Enfermedad del siglo XXI

La soledad, una enfermedad que podría convertirse en epidemia

Ignorada durante décadas, la soledad provoca en jóvenes y mayores daños comparables a los de la obesidad

Los expertos advierten que de no tomarse medidas, podría convertirse en una epidemia en 2030

Laura, en medio, acompaña a Juana y Ángeles
Laura, en medio, acompaña a Juana y Ángeles - Maya Balanya
JOSEFINA G. STEGMANN Madrid - Actualizado: Guardado en:

«La soledad es a veces como una tormenta de verano. Viene de repente y se apodera de uno». Esta frase podría ser de una novela o de una película. Pero es un comunicado de la policía de Roma. Se dio a conocer cuando un grupo de agentes se presentó en la casa de Michele (94) y Jole (89), al ser avisados por sus vecinos de que el matrimonio no dejaba de llorar. Los ancianos estaban tristes y se sentían solos. La noticia dio la vuelta al mundo porque al comprobar lo que les pasaba, los policías decidieron quedarse con ellos y prepararles pasta.

La soledad ha sido ignorada incluso por los psiquiatras hasta hace unas cuatro décadas. Ahora, es objeto de estudio de muchas investigaciones, algunas de las cuales advierten de quela soledad puede llegar a convertirse en una epidemia hacia 2030.

John Cacioppo, profesor de Psiquiatría y Psicología y director del Centro Cognitivo de Neurociencia Social de la Universidad de Chicago, señala a ABC que «la soledad o la percepción de estar aislado tiene consecuencias biológicas, cognitivas y de comportamiento llegando a aumentar la posibilidad de muerte prematura en un 26%».

Los estudios de Cacioppo han demostrado que se asocia a malos hábitos de salud como el tabaco o la falta de descanso. Pero también influye negativamente en importantes procesos biológicos, provocando, por ejemplo, mayor tensión arterial o un funcionamiento deficiente del sistema inmune. Pero ahí no acaba la lista: puede contribuir a una serie de factores de riesgos físicos, psíquicos o psicosociales incluyendo depresión, alcoholismo, pensamientos suicidas, comportamientos agresivos o ansiedad. También puede provocar un deterioro cognitivo o progresión del alzhéimer.

De acuerdo a un meta-análisis realizado por la Universidad Brigham Young el riesgo de muerte asociado a la soledad es comparable a otros factores identificados por los Departamentos de Salud como la obesidad, el abusos de sustancias o la contaminación. Cacioppo, que lleva años investigando la soledad, la define como una percepción, un sentimiento que distingue del aislamiento objetivo. Y es que la soledad no implica vivir ni estar solo. Si bien hay evidencia de que suele darse en personas que viven solas, con escaso contacto con sus familiares o amigos o que tienen conflictos de pareja, no se reduce necesariamente a estos factores sociales.

Por eso, los datos en España que reflejan un aumento de las personas que viven solas tampoco son síntoma de un aumento de la soledad. Los hogares unipersonales representan un 25% del total, según la última encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE). «Casi todos piensan que la soledad afecta a los que viven solos pero se puede vivir acompañado, incluso tener una familia grande y no sentirse arropado o querido», apunta Juan Díez Nicolás, catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense y autor de un amplio estudio sobre «La soledad en España».

Marcelo (centro) recibe visitas una vez a la semana en su casa de Vallecas
Marcelo (centro) recibe visitas una vez a la semana en su casa de Vallecas- Maya Balanya

Sin embargo, sí es preocupante cuando se vive solo por imposición ya que puede conducir al aislamiento. Este tipo de soledad, sobre todo en personas mayores, es frecuente en nuestro país. Según datos del INE 368.400 personas con más de 85 años viven solas. «Hay una foto de riesgo muy clásica en España: una mujer muy mayor, con cierta dependencia, quevive en un segundo o tercer piso sin ascensor y con pocos ingresos. Esto es un pasaporte al aislamiento», advierte Mayte Sancho, presidenta de la Fundación Amigos de los Mayores, que reconoce que las familias son un muy buen soporte para evitar estas situaciones.

Relaciones de calidad antes que cantidad

Si la familia falla, lo que se debe buscar, no es una amplia red de amigos en Facebook o Instagram sino compañía de calidad. «Hay que rodearse de aquellos con los que puedas ser aceptado, reconocido y con intimidad suficiente para poder compartir tus sentimientos, ya sean buenos o malos», apunta el psicólogo Alfredo García Garate, que recuerda que las amistades sin intimidad dan lugar a relaciones superficiales.

Relaciones cercanas buscan organizaciones de voluntariado como Desarrollo y Asistencia, que cuentan con un programa de acompañamiento a domicilio y en la que los voluntarios deben encajar con el perfil de las persona a la que van a visitar para que el encuentro sea rico y no se limite simplemente a estar sentado al lado de una persona que se siente sola. Pepe es jubilado y voluntario de esta organización. Dos horas a la semana visita a Marcelo que vive solo en Vallecas desde que falleció su mujer, Carmen de un ictus hace tan solo un mes.

Marcelo, de 79 años, lleva una sonda y un respirador artificial. La idea de recibir visitas fue de su hija. Cuando llega Pepe charlan, juegan al mus o salen a pasear. «Soy una persona sociable, me gusta hablar», asegura mientras se acomoda el respirador. «Soy moldeable como la plastilina, no me importaría que viniera una persona joven, hombre o mujer…». Marcelo no quiere estar solo. En su casa, hay pocos retratos. Los justos para adivinarlo de joven con su esposa, él con traje, ella con una inmensa cola de novia rodéandole los pies. «La echo de menos a ella y también a mi salud. A veces pienso qué hice mal». Rompe el frío silencio de sus palabras preguntando por el resto de voluntarios, como si fueran amigos de toda la vida. Sonríe a la cámara con una espontaneidad sorprendente y no olvida los chistes: «Antes que a ti, miro a la chica», bromea con Pepe.

«La soledad no discrimina»

Una chica, de 13 años, se siente Ángeles. Tiene 76, pero su actitud hacen honor a su edad ficticia. «Siete más seis son 13, ¿no? Pues no sé por qué la gente cree que miento con la edad». Una tarde a la semana se junta con su amiga de toda la vida, Juana, de 83 años y Laura Sánchez, una joven voluntaria de 34 años que va a hacerles compañía. «Cuando estoy con ellas se me olvidan los dolores», reconoce Juana.

Los investigadores piden más estudios que vinculen la soledad a las personas jóvenes. «La soledad no es solo cuestión de los mayores», recuerda Díez Nicolás. «La soledad no discrimina. Si bien hay más riesgo en el caso de mayores que viven aislados o aquellos con problemas de salud que limiten sus capacidades comunicativas o de movilidad, cualquiera pueda sentirse solo», recuerda un estudio de Cacioppo.

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