nuestra y con todas las cofradías». Su recuerdo no puede ser más grato. «Fue mi padre espiritual y mi maestro, la bondad personificada. No sabía decir que no, y eso era bueno pero también le pudo dar problemas», relata de un sacerdote que «atendía a todo el mundo y vivía entregado a los demás».

Entre 1976 y 1988 fue además consiliario de la Agrupación de Cofradías, a la que acogió en los meses previos a la inauguración de la actual sede de la calle Isaac Peral, y desde donde fue un motor para su vida espiritual y la de las hermandades. El nombramiento de Cofrade Ejemplar se sumó a muchos otros reconocimientos. El principal, el de Prelado de Honor de su Santidad, que le daba derecho a usar el título de Monseñor, pero también la Medalla al Mérito Civil. Desde aquella Cuaresma de 1993 reposa a los pies del Cristo de la Providencia, que él encargó a Luis Álvarez Duarte y que todos los años, en el futuro sobre un paso, con la fraternidad que lleva su nombre, visita la Catedral el Viernes de Dolores.