Sociedad

El tuk-tuk hace furor en Lisboa

Los conductores de estos pintorescos vehículos arrasan de abril a septiembre cobrando 70 euros la hora mientras desvelan a los turistas los secretos de la capital portuguesa

El tuk-tuk hace furor en Lisboa
FRANCISCO CHAC√ďN - abc_conocer Corresponsal En Lisboa - Actualizado: Guardado en: Sociedad

Bienvenidos a la ciudad más «cool» de Europa, tal cual certifica la mismísima CNN. Lisboa. Aquí, en este feudo de contrastes donde el fado convive con la electrónica más moderna, arrasa un vehículo con reminiscencias vietnamitas, camboyanas o indonesias. Hablamos del tuk-tuk, convertido en el medio de transporte turístico por excelencia en cuanto llega el buen tiempo, de abril a octubre.

Rodeados de tranvías como en los tiempos de Pessoa, estos híbridos entre un sidecar reciclado y un mini descapotable, toman las calles para sacar rentabilidad a los itinerarios de aquellos visitantes que aún no conocen bien los encantos de la capital portuguesa. Están por todas partes, con su «look» pintoresco y sus puertas abiertas para disfrutar del aire que llega desde la desembocadura del río Tajo y el Océano Atlántico.

Resultan ideales para sortear las innumerables cuestas que jalonan «la ciudad blanca», según diría el fallecido cineasta suizo Alain Tanner, quien plasmó a la perfección su encantadora y perenne decadencia en brazos de un magistral Bruno Ganz transmutado en marinero alemán perdido en los callejones de la Alfama.

El característico empedrado castiga las suelas de los zapatos y el cansancio hace mella, por si fuera poco aliado con el calor y la humedad. De modo que la elección está servida, especialmente porque el arquetípico tranvía 28 se satura cada día en su recorrido entre Graça y Prazeres.

Los curiosos se agolpan en los restaurantes, heladerías y tiendas de la Baixa (una de las escasas zonas llanas de Lisboa), mientras las filas de tuk-tuks campan a sus anchas en la plaza de Figueira y junto a la catedral. Franceses, alemanes, británicos, españoles, holandeses, belgas, daneses, suizos, noruegos, finlandeses, norteamericanos y japoneses se dejan seducir por los placeres locales y así se fragua el caldo de cultivo para los conductores más avispados.

Su estrategia no puede ser más simple: se cercioran del idioma que hablan los transeúntes y los abordan exclamando: «¡Familia, que os he oído hablar castellano! ¡Montad conmigo, que os enseño la ciudad y os explico todo!» o expresiones equivalentes en inglés o francés.

Lo cuenta a ABC un joven vasco llamado Aitor González, metido en estas lides por casualidad, como les sucede a muchos extranjeros que realizan semejante labor para poder residir una temporada en esta preciosa ciudad.

«Yo empecé como conductor de tuk-tuks de la manera más tonta: me había subido a uno de ellos con unos amigos. Éramos unos clientes más, dispuestos a recrear el sentido de la vista con las maravillas que aquí se pueden encontrar. Pero perdí la cartera, así que llamé a la compañía para intentar recuperarla. Me dijeron que se habían dado cuenta de que tengo carné de conducir y, de repente, me llevé la sorpresa de que me ofrecieron trabajo. Me dijeron si estaría disponible para quedarme unos meses en Lisboa y trabajar en esto», declara el muchacho, quien ejerció en estos lares como estudiante con una beca Erasmus.

Pueden contabilizarse entre 10 y 12 empresas similares, dedicadas a comercializar el alquiler de estos pintorescos vehículos. El precio estándar se sitúa en 70 euros la hora, incluyendo las explicaciones del chófer a propósito de los lugares donde se detiene.

Durante esos 60 minutos, los viajeros se ponen en sus manos, ya que anhelan contemplar los rincones más significativos y ellos se han hecho expertos en la materia. La ruta de los miradores (Santa Luzia, Portas do Sol, Nossa Senhora do Monte...) constituye una parada obligatoria, al tiempo que un valor seguro para cautivar a los turistas. Hay quien se atreve a regatear el coste de la carrera, y a veces hasta es posible, aunque la mayoría de los conductores tienen muy claro su papel.

El Ayuntamiento socialista de Lisboa concede las licencias municipales, reguladas para las firmas del sector hasta el punto de establecer determinados puntos de recogida. «No podemos aparcar en cualquier sitio», admite Aitor, «porque, si no, te arriesgas a tener que pagar una multa de entre 30 y 120 euros».

Un compañero suyo, Thomas Vinterberg, hace hincapié en que las personas que se ganan la vida de esta forma son capaces de contar la historia de los monumentos en diversos idiomas. Entonces González se hace notar de nuevo para relatar que ha llegado a rescatar sus conocimientos de euskara con tal de contentar a unos clientes. Obviamente, no queda ni rastro de los tuk-tuks cuando irrumpen el otoño y el invierno. Sin embargo, ahora florecen en todo su esplendor.

«¿Tenéis algún truco para hacer caja?», le preguntamos a Eric Delanoy, natural de Cannes y rendido ante la belleza lisboeta. «Sí, nos ponemos por la mañana cerca de los hoteles más caros [en la Avenida da Liberdade], y así captamos a turistas como uno que encontré ayer: le tenía que cobrar 100 euros y me pagó 150 porque me dijo que le caí bien».

Por su parte, los visitantes salen encantados, con comentarios tipo «qué gozada de ciudad» o «menos mal que nos subimos a un tuk-tuk porque ya no podía más con los pies». Eso sí, a los taxistas no les hace ninguna gracia el «boom» de estos vehículos.

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