PERFIL

El hombre que quiso cincelar a los «tontos» electrodomésticos con diseño e innovación

James Dyson, inventor británico considerado como el inventor de la aspiradora sin bolsa de doble ciclón, se meterá en el mercado de la automoción con un coche eléctrico que llegará en 2020

madridActualizado:

El pequeño universo de los electrodomésticos están viviendo su propia revolución digital. Si bien es cierto que son tremendamente útiles y necesarios, también es verdad que no despierta en el mismo interés (y con razón) que otros productos tecnológicos. Móviles, ordenadores, tabletas son los dispositivos que, a menudo, presentan esa idea de innovación y se sostiene en el impulso del diseño industrial. Hay nombres que lo dicen todo en el diseño industrial, como Jony Ive (Apple), Paolo Pininfarina, Philippe Starck o Terence Orby Conran, cuyas ideas han cambiado algunos parámetros de diferentes industrias.

Los electrodomésticos, sí es cierto, son y deben ser funcionales. Prácticos. Quién querría, como en el caso del último fracaso (o mejor dicho, estafa) de Silicon Valley, Juiciero, un exprimidor de naranjas que estaba más cerca de una obra firmada por Salvador Dalí que de un producto de innovación. Dyson, sin embargo, ha logrado capitalizar la visión de aparato electrónico, sí, pero bonito. El diseño marca la pauta de la empresa británica fundada en 1987.

James Dyson fue el instigador del proyecto, que fabrica de todo tipo de aparatos, desde aspiradoras, secadores de pelo y otros ingenios para el día a día que están envueltos en bonitos envoltorios. Que parece un negocio difícil, más en los tiempos que corren en donde los consumidores quieren productos cada vez a menor coste, y más para esos que de tipo usar y tirar. Habrá quien (y con razón) considere que sus productos se mueven por un sobrecoste injustificado y demasiado elevado para lo que ofrecen.

Supersonic, su popular secador, se vende sin ir más lejos por 399 euros. Sí, un simple aparato para el cuidado del cabello. Pero la firma promete que evita grietas y los daños producidos por el calor extremo. Qué decir del Air Multiplayer, un ventilador que atrae a las miradas de las personas en los escaparates de las tiendas, y para el cual se requirió de inventar un nuevo tipo de motor ultraligero y patentar varias tecnologías aerodinámicas para hacerlo posible.

Pero, de cara al graderío, este hombre, nacido en Norfolk (Inglaterra) hace setenta años, es considerado como el inventor de la aspiradora sin bolsa de doble ciclón que opera sobre el principio de la separación ciclónica. Casado y con tres hijos, Dyson estudió en sus primeros años en la Escuela de Gresham. Posteriormente, pasó por la Escuela de Arte Byam Shaw y, luego, diseño de interiores en el Royal College of Art antes de pasar al mundo de a ingeniería, en donde ha sacado punta a su formación.

La idea de la empresa ha sido ser siempre la de venderse como elitista. Por eso ha escogido puntos de venta más exclusivos para llegar a su público objetivo. La marca, que cuenta con una plantilla de más de 7.000 trabajadores. El propio James, cansado y aburrido de la solución adoptada en la industria para el mecanismo de absorción del polvo en los aspiradores, decidió probar fortuna con un diseño propio. Para ello, se inspiró en un sistema sin bolsa después de visitar un aserradero.

Así con esas, observó cómo la máquina desalojaba el serrín de la tala de árboles: mediante flujos de aire de gran intensidad y separadores centrífugos. Ese principio lo trasladó a pequeña escala en un aspirador. En ocasiones, es cierto, las mejores respuestas se encuentran en lugares insospechados. Antes de formalizar el invento, Dyson estuvo probando diversos prototipos, pero tuvo muchas dificultades de encontrar un fabricante y una empresa que diera respaldo a su idea.

Afortunadamente, lo logró gracias a una veterana manufacturera británica llamada Rotork, en donde había trabajado con anterioridad. Esos primeros tiempos no fueron fáciles. Construido por el fabricante italiano de electrodomésticos Zanussi y vendido por Kleeneze a través del catálogo de pedidos por correo, el Kleeneze Rotork Cyclon se convirtió de facto en el primer aspirador de diseño de Dyson. Eso sí, solo se vendieron unas 500 unidades en 1983. Pero eran los comienzos.

En esa fase de definición del proyecto se cruzó por el camino la firma japonesa Apex, que otorgó licencias para la comercialización de los productos en el país. Con el dinero obtenido se fraguó la empresa bajo el nombre de Dyson Appliances Ltd. El primer aparato, el DA 001, lo produjo la compañía estadounidense Phillips, con la que tuvo algunas trifulcas empresariales y acabó cortando la alianza tiempo después (1993).

Tras ese periplo, la firma se desdobló, abriendo diversas cadenas de producción en ciudades como Chippenham, al oeste de Londres. Con el tiempo se idearon nuevos aparatos, logrando así sustituir el DA 001 por otro más avanzado llamado DC01, y más tarde otro de estética más circular, el DC02. Una de sus aportaciones ha sido, por ejemplo, utilizar un separador ciclónico, es decir, un equipo utilizado para separar partículas sólidas suspendidas en el aire, lo que permite eliminar el polvo y otras partículas de la misma corriente.

Infracción de patentes y espionaje industrial

Con el reto de revolucionar los electrodomésticos, Dyson invirtió años más tarde, en 2014, en un laboratorio de robótica con el apoyo de Imperial College de Londres. Su cometido es investigar nuevos sistemas de visión para poner en marcha una generación de robots domésticos. Una decisión cuestionada, sin embargo, fue la decisión de trasladar parte de la producción a Malasia. Fue en 2002. Pero no ha sido el único aspecto controvertido de la trayectoria de la empresa. Ha interpuesto numerosas demandas por supuestas infracciones en patentes a firmas como Samsung, Qualtex, Anway o Vax, obteniendo el respaldo legal en la mayoría de ellas.

El espionaje industrial también ha estado presente en su trayectoria. En 2012, Yong Pang, un ingeniero especialista en motores eléctricos, fue acusado de robar la tecnología del motor digital de Dyson, diseñado para futuros proyectos. La demanda acusaba a Bosch de haber pagado para obtener esos planos mientras Pang trabajaba para la compañía.

Inversión, inversión… hasta en coches eléctricos

En la actualidad, la firma británica ha apostado por el I+D. Según los últimos datos conocidos (principios de 2017), invierte unos 30 millones de euros cada mes en investigación de nuevos productos, convirtiéndose así en el inversor más importante de todo el Reino Unido en robótica y proyectos de inteligencia artificial. Para ello, emplea a más de 3.500 ingenieros y científicos. Entre otros aspectos curiosos, el empresario, nombrado Caballero de la Orden del Imperio Británico (1998), ha apoyado públicamente el Brexit. Como curiosidad, ocupa el número 164 de las personas más ricas del mundo (según datos de Bloomberg) gracias a su patrimonio de 8.830 millones de dólares.

Su esfuerzo por intentar agitar el diseño industrial le ha llevado, incluso, a considerar la oportunidad de fabricar un coche eléctrico. Ya hay planes, según destaca «The Wall Street Journal», para ponerlo en marcha en 2020. De momento, ha trascendido que cuenta ya con un equipo de 400 trabajadores para hacerlo real. ¿Podrá hacerle así la competencia a otros veteranos en estas lides como Telsa? Por ahora no deja de ser un proyecto por el que se espera una inversión de 2.600 millones de dólares.