SIBERIA

A orillas del Baikal, la perla de Asia

Al sur de Rusia, cerca de Mongolia, se encuentra una de las grandes joyas del país en la que confluyen religión, ciencia y naturaleza

El Baikal permanece helado gran parte del año
El Baikal permanece helado gran parte del año - JAVIER JAYME

«Es un mar con aguas admirablemente claras y sabrosas. Está situado detrás del Mar de Diamantes. El altísimo lo creó con la forma de dos cuernos unidos. Surgió de una grieta subterránea. Y el mar siempre se encuentra agitado y está rugiendo constantemente...». Así era descrito en el siglo XII, en los anales árabes «Maravillas de lo creado», el Baikal, un lago que parecía un mar por su extensión (31.494 km² de superficie, con 636 kilómetros de largo por 80 de ancho), lo que hacía imposible entonces llegar hasta sus confines. Nueve siglos después, a esta inmensa masa de agua dulce (es el lago de agua potable más grande del mundo -supone el 22% de las reservas de todo el planeta-), se la conoce como el ojo azul de Siberia o la perla de Asia.

Situado al sur de Rusia, cerca de la frontera con Mongolia, a lo largo de su historia se le ha bautizado con distintos nombres: Laumu, que le dieron los evenki; Bigal-Nuur, para los buriatos; mientras lo tártaros lo denominaban Bai-kul, «aguas ricas».

Además de su extraordinaria extensión y profundidad, 1.620 metros, el Baikal es excepcional por su longevidad, surgió hace 25 millones de años (lo normal es que un lago no dure más de 15.000 años); su transparencia, se puede llegar a ver a 40 metros de profundidad gracias a la labor de sus microorganismos, y su fauna y flora: 1.800 especies, algunas de ellas endémicas como la foca siberiana y el omul (de la familia de los salmones), que se cocina de un sinfin de maneras. Rodeado de montañas, un total de 336 ríos vierten su agua en él y tan solo uno nace del Baikal, el Angara.

Religión y ciencia

Todas estas características han convertido a este lago durante siglos en objeto de veneración por parte de los chamanes, que lo consideran sagrado, como reflejan los cientos de pañuelos y cintas de colores que cuelgan de los árboles que lo circudan. También es un lugar de peregrinación para la comunidad científica, que el 29 de julio de 2008 celebró el primer descensó hasta el fondo gracias a los batiscafos rusos Mir-1 y Mir-2. Hito que quiso compartir el presidente ruso, Vladímir Putin, que se sumergió cuatro días después en uno de ellos para ver de cerca esta joya siberiana, retrada en varias ocasiones por el Séptimo Arte. Próximamente se estrenará un documental en el que han colaborado el actor Leonardo DiCaprio y el propio Putin. Hasta el Baikal viajó también James Cameron buscando inspiración para la segunda entrega de «Avatar», que verá la luz en 2018.

Pero no solo ellos han sido atrapados por los misterios de estas aguas. El Baikal atrae a públicos muy diversos gracias a las actividades que se desarrollan a lo largo del año: desde carreras de coches sobre el hielo (la superficie está congelada desde enero a abril -en algunas zonas del lago la temperatura es de 52 grados bajo cero); el Baikal Marathon, el único maratón del mundo que se desarrolla sobre hielo; el avistamiento de focas y de osos, submarinismo, sin olvidar su concurso de pesca a lo largo de toda la orilla, que puede llegar a reunir a un millar de aficionados.

Si adentrarse en el Baikal supone un viaje fascinante, el trayecto hasta llegar a él también lo es. Se puede ir desde la ciudad de Irkutsk, situada en el lado occidental de lago; o bien desde Ulán-Udé, capital de la República de Buriatia, en la orilla oriental.

República de Buriatia

Menos transitada por el turismo occidental (su principales visitantes son mongoles y chinos), Buriatia tiene una extensión como la de Alemania, con una población de alrededor de un millón de habitantes, la mitad de ellos instalados en su capital. La diversidad es una de sus señas de identidad: el 60% de la población es rusa, el 30% buriatos y el resto lo forman tártaros, ucranianos, polacos, armenios... Fundada por los cosacos hace 350 años, fue un punto comercial importante gracias a las rutas que venían de Mongolia y China. Su momento de esplendor llegaría durante la época soviética, como parece confirmar un gran busto de Lenin, el mayor del mundo (mide catorce metros y pesa 42 toneladas), situado en la plaza de los Sóviets. En la ciudad se pueden ver edificios decimonónicos, juntos a otros de fuerte carácter soviético, donde permanecen los símbolos comunistas; o sentarse en un banco junto a una escultura del escritor Ánton Chéjov.

Busto de Lenin en la plaza de los Sóviets, en Ulán-Udé
Busto de Lenin en la plaza de los Sóviets, en Ulán-Udé- S. G.

En Siberia, además de un centenar de etnias conviven varias religiones, como los cristianos ortodoxos, los viejos creyentes, los budistas y el chamanismo. A las afueras de Udán-Ulé, en Ivolguinsk, se encuentra uno de los templos budistas más importantes de la región, al que peregrinan cada año miles de seguidores.

De camino al Baikal nos encontramos con Desyatnikovo, considerado uno de los pueblos más bonitos de Rusia, en el que habitan una comunidad de viejos creyentes, escisión de los cristianos ortodoxos, que fueron expulsados del centro de Rusia por Catalina la Grande y realojados en Siberia (en la actualidad viven en Buriatia 150.000). Allí, donde casi no llegaban los trenes de abastecimiento, trabajaron el campo y alimentaron a los cosacos que guardaban las fronteras del imperio. Con un código muy riguroso, su forma de vida sigue siendo, tres siglos después, muy tradicional, dedicada principalmente a la agricultura y a la ganadería. Sus casas de madera, pintadas en alegres colores, están acondicionadas para soportar las bajas temperaturas. Receptivos con el turismo, disfrutan mostrando sus costumbres. Las mujeres sus trajes tradicionales, en los que destacan soberbios y pesados collares de ambar centenarios; mientras entonan las canciones de sus ancestros.

Un grupo de mujeres de Desyatnikovo, vestidas con los trajes tradicionales, esperan a los visitantes para enseñarles sus costumbres y canciones
Un grupo de mujeres de Desyatnikovo, vestidas con los trajes tradicionales, esperan a los visitantes para enseñarles sus costumbres y canciones- S. G.

Antes de alcanzar la perla de Asia, nos detenemos en otra de las paradas obligadas en Siberia, los pueblos de nómadas, que nos muestran sus yurtas (casas típicas de la estepa), su quehaceres diarios, su culto a la astrología, sus animales y sus juegos.

Empieza a anocher, cuando llegamos al Baikal. En esta hora mágica, ante nosotros se abre una inmensa llanura de agua, surcada por cientos de mitos y leyendas que lo convierten en un lugar sin igual en el mundo.

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