Andrés Bragado

La importancia de la formación cofrade

La formación cofrade en los últimos años ha adquirido una especial relevancia

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Un año más los cristianos volvemos a rememorar la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en las calles de Cádiz. Mucha gente observará las procesiones como algo cultural, artístico o ligado a la tradición de un pueblo. Pero las cofradías tienen la misión promover el culto público de los misterios del Triduo Pascual, dejando en segundo lugar elementos accesorios y centrándose en el crecimiento personal y espiritual de los cofrades, fomentando y cuidando la oración, así como la lectura día del evangelio y la participación activa de los sacramentos especialmente de la Eucaristía y la Penitencia. Durante todo el año los cofrades participamos activamente en el calendario litúrgico, cuidando la formación para no convertir la Semana Santa en un acto cultural, sino engrandecerla como una misión de la nueva evangelización. La formación cofrade en los últimos años ha adquirido una especial relevancia para contar con una espiritualidad bien formada que fortalezcan nuestra Fe, para poder defenderla ante los constantes ataques que está sufriendo la Iglesia.

Muchos rechazan la religión institucionalizada y trasladan su espiritualidad a las experiencias personales, olvidando y rechazando la Iglesia, preparada en la Antigua Alianza e instituida por Cristo Jesús y manifestada por el Espíritu Santo, tal y como nos lo recuerda el Catecismo y la Constitución Dogmatica Lumen Gentium;  «El Señor Jesús comenzó su Iglesia con el anuncio de la Buena Noticia, es decir, de la llegada del Reino de Dios prometido desde hacía siglos en las Escrituras» Para cumplir la voluntad del Padre, Cristo inauguró el Reino de los cielos en la tierra. La Iglesia es el Reino de Cristo «presente ya en misterio». Así pues, la Constitución Dogmatica sobre la Iglesia recogida en el Concilio Vaticano II, «Dios ha querido salvar a los hombres no individualmente y aislados entre sí, sino asociándolos en un pueblo que le reconociera en la verdad y le sirviera santamente». Por todo ello, la Iglesia es el Pueblo de Dios, en el cual las cofradías como asociación pública han de fortalecer la comunión eclesial con una «clara adhesión a la Fe católica y al Magisterio de la Iglesia que la interpreta y proclama» además de estar en «comunión con el Obispo Diocesano en cuanto al principio y fundamento visible de la unidad en su Iglesia particular». Por todo ello los cofrades tenemos la misión de transmitir la doctrina cristiana en nombre de la Iglesia y realizar actividades de apostolado con seguridad y confianza para defender nuestra Fe y dar a conocer «La Alegría del Evangelio» que el Papa Francisco nos invita en esta exhortación apostólica en la cual nos impulsa a una transformación misionera de la Iglesia. Una Iglesia en salida, que tiene un referente en las Cofradías y Hermandades de la Semana Santa que con sus salidas procesionales y estaciones de penitencia dan testimonio público de la profesión de fe, recordando que Jesús con su cruz a cuestas cargo con nuestros pecados y nos libró de ellos para ser participes de la vida eterna. Durante la cuaresma hemos iniciado un camino de vida hacía Dios, con un tiempo de conversión a través de la oración, el ayuno y la limosna. Por el sacramento de la Reconciliación hemos recobrado la Gracia santificante para acrecentarla más aún con la Eucaristía, símbolo de la Nueva Alianza, como medio para santificar nuestras vidas. En nuestra salida procesional cumplimos con nuestra penitencia y seguimos a Jesús tal y como le digo a su discípulos «El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y venga conmigo». (Lc 9,23). Somos seguidores de Cristo y hemos de ser coherentes con el estilo y modelo de vida que nos propone con «el camino de la humildad, el camino de la humillación, de negarse a uno mismo y después resurgir de nuevo». Estados llamados a ser santos, dejando a la familia para seguir a Jesús y acompañarlo en su camino hacia el Gólgota. A los cofrades nos han etiquetado injustamente como personas tristes que veneramos a Cristo yacente y que vivimos en una constante Cuaresma, pero lejos de estos estereotipos los cofrades celebramos con gran júbilo la resurrección de Jesús «Si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe»(1 Co 15, 14). Por ello nos llenamos de una gran alegría que enciende nuestra Fe, el saber que Cristo vive y que con su resurrección se manifiesta la victoria sobre la muerte y el pecado.