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Teleférico de Fuente Dé: 50 años «volando» sobre los Picos de Europa

Nadie creyó en esta obra pionera destinada a cambiar el futuro del valle de Liébana

Una cabina del Teleférico de Fuente Dé, en el Parque Nacional de los Picos de Europa
Una cabina del Teleférico de Fuente Dé, en el Parque Nacional de los Picos de Europa - EFE/Pedro Puent
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Las colas estivales del Teleférico de Fuente Dé, en Picos de Europa, prueban que una apuesta arriesgada puede salir bien. Fueron muchos los que no daban un duro de la época cuando se inauguró hace 50 años, pero hoy las cifras pregonan lo que ni los más optimistas soñaban: es rentable y podría serlo más.

El reclamo es indudable: pura naturaleza, vistas montañosas de postal y el privilegio de poder estar en las alturas, en el Mirador del Cable de Picos de Europa, en menos de cuatro minutos de viaje en teleférico sobre un desnivel de 753 metros.

Julio y agosto son los meses fuertes del Teleférico de Fuente Dé. Cuando el personal que trabaja allí se ha mentalizado de que van a echar doce horas diarias. Son catorce personas en las épocas de mayor afluencia y diez el resto del año, sin contar servicios como la hostelería.

El Mirador del Cable está a menos de cuatro minutos de viaje en teleférico que salva un desnivel de 753 metros

En pleno verano no dan abasto, con colas que pueden llegar a cuatro horas. Cada cabina tiene capacidad para veinte personas aunque no fue siempre así: al inicio de los años 90 cabían 28, pero quince años después tuvieron que reemplazarlas por otras más pequeñas, las que hay ahora, para ajustarse a cambios normativos.

En estos meses de más demanda, muchos días quienes trabajan en Fuente Dé suspiran por volver a esas cabinas más grandes. Los trabajadores cuentan que en agosto se suelen dar doce viajes a la hora, lo que supone 240 turistas, e invitan a hacer cuentas y pensar en la recaudación de la taquilla si se pudiera subir a más gente.

Hoy cuesta ponerse en la piel de las mentes visionarias que hace medio siglo idearon esta infraestructura, entre ellos el ingeniero José Antonio Odriozola, cuya familia era de Liébana, la comarca donde está Fuente Dé, y el por entonces presidente de la Diputación Provincial, Pedro Escalante Huidrobo, que dio el visto bueno a la obra.

Odriozola pensó en instalar un teleférico para viajeros en el mismo lugar donde había un cable que utilizaba la Real Compañía Asturiana de Minas para bajar mineral de las minas de Áliva.

Como reminiscencia de ese pasado minero quedan algunos vestigios ruinosos: unas casetas y una torreta donde llegaban las vagonetas con la carga.

Sin duda el Teleférico de Fuente Dé fue una apuesta fuerte y una obra de tal magnitud que la Diputación Provincial tuvo que buscar expertos fuera, como José Calavera Ruiz, que se encargó de la obra.

De una ruina al éxito

Contra todo pronóstico, ha sido un éxito. «Todo el mundo hablaba de que iba a ser una ruina, una auténtica hecatombe, y sin embargo esos agoreros se equivocaron porque desde el minuto cero tuvo un éxito impresionante», asegura a Efe su director, Antonio Marcano, en una visita y un «viaje» por esa infraestructura.

La afluencia de público perdura medio siglo después, con alrededor de 250.000 usuarios al año, muchos catalanes, madrileños y vascos. Y no es desdeñable la cantidad de holandeses, quizás atraídos por los picos de montañas que en su país no abundan.

La beneficiaria ha sido Liébana, una comarca que revivió gracias a esta instalación turística, inaugurada oficialmente el 12 de septiembre de 1966, al más alto nivel, con la presencia del jefe del Estado, Francisco Franco, aunque había empezado a funcionar 22 días antes. A mediados de los años 60, cuando se hizo y se inauguró la obra, Liébana no tenía perspectivas muy halagüeñas: se había entregado a la subsistencia y sufría una fuerte emigración.

Texto: Pilar Palazuelos / Efe

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