Decenas de personas, congregadas ante la Verja en La Línea de la Concepción
Decenas de personas, congregadas ante la Verja en La Línea de la Concepción - ABC
Gibraltar

El cierre de la Verja de Gibraltar, medio siglo de heridas que permanecen abiertas

La Línea de la Concepción y Gibraltar viven este sábado un triste aniversario, una decisión que separó familias, truncó sueños y cambió para siempre la historia de la zona

La Línea de la ConcepciónActualizado:

Este sábado se cumplen 50 años del cierre de la Verja de Gibraltar, una medida decretada por Francisco Franco que cambió para siempre la historia del Campo de Gibraltar. Fue su respuesta a la entrada en vigor de una Constitución en el Peñón que los gibraltareños aprobaron tras votar en un referéndum que querían seguir vinculados a la corona británica.

«España cierra su frontera con Gibraltar», titulaba ABC aquel domingo 8 de junio de 1969 con una portada monográfica con una imagen del Peñón de Gibraltar.

«En respuesta a las recientes medidas británicas sobre Gibraltar, el Consejo de Ministros español adoptó diversos acuerdos. Entre éstos, el cierre de la frontera, disposición que publicará mañana en el Boletín Oficial del Estado. Los 4.820 obreros españoles en el Peñón se acogerán al seguro del desempleo, al cien por cien», recogía en su primera página.

Aquello supuso un mazazo del que La Línea de la Concepción (Cádiz), ciudad que linda con Gibraltar, nunca llegó a recuperarse. En el Peñón, las heridas por 13 años de aislamiento tampoco han cicatrizado.

El cierre de la Verja provocó un éxodo de 36.000 personas de La Línea de la Concepción. Más de 4.000 trabajadores españoles perdieron su empleo en Gibraltar. Los comercios, la hostelería y el sector servicios se desplomaron y fue sin duda la ciudad campogibraltareña más perjudicada.

Manuel Chacón recuerda aquel día a la perfección. Vivía cerca de la Verja y vio a la gente llorando y a los trabajadores españoles sacando sus herramientas. Tenía 21 años.

Asegura que antes de aquello, La Línea era una ciudad maravillosa y cosmopolita: «Había 15 cines, las primeras figuras del flamenco y del toreo venían a La Línea, había salas de fiesta.... La música que salía en Inglaterra se escuchaba primero en La Línea, antes que en el resto de España; la penicilina se puso primero aquí... La Feria de La Línea era conocida por los feriantes como ‘La Salvaora’. Era una ciudad muy alegre en la que se vivía muy bien pero todo cambió con el cierre. Recuerdo calles enteras con casas vacías y a familias con todo lo que tenían para subirse en autobús y marcharse a Alemania, Francia, Suiza, incluso a Australia. Fue muy triste. No entendía nada. A La Línea la hundieron». Sus hermanos emigraron a Inglaterra y Francia y él trabajó por toda España.

Inmaculada Lucas Gallardo ha hecho llegar su testimonio al Ayuntamiento de La Línea. Recuerda que Franco impidió primero el tránsito por la Verja a las mujeres. «Mi padre trabajaba en Gibraltar y había rumores de que los hombres tampoco podrían pasar en poco tiempo.Tenía un tío en Luxemburgo y se llevó primero a mis dos hermanas para luego irse él. Luego nos fuimos mi hermano, mi madre y yo. Fue muy duro por el idioma pero nos trataban muy bien», cuenta.

Añade que su padre podía haber vuelto a España porque le ofrecieron un puesto en un hospital pero decidió quedarse. Fueron muchos los trabajadores de La Línea que tras perder su empleo en Gibraltar fueron recolocados por el Régimen por todo el país en puestos como conserjes. «Yo he visto linenses trabajando de conserjes en todos los hospitales de España», reconoce Manuel Chachón.

El padre de Dori Berman era conductor de autobús desde la aduana española hasta Gibraltar y se marchó con su familia a Barcelona, un hecho que asegura les marcó para siempre.

La familia de Antonia Domínguez vivía en la barriada de La Atunara y se fue a Cataluña. Asegura que los comienzos fueron muy duros. «Cuando mis padres trabajaban en Gibraltar estábamos muy bien en el pueblo. Éramos una familia privilegiada».

Pero hubo más consecuencias dolorosas. Centenares de familias quedaron además separadas por una reja metálica y se truncaron proyectos vitales y vínculos sociales y culturales entre ambas comunidades.

Las fotografías de la época dan idea de la crudeza de los reencuentros. Padres enseñando a sus bebés a la familia gibraltareña a través de la Verja, conversaciones a gritos para saber si todo iba bien....

Y es que entre 1969 y 1982 no sólo se cerró el paso, sino que se prohibieron también el tránsito aéreo y las telecomunicaciones entre España y Gibraltar. La radio estaba entonces prohibida y perseguida. No se podía hablar por teléfono, ni cruzar al otro lado. El único método de comunicación directa con Gibraltar fue a través de la Verja a gritos y de la radio CB, que consiguió eludir el bloqueo impuesto por Franco y se convirtió en el clavo ardiendo al que agarrarse para seguir en contacto.

Walkie-talkies para comunicarse

El regalo de moda de la época para los niños, los walkie-talkies, se convirtieron luego en el precedente del teléfono móvil. En la época se podía ver a personas a ambos lados comunicándose con estos dispositivos de juguete.

Sobre este curioso y desconocido aspecto para quienes no son de la zona ha dado buena muestra la exposición exhibida en La Línea «La radio que burló el bloqueo a Gibraltar», organizada con el Museo CB de San Roque.

Y es que en La Línea y Gibraltar no quieren olvidar este aniversario. Ambas ciudades han organizado exposiciones monográficas con fotografías, testimonios y documentos para que las nuevas generaciones sepan lo que ocurrió y que la historia no se repita. La idea es crear una memoria colectiva de aquella decisión y de sus consecuencias.

El alcalde en funciones de La Línea, Juan Franco, del partido independiente La Línea 100X100, califica el cierre de la Verja como «una tragedia humana y el hecho más traumático« vivido por los linenses y gibraltareños. «Aún estamos pagando las consecuencias», ha dicho.

Gibraltar acaba de inaugurar una exposición sobre aquel episodio. El ministro principal, Fabian Picardo, ha calificado aquella decisión como «una malevolencia que nació en Madrid» y que provocó un efecto «humano que nunca podremos olvidar».