ECOTURISMOCinco tesoros del paraíso natural de Asturias

Cetáceos, aves, bosques maravillosos y el oso como gran icono. Asturias es un paraíso natural para el ecoturismo, lleno de posibilidades y de profesionales que lo facilitan

Actualizado:12345
  1. El oso pardo, termómetro de la naturaleza

    Osa con oseznos
    Osa con oseznos - Jose Maria Diaz-Formetí - Cedida por Turismo de Asturias

    El oso pardo no es sólo el gran icono de la Cordillera Cantábrica, sino que también sirve como un indicador de la salud de un ecosistema. Al ser una especie que necesita mucho espacio para desarrollarse y resulta muy sensible a las alteraciones de su medio, para que sus poblaciones se desarrollen se requieren espacios debidamente protegidos y que los visitantes se comporten de forma responsable con el entorno.

    Y ese termómetro marca muy buena temperatura en Asturias. La población de osos pardos en la Cordillera Cantábrica ha pasado de 70 osos censados en 1994 a alrededor de 230 en 2014. Las poblaciones en la zona oriental y la occidental, antes aisladas, están empezando a conectarse a través de corredores biológicos, mejorando la dispersión de la especie y la diversidad genética.

    Estas buenas noticias respecto a la conservación permiten que cada vez sea más posible ver osos en libertad en Asturias, especialmente en primavera y a comienzos del otoño. En el parque natural de Somiedo y en el de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias es posible el avistamiento de osos y en ambos existen rutas diseñadas en torno a los mismos. En Somiedo, «La vida familiar de los osos», un recorrido de 6,2 kilómetros en torno a la reproducción y cría de la especie. En Fuentes de Narcea, Degaña e Ibias hay dos rutas: «Los refugios del oso pardo» (4,3 km), en el entorno de Muniellos (una de las zonas más bellas del parque) y «Caminando al ritmo de las estaciones» (6,2 km), que sigue el recorrido del oso a lo largo del año en las inmediaciones del puerto de Leitariegos.

    También merecen la pena centros de interpretación como «Somiedo y el oso» en Pola de Somiedo o la «Casa del Oso» de Proaza. Junto a este último está el entorno cercado de la Senda del Oso, donde se pueden ver a estos animales en semilibertad: dos osas, llamadas Paca y Tola, que fueron rescatadas y cuya reintroducción en la naturaleza no fue psible.

    Estas visitas y otros recorridos pueden realizarse con guías expertos, como los de Wildwatching Spain en Pola de Somiedo, los de la Somiedo Experience de Llamardal o los de la Asociación de Turismo Rural de Fuentes del Narcea. Y también son importantes la información y la sensibilización que ofrecen organizaciones como la Fundación Oso de Asturias, la Fundación Oso Pardo y del Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS).

  2. Ungulados, el espectáculo de la berrea

    Rebecos
    Rebecos - Alfonso Polvorinos -Cedida por Turismo de Asturias

    Los ungulados -animales con pezuñas- son un grupo muy variado, que incluye especies como corzos, rebecos, venados, ciervos… Todas ellas se encuentran en abundancia en los bosques y montañas asturianos.

    El gran reclamo de los ungulados en lo que se refiere al ecoturismo lo constituye la berrea de los ciervos, entre septiembre y octubre, que en Asturias es especialmente espectacular: los valles de la región actúan como caja de resonancia para las llamadas de estos animales, haciendo que se escuchen a todo volumen. Las montañas de Ponga, Redes, Aller, Las Ubiñas-La Mesa y -una vez más- Somiedo son los mejores sitios para escucharla y existen varias asociaciones que organizan excursiones para ello: Aller Experiencias, Lláscara, Teverastur o Trasgu La Fronda son algunas de ellas. Además, el sendero interpretativo «El ciervo y la berrea» (un recorrido de 9,4 km por las breñas de Aller) permite conocer mejor este fenómeno natural.

    Los corzos son casi ubicuos en Asturias. Se les encuentra en casi cualquier bosque, si bien estos tímidos animales rehúyen al hombre y suelen resultar difíciles de ver. Mucho más localizada está la presencia del gamo, fundamentalmente en la Sierra del Sueve. Los majestuosos rebecos tienen un hábitat ideal en los Picos de Europa y en las montañas del Parque Natural de Redes.

  3. Delfines en el Cantábrico

    Delfines mularse
    Delfines mularse - Alfonso Polvorinos - Cedida por Turismo de Asturias

    Hasta 25 especies distintas de cetáceos recorren el Mar Cantábrico, convirtiéndolo en uno de los mejores lugares de Europa para el «whale watching», especialmente en primavera y verano. Esto incluye, por supuesto, la costa asturiana. Rorcuales, marsopas, cachalotes, ballenas piloto, calderones grises y diversas especies de delfines (común, listado, mular, atlántico…) son algunas de las especies que pueden encontrarse en la zona. Algunas de ellas son muy comunes, otras requieren mucha más suerte para avistarlas. También pueden encontrarse varias especies de tortugas e incluso algunos ejemplares de focas procedentes de colonias afincadas en las Islas Británicas.

    Además de salidas al mar desde localidades como Gijón o Llastres, existen un buen número de centros de interpretación a lo largo de la costa asturiana. Destacan el del Cabo Peñas, los de las rías del Nalón, del Eo y de Villaviciosa, el Aula del Mar de Llanes, el Museo de las Historias del Mar en Puerto de Vega (Navia), el Centro de Experimentación Pesquera de Gijón y el Acuario de Gijón. Y quizá el más interesante sea el Parque de la Vida, en Luarca: un espacio en pro de la recuperación, conservación, educación y divulgación de ecosistemas marinos y terrestres, donde poder conocer especies únicas como los calamares gigantes.

  4. «Birdwatching», mirando a los cielos

    Observación de aves en la Ría de Villaviciosa
    Observación de aves en la Ría de Villaviciosa - Noé Baranda

    El turismo ornitológico es un fenómeno que ha experimentado un gran auge en nuestro país durante los últimos años. Y en Asturias se encuentran casi un 70 por ciento de las especies de aves existentes en España, por lo que es una región muy propicia para practicar el «birdwatching». Entre la costa y las montañas de la Cordillera Cantábrica existen trece Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPAS) que ocupan en total más del 20 por ciento del territorio del Principado, además de 16.574 hectáreas marinas adicionales.

    Tradicionalmente, el ave emblemática de los espacios protegidos asturianos ha sido el urogallo. Lamentablemente, la situación de conservación de esta especie es aún muy delicada, por lo que no se realizan actividades turísticas en torno a ella. Sí han ganado importancia como recurso turístico los avistamientos de quebrantahuesos, en torno a la cual la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos ha creado la actividad «Vida y seguimiento del quebrantahuesos» en el centro del que disponen en Benia (Onís), en plenos Picos de Europa. En la misma zona, también la Casa de la Montaña organiza actividades en torno a esta ave. Y en otras partes de la montaña asturiana se encuentran aves como águilas, buitres, halcones, mirlos, perdices… Una buena forma de conocerlas es la ruta ornitológica Montañas y bosques de la Montaña Central Asturiana. Y los aficionados no deberían perderse la visita al Mirador de la Reina, cerca de los Lagos de Covadonga. Birding Picos también organiza actividades de observación de aves.

    Las aves acuáticas y marinas también disponen de santuarios en Asturias. Las rías de Villaviciosa y del Eo (ya mencionadas al hablar de los cetáceos) se encuentran en la lista mundial RAMSAR de humedales protegidos. La costa de Gijón y los alrededores del Cabo Peñas son otros buenos lugares para observar aves: gaviotas, garcetas, ánades, cormoranes, alcatraces…

    El «birdwatching» puede ser todo un espectáculo, algo que demuestra el Jardín Botánico Atlántico gijonés con su show «Nocturnia», que permite contemplar a las aves rapaces nocturnas que habitan en él.

  5. Bosques, setas, mariposas y dinosaurios

    Observación de la naturaleza en Muniellos)
    Observación de la naturaleza en Muniellos) - Alfono Polvorinos - Cedida por Turismo de Asturias

    Pese a todo lo que hemos contado hasta ahora, para disfrutar de la naturaleza asturiana no es necesario seguir a ninguna especie animal. Basta con pasear por sus hábitats, por los impresionantes montes y bosques de la región, descubriendo las sorpresas que nos salgan al paso. Puede ser un gran recorrido, como el Camino Natural de la Cordillera Cantábrica, una ruta de 606 kilómetros que recorre todo el interior de Asturias de este (Panes) a oeste (Santa Eulalia de Oscos) a través de 27 etapas. O un simple paseo por algún bosque: el maravilloso robledal de Muniellos (uno de los más grandes de Europa), los hayedos de La Biescona, Peloño, Redes o Monasterio de Hermo, el alcornocal de Buxu, el encinar de San Emeterio, las saucedas de Buelles, la tejeda de la Sierra del Sueve…

    Mientras se pasea por ellos se pueden recoger setas (algo para lo que siempre es recomendable tener asesoramiento, a través de escapadas micológicas como las que organiza Frontera Verde. O buscar mariposas, de las que en Asturias existen más de 140 especies diferentes. O alargar la excursión hasta la noche para contemplar las estrellas en parajes libres de contaminación lumínica.

    Y otra posibilidad más es buscar -literalmente- las huellas de la fauna del pasado lejano: los dinosaurios. A lo largo de la costa asturiana entre Ribadesella y el Cabo Torres se encuentran abundantes icnitas (huellas de pisadas de dinosaurios) conservadas en la roca. De especial interés es la Playa de la Griega, en la que se encuentran algunas de las mayores huellas conocidas en el mundo. Muy cerca de esta playa, en Colunga, se encuentra el Museo del Jurásico.

    A lo largo de este artículo hemos mencionado varias organizaciones y empresas que ofrecen servicios para que disfrutar de la naturaleza sea más sencillo y se haga de forma más segura y completa, pero en la región operan muchas más igualmente recomendables. Turismo de Asturias puede ofrecer recomendaciones que se adapten a lo que cada viajero desee. Consultar a las autoridades turísticas locales también nos ayudará a conocer las buenas prácticas del ecoturismo, para que nuestro viaje altere lo menos posible el entorno natural.