Epecuén, la ciudad que resurge del agua

La villa turística argentina quedó sumergida bajo las aguas saladas de un lago en 1985

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Hace algo más de 30 años el pueblo argentino de Epecuén quedó sumergido bajo las aguas saladas del lago del mismo nombre obligando a sus habitantes a abandonar sus hogares. Con el paso de los años el agua comenzó a retirarse dejando un blanco paisaje teñido por la sal de un agua similar a la del Mar Muerto. Lo que era una próspera ciudad turística desapareció, y de las casas, hoteles, bares y comercios hoy solo quedan sus ruinas.

Situada a siete kilómetros de Carhué, la Villa de Epecuén fue fundada en 1921 para albergar el primer balneario sobre la laguna cuyas aguas tenían un alto nivel de salinidad lo cual generó un creciente interés medicinal y turístico.

Con los años, el lugar denominado «Mar de Epecuén» creció hasta convertirse en un próspero pueblo con cerca de 1.200 habitantes y unos 25.000 turistas durante el verano. En los años 70 -del siglo XX- disponía de más de 6.000 plazas hoteleras y 250 establecimientos comerciales.

El principio del fin

Un periodo de sequía en los años ochenta provocó un descenso de las aguas de la laguna. Este hecho preocupó a los dueños de balnearios, hoteles y comercios que veían peligrar sus negocios. La «solución» terminaría convirtiéndose en la causa del fin de la ciudad.

En los años 80 comenzaron las obras hidráulicas para estabilizar el caudal de la laguna pero la llegada de la dictadura militar en Argentina dejó el canal recolector de agua sin finalizar, hecho que se vio agravado con un período de fuertes lluvias. A mediados de esta misma década se intentó solventar el problema levantando un terraplén defensivo de cuatro metros de altura sobre la costa que resistió los primeros años hasta la terrible crecida del 10 de noviembre de 1985. El agua entró en Epecuén inundándolo todo y obligando a la población a abandonar sus casas para siempre.

Hacia mediados de 1993 Epecuén aún se encontraba a siete metros bajo el agua. Gracias a una obras, para impedir el ingreso de caudales externos a la laguna, la cota comenzó a descender lentamente.

Un portavoz de Turismo del municipio de Adolfo Alsina, al que pertenece Epecuén, explicó en una ocasión a la agencia Télam que la villa «estuvo veinte años cubierta por las aguas saladas del lago, pero desde hace diez las sequías facilitaron el retroceso del agua y hace tres el casco de la ciudad apareció transitable».

Aún hoy es visible el trazado de las calles, el dique de contención y las ruinas de las casas, hoteles y edificios jalonados por árboles que parecen petrificados por los efectos de la sal. Entre las ruinas de lo que fue una próspera ciudad turística tan solo un habitante da testimonio de la vida en Epecuén, Pablo Novak, un anciano que se negó a dejar la ciudad que le vio crecer. Pasea por sus calles y recuerda con nostalgia anécdotas de otros tiempos sin duda felices de la Villa de Epecuén.