Entrevista

Max Trejo: «La presencia de jóvenes en algunos partidos políticos es una simulación»

El secretario general de la Organización Internacional de la Juventud (OIJ) clama como voz autorizada contra la desigualdad que se vive en la región de Iberoamérica, acentuada en el caso de los jóvenes, con tasas de desempleo que duplican y triplican las de la población adulta, dice

Max Trejo, en un momento de la entrevista concedida en la sede de la OIJ en Madrid
Max Trejo, en un momento de la entrevista concedida en la sede de la OIJ en Madrid - FOTOS: ERNESTO AGUDO

A sus 33 años, Max Trejo es un joven al frente de un organismo de jóvenes, el primero que podría tener entidad de agencia de Naciones Unidas sin serlo. Porque el mundo carece de una organización que defienda los intereses de millones de personas con hábitos y anhelos compartidos y diferentes a los de otros segmentos de la población. Solo en Iberoamérica son más de 160 los millones de jóvenes.

La Organización Internacional de la Juventud (OIJ) ha viajado, con Trejo en cabeza, a la reciente Cumbre celebrada en Cartagena de Indias con una agenda paralela y transversal a la de los cancilleres de 22 Estados allí reunidos. Trejo ha logrado arrancar de los países de habla hispana congregados en la ciudad colombiana un compromiso en firme de que serán atendidas las necesidades de esas 160 millones de personas. Elegido secretario general de la OIJ el pasado diciembre, este mexicano recibe a ABC en la sede de la organización, en el corazón de Madrid.

Educado y de gusto refinado, paladea en la misma conversación tanto los sinsabores de miles de jóvenes indígenas sin capacidad económica para ir a la Universidad en Centroamérica como de los jóvenes españoles que ansían un puesto de trabajo digno.

¿Cuál es la transformación y renacimiento que ha vivido la OIJ?

La OIJ ha estado inmersa en un gran proceso de transformación. Tuve la oportunidad durante los dos años anteriores de ser secretario general adjunto en funciones, porque el anterior salió. Nos transformamos como organización internacional: dejamos de ser la Organización Iberoamericana de Juventud y nos convertimos en el organismo internacional de juventud para Iberoamérica, que ahora en el marco de la Cumbre ha vivido su acto de refundación. Lo hicimos porque no puede haber un organismo para la juventud que casi no tratara con los jóvenes.

Estoy convencido de que usted casi no conocía este organismo, no hay que engañarse. Trabajaba con las instituciones, es decir, daba asistencia técnica a los órganos de juventud de los países. El cambio de nombre no es puro marketing, no es un «branding», sino un cambio en el modelo de actuación. Tenemos que pasar a ampliar nuestra actuación en los países, somos una plataforma de gobierno, tenemos que trabajar con entes como la salud, la educación y el empleo, por donde pasa la política pública de juventud, pero también tenemos que articular nuestra acción, por ejemplo, con la cooperación internacional. La cooperación al desarrollo siempre ha tenido poca cara joven, pero la poca que tiene se duplica, se dispersa, se cruza y no se está maximizando ese recurso. Vamos a vincularnos mejor con el sector privado y también a la agenda pública, hay que conectar mejor con la Universidad, en pocas palabras, ser un punto de encuentro entre la agenda de gobierno con la agenda de la sociedad civil. Ser en sí una plataforma de acercamiento a los jóvenes más allá de las instituciones, trabajar más con las personas. El cambio de modelo es eso: trabajar más con las personas a través de programas, proyectos o iniciativas.

«Queríamos sacar las ideas de los despachos lujosos que tienen los cuerpos diplomáticos y acercar esas idea a la calle»

Nosotros quisimos cambiarlo, porque todas las instituciones se adaptan a estos momentos de cambios tan vertiginosos. Queríamos sacar las ideas de los despachos lujosos que tienen los cuerpos diplomáticos y acercar esas ideas, ese conocimiento, a la calle. Implementar el conocimiento en favor de los jóvenes, vimos la oportunidad de hacerlo ya que había una cumbre de jefes de Estado en Colombia e iba a ser sobre emprendimiento y educación. Y diez años después se ha celebrado una cumbre de juventud, y probablemente pasen otros diez años antes de que se celebre otro.

Cambiar no es solo el nombre, sino también de modelo. Por ejemplo, este organismo no trabajaba en uno de los retos principales, que es el tema del empleo. En todos los países de nuestra región tenemos un grave problema con el tema del empleo.

Y otra cosa por la que cambiamos es porque el joven de hoy no tiene nada que ver con el joven de hace 20 años, ni siquiera con el de hace 5; el joven de hoy es un sujeto de derecho, actor estratégico de desarrollo, pero había que reconocerle tres capacidades: el joven como actor político, por esa capacidad de transformación social de la que es capaz, por esa capacidad de sumar transformaciones en los países, es un componente clave de los jóvenes -más allá de los «millenials», la generación Z-, el hecho de que son nativos digitales, con la información y el conocimiento que ello conlleva. Aquel joven local, aquel que conoce su realidad más cercana con un contexto global, es el joven de hoy.

Hábleme de la Cumbre Iberoamericana, centrada en el lema «Juventud, Emprendimiento y Educación». ¿Qué temas se abordaron desde la OIJ?

Teníamos una oportunidad inédita, y quisimos entrar en la construcción de un gran pacto social. ¿En qué se va a traducir ese Pacto alcanzado? Hay un desbalance o desajuste en la juventud actual (entre jóvenes indígenas y jóvenes universitarios), más allá de la diversidad de la juventud, hay desigualdad entre las personas jóvenes. Por un lado, tienes a personas jóvenes con las condiciones favorables para llevar a cabo su vida y ser protagonista de su trayectoria vital; por otro lado, tienes a jóvenes que sufren cada día para cubrir sus necesidades básicas, que son excluidos, muchas veces marginados. Es un desajuste y es propio de nuestra región esta desigualdad, pero se acentúa en las personas jóvenes. Tenemos tasas de desempleo que duplican o triplican la de las personas adultas, también la línea de la pobreza, las dificultades para el emprendimiento... Hay una serie de barreras de desigualdad que afectan especialmente en este ciclo de vida que son los jóvenes. Entonces, lo que tiene que hacerse es priorizar y pasar del discurso político a la acción política y en un marco de reunión de jefes de Estado, se debe pasar de la comunicación política a la acción.

«El desajuste que se vive en nuestra región de Iberoamérica se acentúa en las personas jóvenes»

Cita usted empleo, desigualdad, educación... ¿Son los tres deberes pendientes en lo que a juventud se refiere?

Hay muchos más. Hay temas como la salud sexual y reproductiva, como la necesidad de salir del aislamiento... Hay muchos déficits, pero también hay muchas oportunidades. No me quiero centrar solo en lo negativo, porque es cierto que tenemos estos déficits con las personas jóvenes, pero para ello hemos sacado adelante ese pacto social con lo que precisamente primero emprenden socialmente, que son los Estados. El Pacto en Cartagena es un suma de voluntades para multiplicar resultados, que es lo que es un pacto en sí. Planteamos un Pacto a la Secretaría General Iberoamericana y lo adoptó y se lo agradecemos. Construimos este pacto, que románticamente algunos decían que era un nuevo contrato social, una estrategia regional en materia de juventud, pero es un pacto social y lo construimos con los jóvenes, porque queríamos salir del esquema fijado en las Cumbres, que en algunas ocasiones convierten las reuniones de jóvenes en algo más decorativo que efectivo.

Nosotros queremos a los jóvenes participando, nos concentramos en transformar la doble cara de la moneda que tenemos en nuestra región. Recogimos las neuronas de los jóvenes, esas ideas que sumadas a la reuniones ministeriales previas a cualquier cumbre de estado, más otros foros importantes con conclusiones potentes, hicimos un análisis y procesamiento de las ideas. A continuación se consensuaron las bases del acuerdo (aprobado en la cumbre). Lo que sí pusimos sobre la mesa -y en política los códigos importan mucho- es que sí queríamos que fuese un pacto social, que fuera un documento único. Muchas veces en los documentos de las cumbres se meten párrafos redondos que dicen mucho y con los que se actúa poco. Esta vez queríamos que fuese un documento que se centrase en acciones concretas, esto es, programa, proyectos o iniciativas que transformen la realidad juvenil de la que hablamos.

¿Pero cuáles son esos objetivos concretos? Deme datos...

Hay una estrategia con índices para medir el impacto. Tiene que haber un compromiso para reducir el desempleo. Reducir esas barreras que tienen los jóvenes para el emprendimiento, apostar por fortalecer sus capacidades y habilidades, las que demanda la cuarta revolución industrial, las que se demandan actualmente, ya no que se formen en oficios tradicionales, como la carpintería o la herrería, sino apostar más por aquellos empleos que tienen que ver más con la cuarta revolución industrial, que son industrias creativas, empleo verde, la economía naranja y capacidades digitales.

Trejo, en la sede de la OIJ en Madrid, no olvida su país natal. En su mesa, la bandera de México
Trejo, en la sede de la OIJ en Madrid, no olvida su país natal. En su mesa, la bandera de México

Me refiero a un programa de formación en habilidades digitales (Big Data, hlm3, programación Ruby...), que los gobiernos en sus líneas de formación apuesten por ellos. Pero también el sector privado, hay empresas aquí como Google o Telefónica que vienen apostando muy fuerte por ello. En suma, se debe facilitar el emprendimiento por medio de la formación de habilidades digitales y socioemocionales, promover su participación, que era algo muy reclamado por las personas jóvenes.

Lo que nosotros planteamos es promover la participación a través de un programa iberoamericano de voluntariado, que hay que reconocer que no es la única forma de participación, pero sí a lo que aspirábamos en el pacto es a que se iniciaran acciones concretas que llevaran a exponer la importancia de esta política sectorial. Y es ya un compromiso concreto que se le hace a los presidentes de los 22 Estados para reorientar recursos dentro de los países.

Hay también un programa para potenciar la participación política de mujeres y jóvenes, porque la política del siglo XXI ya no se basa en la política del siglo XX, que se centraba solo en el acuerdo. Vemos lastimosamente que algunos países no llegaban ni al acuerdo base. Pero la política del siglo XXI se basa en la colaboración, ya no en la concertación de intereses separados, sino en una colaboración conjunta, recuperar ese sentido de la política como construcción... Así que queremos hacer un programa de liderazgo político de los jóvenes donde lo que procuramos es eliminar el revanchismo político que sucede y que no fomenta la estabilidad de los países.

A propósito de ese poder político reivindicado por los jóvenes, ¿estamos viviendo un cambio de paradigma en los partidos políticos como en España, donde la media de edad de los «primeros espadas» de las formaciones ha caído?

Hay unos partidos en los que es simulación y otros en los que es realidad, hay mucha simulación política. Muchas veces los colocan por seguir con los intereses de las personas mayores, un mero titiritero, en algunas ocasiones se da y hay que señalarlo también.

Pero yo voy a un contexto más global: estamos en una realidad, en una transformación constante, más si cabe en los últimos cinco años. Quienes lo analizan saben que va a ser así, cada vez vamos a realidades más dinámicas y profundas; y son los jóvenes los que vienen transformando mucho estas cuestiones. Vayámonos, por ejemplo, al sector privado: los pilares del libre mercado vienen siendo los jóvenes disruptores, los que vienen transformándolo todo. Te doy un ejemplo: la transformación de servicios a través de la digitalización, en cuantos sectores como la movilidad, el hospedaje... tiene componentes digitales que están transformando el servicio. Y así en diferentes ámbitos, en donde son las personas jóvenes las que lo cambian. Por primera vez en nuestra historia hay una generación menor, no solo los «millenials», ya incluso me voy a la generación Z, nacidos en los 90, que tienen más experiencia que las personas mayores, mayor experiencia en el uso de una herramienta que está ayudando a transformar todo con esa capacidad digital real innovadora, con ideas frescas... Por eso hablaba de que es una oportunidad, así como tenemos barreras y déficit, también tenemos una oportunidad con ellos.

«Los pilares del libre mercado son los jóvenes disruptores, que transforman la realidad con su capacidad digital innovadora y fresca»

Tenemos a la generación mejor educada de la historia. Se prepara de forma continua, buscando nuevas fórmulas de webbings.... son nativos digitales y se adaptan de forma casi intuitiva. Son jóvenes muy sociales, no son egoístas, con nuevas medidas de interacción. Por eso digo que las características de estas personas jóvenes, y más con el «mono» demográfico que tenemos en nuestra región, con más de 163 millones de personas, representan una auténtica oportunidad.

Lo que queremos es que los países vean a los jóvenes como una oportunidad, que les demos las fortalezas, capacidades y habilidades para que esta transformación sea en beneficio de nuestros países y le comentaba lo que sucede en los pilares del libre mercado. Sobre su pregunta inicial, pues naturalmente si lo son en el sector privado lo van a ser en el sector público, va a suceder así, tiene que haber un diálogo intergeneracional. Es necesario también porque el manejo de la experiencia de la herramienta con esos valores intrínsecos que tienen es algo muy positivo. Van a romper techos también en lo público, porque al fina y al cabo hay un descontento de la gente joven porque la política del siglo XXI se tiene que basar en resultados, no en simulación.

No se están dando esos resultados en los partidos tradicionales, así que se están colocando caras nuevas en los partidos, habrá que ver si tienen las capacidades, lo que es un hecho es que en política se tienen que dar vocaciones y ver los resultados.

Al hilo de esto, tenemos «fotografías» en nuestra región, como las manifestaciones en Chile para mejorar la educación; y en Guatemala, cuando en la plaza central se dio lo nunca visto: un presidente, una vicepresidenta y cuatro ministros cayeron con una manifestación y una indignación muy fuerte de las personas jóvenes contra la corrupción. ¿Cómo se articularon? Se hicieron llamar «Grupo 23 de abril» por las redes sociales. Ellos mismos decían «esto apenas comienza», porque el joven no se va a conformar con que un político no sea corrupto; el joven lo que va a pedir es que tenga más capacidades, quiere que haya resultados, prosperidad, mejores niveles de vida, que haya menos déficits sociales y más ilusión.

Confío mucho en que la generación Z va a ser disruptiva, pero tenemos que procurarla muy bien y lo tenemos que hacer desde los Estados, invirtiendo más en juventud. Tú ves a la democracia como un lugar de conquista, la generación Z tiene que verla como un factor de servicios: qué me ofrece, qué me da y la cuestiona. La ve como un «delivery», como un servicio. Redondeando la pregunta, sí, es necesario que se incorporen más jóvenes a la red pública, es necesario abrir espacios, pero basados, como todo buen sistema, en el mérito y la capacidad, no en el amiguismo, el compadreo, o en situar a una persona solamente por renovar ciertas bases.

Los jóvenes vienen muy preparados y están capacitados para transformar lo público.

Cada vez están más formados, pero cada vez son más precarios y sus sueldos son más bajos. ¿No se está remunerando la mayor formación de nuestra juventud? ¿Y cómo ve el panorama en España, se les paga cada vez peor, hay más descontento...?

El talento está muy bien distribuido en nuestra región, pero puedo decir que no están tan bien distribuidas las oportunidades. Y ahí también habrá proyectos e iniciativas que deben mejorarlo, todas las políticas sectoriales son importantes. La inversión en juventud es muy importante para el desarrollo de los nuevos paradigmas, esta vida lineal de escuela-trabajo-casarme ya cambió, ¡aceptémoslo! Es una realidad, hay una mutación del empleo, y esto lo está estudiando muy bien la OIT (Organización Internacional del Trabajo): los jóvenes se están adaptando a los cambios, incluso se habla de que el 60% los nuevos empleos aún no se han creado, eso representa una oportunidad. El ser humano siempre se adapta y tiene capacidad para ello, pero entonces tenemos que darle las habilidades y las capacidades a este grupo que está formado para conectar con las mejores oportunidades y crear unas nuevas, por las que nos veamos todos beneficiados. Por eso, la apuesta desde esta OIJ es posicionar a las personas jóvenes de una forma real como actores estratégicos de desarrollo. Ya no se puede dar esa visión de los jóvenes en las casas de la cultura o en las ciclovías, en puestos pequeños, sino como un actor estratégico del desarrollo de nuestros países.

Es necesario reducir condiciones que pesan hoy como la precariedad del empleo, tenemos que atenderlas con mayor inversión, impulsando las políticas públicas e incidiendo en mejores cosas. Tenemos soluciones para ello. No hay soluciones mágicas, sino soluciones a la vista. Hay que extraer compromisos de los estados.

«Tenemos a la generación joven más formada de la historia»

Observamos también como oportunidad, además de la creación de nuevos empleos, este espíritu emprendedor que se da en muchos de nuestros países y hay que apostar más por ello. Claro que en los jóvenes hay un desencanto, pero porque no hemos hecho una pedagogía real. Las nuevas demandas de empleo ya no van a ser igual que los oficios tradicionales, el que estudiaba todo el tiempo Derecho, Medicina... ya no termina haciendo lo mismo. Esto ha cambiado.

De todo el área en el que trabaja la OIJ, ¿cuál es su espinita, cuál es la juventud que a día de hoy más le preocupa?

Más que un país, me preocupa una temática, precisamente relacionada con el empleo, clavada en el corazón de Brasil, la cadera de Honduras o la cabeza de España. Es una espina que está presente en todos los países, el empleo es algo que afecta a los jóvenes, estas barreras que incluso triplican el empleo en las personas adultas que les impiden salir o emprender o emanciparse y que traen como consecuencia salarios bajos, la precariedad, que citaba usted antes, la falta de construcción de una identidad propia y de un proyecto de vida, que es lo que te da el empleo, para poder desarrollarte y avanzar... Es una espina que nosotros tenemos que atender. La juventud y el pacto de la cumbre es un cohete que despega, nos pensamos agarrar de él para que en cinco años se reduzcan esas tasas de desempleo de la juventud, homogéneamente.. que sean las personas jóvenes las que se encarguen de esos empleos verdes, de la economía naranja, de las industrias creativas, y la transformación de los empleos que tienen que ver con la digitalización.

Los jóvenes pueden reducir la brecha, porque tienen las capacidades, las habilidades y las ganas y van a crear oportunidades. No tengo dudas de ello, pero de lo que tengo duda es de que los gestores públicos lo vean.

La espina más fuerte es el empleo, pero nos la podemos quitar, tenemos los elementos para extraerla y tener mejor panorama.

Es un buen mensaje, porque en la calle no sé si sienten y tienen tan claro que se va a lograr reducir el alto índice de desempeño...

Cuando te formas, refuerzas las habilidades. Si la mayoría de las cosas van a venir por la transformación de los servicios digitales, déle las nuevas herrramientas digitales para que esa gente de la calle que usted menciona cuente con ello; quizás no lo sienten porque no les estamos dando las cualidades suficientes para que lo sientan. Eso es lo que el OIJ quiere procurar y nosotros estamos muy motivados para ser un buen laboratorio de ideas en este sentido. Tenemos lo principal, que es el talento de 160 millones de personas que van a transformar la región.

«La "espinita" clavada es el empleo, pero nos la podemos quitar, tenemos los elementos para extraerla»

Es verdad eso que dice de la calle, pero espero tener otra entrevista cuando podamos sacar esas ideas de los despachos lujosos, de la diplomacia y llegar a la calle. Ya no basta con generar conocimiento en los organismos internacionales. Lo que hay que hacer es implicarse en la implementación de ese conocimiento y bajarlo a la calle. Eso es lo bonito que va a tener mejorar la política por parte del ciudadano.

¿Existe un "apartheid" político para los jóvenes menos preparados?

El modelo danés, el sueco y el finlandés son los mejores sistemas educativos, según la OCDE; también Corea del Sur. En lo que respecta a Educación Terciaria, en nuestra región solo el 10% está accediendo a la educación universitaria y se ha logrado elevar hasta en un 6%. También se da que el 60% de los universitarios en nuestra región es la primera vez que estudian en sus familias, lo cual va a cambiar completamente el panorama de las familias, porque el hijo va a saber más que el padre. Vivimos en un contexto global, pero en un país, muchas veces la Educación terciaria ocupa un lugar secundario. Tenemos un déficit muy importante y la educación es la herramienta clave para el desarrollo, también padecemos un gran desbalance: nuestros países tienen que invertir mucho más y mejor; no es gastar, sino hacer un cambio del gasto público.

Lo que sí te puedo decir es que hay un desajuste entre la formación del sector educativo y lo que demanda el mercado, y esto es algo a lo que tenemos que atender inmediatamente, requiere de un diálogo social y también del sector privado y el Estado, un diálogo tripartito para cerrar el desajuste. Vemos a muchos jóvenes desencantados al los que hemos procurado plazas, formados en una carrera y cuando salen de la Universidad, se encuentran con que tienen que trabajar en otras cosas, no en aquello en lo que se han formado. Y esto hablando de educación formal, porque es peor para aquellos que ni siquiera tienen esta educación formal. Hay y debe haber una reorientación de las capacidades que se van a requerir en los próximos años, las carreras y la propia formación.

«Los "ninis" son un colectivo muy vulnerable socialmente, que acaban vinculados en algunos países a sectores nada positivos como el crimen organizado o las drogas»

Soy muy optimista porque los países tienen un nivel puntero de formación, pero lo bueno que nos da ahora la interconexión es que hoy en día puedes tener formaciones a la medida en menos tiempo, es una oportunidad muy grande. Tú puedes hacer cursos online, te certificas y de inmediato lo implementas. Es una oportunidad para reducir la educación no formal, la gente que no estudia y no encuentra trabajo. Los «ninis» son vulnerables socialmente, se vinculan entonces en algunos países a sectores nada positivos como el crimen organizado, las drogas u otros elementos que le ofrecen mayor protección social que el Estado.

En conclusión, primero, la educación formal tiene que adaptarse a las nuevas necesidades que vamos a tener en nuestros tiempos, el mercado se tiene que adaptar a los nuevos oficios y profesiones, y lo tenemos que hacer urgentemente; y la otra, en lo que atañe a la educación no formal, se deben eliminar las barreras acercándoles a la educación digital.

Deme un ejemplo de país que nos sorprendería por su nivel de formación, cuasi desconocido para el público en general, de todos los países que integran la OIJ...

El que siempre ha sido el más educado, digamos con un buen sistema educativo, ha sido Uruguay, que es la llamada «Suiza de América»; y el que ha avanzado mucho es Chile, sin duda.

...y el país que le sigue preocupando porque su sistema educativo no termina de despegar

En la región centroamericana hay alertas muy importantes de jóvenes captados por el crimen organizado, pandillas y delincuencias. En todo ello perdemos un capital social importantísimo para nuestros países y la región, porque tiene que haber mayor intervención del Estado y una comunión de la sociedad. Como le decía antes, la política del siglo XXI es colaborativa, y el primero que lo tiene que entender es el «argot político», dejarse de tanta tontería, y entre todos construir mejor ambiente y personas y también con ello una mejor sociedad. En la actualidad, en todos los problemas de la juventud, estamos sobrediagnosticados, no sobreactuados. Hay que iniciar una política que coloque recursos a las políticas públicas hacia los jóvenes.

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