Detalle de un drone volando
Detalle de un drone volando - REUTERS
ANÁLISIS

El «far west» de los drones

Los profesionales del sector reclaman más medidas para su uso en el ámbito lúdico

MADRIDActualizado:

Se ha producido un viraje en el último año. Los drones se han convertido en un dispositivo que, bajo la concepción errónea de juguetes, han aterrizado en el mundo del consumo como uno de los principales regalos estrellas. Al calor de los tiempos y la reducción de costes en su fabricación, han surgido numerosas empresas que proporcionan servicios operando con estas aeronaves.

Su uso, bajo la normativa actual, la cual se encuentra en revisión hasta su posible actualización en la próxima primavera, está soportado por unos altos requisitos, que obligan a los operadores a acreditar plenos conocimientos de aviación, siendo la zonas de pilotaje uno de los aspectos que mayor controversia genera. Según pudo saber ABC recientemente, la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), que se encarga de regular el sector, permitirá el vuelo de drones en zonas urbanas «siempre y cuando se presente un plan de seguridad», una medida que se incluirá en la actualización de la normativa.

Sin embargo, y pese a los esfuerzos de empresas del sector y instituciones gubernamentales, su uso lúdico se va extendiendo poco a poco en la población. Adquirir un drone por cien euros es posible en diversos comercios y tiendas. Pero, los que contemplan pesos por debajo de los 25 kilogramos no deben estar inscritos en el registro de aeronaves ni contar con certificados de aeronavegabilidad. Por lo pronto, existe un cierto limbo legal a la hora de utilizarlos como juguetes. La normativa es clara al respecto de los vuelos recreativos: no se pueden superar los 120 metros de altura, los daños son responsabilidad de la persona que lo maneja y tampoco se puede volar en zonas urbanas, entre otras cuestiones.

Multas por uso indebido

Ante el riesgo de que su popularización se extienda entre la población, AESA ha insistido en reiteradas ocasiones que el «uso imprudente de un dron puede tener consecuencias para otras personas» y puede acarrear multas de hasta 225.000 euros. Actualmente, se las considera aeronaves, por lo que están sujetos a la normativa general redactada en los artículos 150 y 151 de la Ley 48/1960 sobre Navegación Aérea. Sin ir más lejos, durante este año se han impuesto hasta 24 multas por un importe de 185.500 euros. Recientemente, un informe presentado a la Administración Federal de Aviación (FAA) ha solicitado la necesidad de que los aviones no tripulados requieran de registro para su uso, tanto a nivel empresarial como lúdico, según informa el medio especializado «The Verge».

El grupo de trabajo está formado por empresas como Google, Amazon y Walmart, que tienen intereses particulares en este ámbito. Sus recomendaciones, dada su fortaleza económica, puede influir en las decisiones de los reguladores, teniendo en cuenta que esta nueva industria está creciendo rápidamente sobre todo en el ámbito privado. Estas solicitudes, entre otras, destaca la existencia de drones de menos de 250 gramos de peso que, al no suponer una «amenaza sustancial para la vida humana», estarían exentos de registro. Los propietarios de drones de mayor peso deberán, por tanto estar supervisado por los reguladores, y rellenar un formulario online para obtener un certificado. Incluso se aconseja la creación de un curso online que deberán superar los usuarios con edades de más de 13 años.

En España, las empresas del sector reclaman que las medidas aplicadas a los operadores profesionales se equiparen, en mayor o menor medida, al ámbito del ocio. La posibilidad de una caída del aparato es más alta al pilotarse por control remoto, siendo esta una de las razones por las que AESA solicita la presentación de una licencia específica. La Agencia recuerda que el uso de un dron como hobby o vuelo recreativo no necesita habilitación del regulador, pero sí debe cumplir las normas de seguridad. «Puede ser igual de peligroso [cuando se vuela en un parque, por ejemplo]. A nosotros nos interesa que las cosas se hagan bien. No se puede permitir que se manche el nombre de los drones porque haya personas que se compran un juguete y pongan en peligro a alguien», señala Pablo Flores, responsable de ingeniería y formación de Aeromedia Films, firma ubicada en Oleiros (A Coruña).

Controversia con el registro

«Particularmente, estaría de acuerdo que se regulara también a nivel lúdico para poder licenciarlo [el dron] o volarlo en un aeroclub para hacerlo en condiciones de seguridad», agrega. «La máxima preocupación de los organismos gubernamentales es parar esa avalancha para que se haga en condiciones de máxima seguridad». En la misma línea apunta Mara Rodríguez, operadora de Air Drone View, ubicada en Badajoz (Extremadura), quien considera que debería restringirse un poco el uso porque la línea que separa el ocio de la actividad profesional es muy delgada. «Hemos tenido que pasar un filtro de requisitos y hay gente que se escuda en que es por hobby para realizar ciertas actividades. Si hubiera un registro de drones con su número de serie estaríamos de acuerdo».

«Hay mucha gente que se lo toma como un juguete. Son muy divertidos, sí, a nivel de ocio está fenomenal, pero no se puede controlar a día de hoy si una persona lo utiliza para fines recreativos, tampoco nadie garantiza si la persona en cuestión conoce el mundo aeronáutico, que te capacita para volar», apostilla en declaraciones a ABC. Por su parte, el director de la empresa valenciana Drone Spain, Jaime Guillot, cree que alguno de estos juguetes («por decirlos de alguna manera») superan el kilo de peso y volar a cincuenta metros «supone un riesgo personal e, incluso, material».

A su juicio, se debería contemplan cierta regulación dentro de la categoría juguetes. «Deberían pasar una regulación como pasamos los profesionales», insiste. La situación actual -dice- recuerda en parte al auge hace dos décadas de los ciclomotores que no superaban los 49 centímetros cúbicos. «Eran como juguetillos, pero tenían que cumplir su matriculación y su seguro». Sin embargo, tampoco está a favor de expedir licencias. «Es sencillo: ‘¿Quieres volar en el ámbito del ocio? Pues ve a una zona de aeromodelismo. ¿Quieres dedicarte a nivel profesional? Date de alta».

Zonas rojas automáticas

Hay otros casos paradigmáticos, que demuestra el cariz que está tomando esta tecnología. Prosegur, firma de seguridad privada, se ha convertido en la primera empresa en ser autorizada por el Ministerio de Fomento para recibir un licencia expedida por AESA que le permite realizar tareas de vigilancia con drones, aunque su uso se limitará a interiores, zonas de difícil acceso o infraestructuras peligrosas para la seguridad de las personas.

Para evitar males mayores, el principal proveedor de drones del mundo, DJI, ha actualizado recientemente el software que permite controlar sus aparatos para restringir, de forma automática, el vuelo en determinadas zonas en las que por ley se prohíbe volar. Entre esas zonas se encuentra España. Se hará gracias al sistema de geoposicionamiento que llevan incoporados que detectará las zonas sensibles, como aeropuertos, estadios o embajadas. Desde la página de la empresa china se detallan en un mapa con los lugares exactos en los que se impedirá acceder.