Miembros de la asociación 'Tu abandono me puede matar', en una protesta en Algeciras
Miembros de la asociación 'Tu abandono me puede matar', en una protesta en Algeciras - S.F.
Prisiones

Trabajar entre rejas, una profesión de alto riesgo

Funcionarios de prisiones denuncian la peligrosidad con la que trabajan por falta de medios y exigen que su labor sea reconocida y dignificada

AlgecirasActualizado:

Asesinos, terroristas, violadores, ladrones, sicarios, maltratadores, estafadores, narcotraficantes... Son el día a día de los funcionarios de prisiones, un colectivo invisible para la práctica totalidad de la sociedad que lleva tiempo alzando la voz para denunciar las complicadas condiciones en las que trabaja y la discriminación que soporta.

Lo que surgió en Málaga como un grupo de funcionarios de prisiones hastiados de su situación se ha convertido en muy poco tiempo en un colectivo que va ganando peso en todo el país. Se trata de la asociación ‘Tu abandono me puede matar’, que se constituyó formalmente en enero y se presentó de manera oficial en el Puerto de Santa María. Nace para defender y mejorar las condiciones socio-laborales del colectivo y hacer visible su trabajo. Sus promotores sostienen que los funcionarios de prisiones están abandonados a su suerte.

Así lo asegura Gustavo González, portavoz de esta asociación en el centro penitenciario de Botaguegos, en Algeciras, una prisión que en la actualidad acoge a más de 1.400 reclusos, por lo que sobrepasa sobradamente su capacidad.

La presión policial en el Campo de Gibraltar del último año la está llenando además de narcos. «Hay muchos más internos pero seguimos siendo los mismos funcionarios. En la zona interior sólo estamos 300. Por poner un ejemplo, en mi módulo había 60 reclusos a principios de año y ahora son 116, prácticamente el doble y sólo hay un funcionario», apunta.

González aclara que ‘Tu abandono me puede matar’ es una asociación apolítica y que no tiene nada que ver con los sindicatos porque los partidos y los sindicatos «se han dedicado en veinte años a sus propios intereses dejando a un lado a los trabajadores. Estamos totalmente abandonados a nuestra suerte».

Las reivindicaciones de esta asociación son claras. Exigen una subida salarial lineal, un uniforme adecuado al medio en el que trabajan, ser reconocidos como agentes de la autoridad, la restitución y adaptación urgente de la Relación de Puestos de Trabajo (RPT) porque sostienen que en ocho años se han perdido 3.400 puestos de trabajo; una formación continua por parte de la Administración con cursos sobre yihadismo, defensa personal, bandas internacionales, violencia de género; medios materiales adecuados a su trabajo, un estatuto propio para el sector y que se dignifique su labor.

«Llevamos años con el sueldo congelado y no se nos ha devuelto la reducción salarial que se nos aplicó mientras vemos cómo otros miembros de nuestro mismo ministerio, el de Interior, están teniendo unas mejoras retributivas y laborales que a nosotros se nos niegan», denuncia Gustavo González, refiriéndose a la Guardia Civil y la Policía Nacional.

Y es que asegura que por ratio, un policía en la calle puede estar rodeado de un 10% de personas potencialmente peligrosas «pero nosotros lo estamos por el 100%».

Agresiones, insultos y amenazas

Trabajar en un centro penitenciario es afrontar amenazas, insultos con frecuencia y asumir un riesgo permanente y serio. De hecho, los incidentes en las prisiones están siendo cada vez más frecuentes. Por ello, los funcionarios de prisiones reclaman ser considerados agentes de la autoridad. «Nos parten la cara en nuestro trabajo y se considera una infracción, no un delito de atentado contra la autoridad», se queja.

Y habla con conocimiento de causa. Hace sólo unos días estuvo en el juzgado declarando tras ser amenazado por un recluso muy peligroso. Se trata del hombre que mató de una puñalada a un comerciante chino tras robarle una litrona en Carmona (Sevilla) el año pasado. «Me amenazó con rajarme a mí y a mi familia. Lo tuvimos en Botafuegos y fue un recluso muy conflictivo», cuenta González.

El colectivo se enfrenta a presos muy peligrosos. El mismo ‘Hannibal Lecter de las prisiones’ -que es como se conoce al temido recluso Fabrizio Joao Silva, considerado el preso más peligroso del país y que acumula ya varias muertes en prisión y varios intentos de homicidio a funcionarios- estuvo en la prisión del Puerto III y mandó al hospital a tres funcionarios.

El pasado mes estuvo en Botafuegos para ser llevado luego al Puerto de Santa María para el juicio. «A nuestro centro lo trajeron agentes de élite de la Policía Nacional en cuatro o cinco furgones. Parecían Robocops. Escudos, chalecos... Increíble. Por nuestra parte estábamos un compañero mío y uno de prácticas», relata para evidenciar que juegan en clara desventaja y en una liga muy inferior.

Lo mismo ocurrió, según cuenta, cuando ingresó en Botafuegos Francisco Tejón, colíder del todopoderoso clan de narcotraficantes ‘Los Castañas’. Hubo un despliegue policial espectacular frente a los más que modestos medios en la prisión.

Armas hechas con peines y teléfonos móvioles intervenidos a los reclusos

Por Botafuegos también han pasado los narcos más importantes del país, como ‘El Messi del Hachís’, Antonio Tejón o Samuel Crespo, lugarteniente de 'Los Castañas' que fue liberado por unos encapuchados en el hospital de La Línea. Sobre estos presos, reconoce que se trata de internos con mucho poder pero no conflictivos: «Son personas muy poderosas aunque su comportamiento en prisión ha sido excelente».

En Botafuegos también cumple condena James Q., un sicario irlandés que en 2015 mató al miembro de una banda rival en Mijas en un ajuste de cuentas.

Peligrosos y también armados

Una de las principales reivindicaciones de los funcionarios de prisiones son los medios humanos y materiales que son necesarios dada la peligrosidad de su trabajo. Y es que sorprende ver la cantidad de armas que son requisadas a los internos con prácticamente cualquier objeto cotidiano, peines, cepillos de dientes, huesos de la comida... «Ellos hacen armas con todo, como se ve en las películas aunque en en ninguna el funcionario es el bueno», se queja Gustavo González cargado de razón.

El portavoz de esta asociación cuenta que una Navidad hubo en el menú chuletitas de cordero. «Tuvimos que estar contando los huesos que nos devolvían para que no se quedaran con ninguno y lo pudieran convertir en arma», explica.

Y es que cualquier precaución es poca. En 2003, un funcionario fue apuñalado por un interno en Botafuegos y hace unos años, un recluso mató a un compañero de celda asestándole casi 60 puñaladas con un pincho que había fabricado.

Droga y sobredosis

La droga suele estar detrás de la práctica totalidad de las agresiones y los conflictos entre reclusos. Y es que en las cárceles circula la droga. «Claro que hay droga. De hecho ha habido varias muertes en Botafuegos por sobredosis de metadona. Introducen mucha metadona y es imposible detectarla en el interior de los organismos», comenta.

Desde el pasado 1 de diciembre han muerto 53 internos en las prisiones españolas fundamentalmente por sobredosis, suicidios y causas naturales.

El consumo y abuso de la droga lleva aparejado otro riesgo para los funcionarios de prisiones. Son las denominadas enfermedades prevalentes, fundamentalmente VIH y hepatitis. «Son patologías muy graves y no tenemos medios adecuados para protegernos contra eso, como guantes, por ejemplo. Nos enfrentamos a contagios continuos. No ha habido casos de contagio de VIH pero sí de hepatitis», afirma el portavoz de esta asociación.

La amenaza del terrorismo también está en las prisiones. En la de Botafuegos hay reclusos de ETA, los Grapo y del yihadismo. «Las prisiones son uno de los caldos de cultivo más importantes del radicalismo islámico. En la zona en la que nos encontramos, mucho más. Hace poco hemos intervenido a un interno un teléfono en el que tenía conversaciones muy duras y muy comprometedoras en este sentido», añade.