El teleférico admite un máximo de 580 pasajeros a la hora repartidos en cabinas de 120 pasajeros - CAPTURA VÍDEO

Alemania conquista su pico más alto

Las obras en el teleférico, que se eleva hasta el Zugspitze (2962,06 metros), han durado seis años y ha costado 50 millones de euros

BerlínActualizado:

La primera mención al Zugspitze aparece en un texto anónimo del siglo XVI que se refiere a ella como cima inaccesible, pero no fue hasta el 27 de agosto de 1820 cuando el primer escalador alcanzó su cima. El subteniente Josef Naus, por encargo del Real Instituto Topográfico Bávaro, junto al ayudante de medición Maier y el guía Johann Georg Deutschl, pasó a la historia como el primero en pisar la cumbre occidental, aunque se sospecha que ya había sido ascendida anteriormente por algunos lugareños.

Su altura de altura oficial actual es de 2962,06 metros lo convierte en el pico más alto de Alemania y el romanticismo alemán tejió en torno a su cima un halo de fascinación que terminaría convertido en afán científico en 1898, cuando el comerciante Adolf Wenz puso en marcha la construcción de un observatorio meteorológico que comenzaría a funcionar en el verano de 1899. ¿Qué habría pensado el meteorólogo Josef Enzensperger, el primer hombre que se quedó a pasar un invierno en la cima, de haber sabido que un día se convertiría en un punto de interés turístico fácilmente accesible para familias y grupos escolares? Y eso es así gracias a la ingente obra de ingeniería que acaba de inaugurarse y que permite la ascensión de 4,5 kilómetros en apenas 15 minutos.

Las obras en el teleférico, que eleva hasta el Zugspitze han durado seis años y ha costado 50 millones de euros, bate tres récord mundiales y se convierte en una obra de referencia de ingeniería de montaña. En primer lugar, cubre la más larga distancia cubierta por un teleférico en un solo tramo, 1945 metros; en segundo lugar, la más alta estructura de soporte de acero, de 127 metros; y por último la mayor longitud de alzada, de 3.213 metros.

580 pasajeros a la hora

«La mayor dificultad ha sido elevar hasta esa altura el material y la maquinaria necesaria», ha apuntado el ingeniero jefe Hans-Georg Leitner, «dado que hablamos de un espacio de muy difícil acceso y de la necesidad de que los obreros y la maquinaria trabajasen suspendidos a gran altitud». También han sido necesarios estudios geológicos a gran altura para determinar con seguridad la resistencia de la pared de piedra y su capacidad de soporte de la estructura.

Dinamitar a esa altitud supone gran peligro de avalanchas y las condiciones meteorológicas han ido interrumpiendo los trabajos con insistencia, como si la montaña se resistiese a ser coronada por el teleférico, cubriendo una y otra vez de nieve o de hielo las obras y las estructuras levantadas, de modo que obligaba a tareas de deshielo y limpieza tan complicadas o más que la propia obra.

«Por supuesto ha merecido la pena todo ese esfuerzo», ha dicho uno de los jefes de proyecto, Martin Hum, «dese el primer momento, desde que subieron las primeras personas y pudieron ver los Alpes tal y como pueden observarse solo desde aquí, es una maravilla. Y saber que miles de personas van a subir aquí, a lo largo de los años, y van a contemplar todo esto, es para mí motivo de una gran satisfacción».

El teleférico admite un máximo de 580 pasajeros a la hora repartidos en cabinas de 120 pasajeros que cuentan con ventanas desde el suelo hasta el techo para poder admirar las espectaculares vistas de esta región alpina desde donde, además del Zugspitze, se pueden contemplar picos próximos como el Waxenstein (2.277 metros) y Alpspitze (2.628 metros) y el lago de montaña Eibsee. También se han remozado las dos estaciones, la que se encuentra en el valle, junto al Eibsee, y la de la cumbre, que se encarama en lo alto de un gran desnivel, a la que se ha dotado de balconadas panorámicas.

«Se trata de una muestra de la opción por la inversión en infraestructuras de calidad, que no solamente sirven para dar una solución al Zugspitze y hacer un servicio a los miles de visitantes que cada año disfrutarán de estas instalaciones, sino también como tarjeta de presentación al mundo de la ingeniería alemana», ha declarado Peter Huber, Director Técnico de la Bayerische Zugspitzbahn Bergbahn AG.

Una vez arriba, el visitante cuenta además con una estación de montaña en tres niveles en la que los huéspedes disponen de restaurantes y una terraza con vista panorámica en 360º, además de varias plataformas acristaladas con espectaculares vistas parciales de los picos alpinos de los que los alemanes se sienten tan orgullosos, a pesar de que, a lo largo de las décadas, la cumbre ha sido modificada por las obras y fue dinamitada durante la Segunda Guerra Mundial por motivos estratégicos. El techo de Alemania, por tanto, ha sido definitivamente conquistado y es ahora fácilmente accesible para cualquiera que desee subirse a esta obra de ingeniería del siglo XXI.