Serie mascotas Aprender a decir ¡no!

Tenemos un cachorro o un adulto adoptado y le damos tantos mimos que corremos el riesgo, incluso, de estropear su carácter. Hay que ser enérgicos, pero con guante de seda desde el primer momento

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Aprender a decir ¡no!
CARMEN ANIORTE - abc_conocer Madrid - Actualizado: Guardado en:

Tenemos un perro en casa: cachorro o adulto recogido de un centro de acogida. ¿Nuestro objetivo? Darle mimos, pero ojo corremos el riesgo, incluso de estropear su carácter. Le hemos puesto a dormir con nosotros en el dormitorio, error. Hemos atendido cada una de sus demandas lloros, gemidos e insistencias , error. Nos hemos despedido durante casi media hora diciéndole de palabra lo bien que estaría solo y que volveríamos pronto, transmitiéndole nuestra propia carga de emotividad, angustia y preocupación, error. Cuando volvimos nos deshicimos con él en un inmenso abrazo, incluso nos llegamos a caer con el al suelo, nos lamió y el pobrecito dejo escapar de la emoción un «chorrito de pis» , error. «Así nunca debemos de actuar, y si embargo, lo hacemos. Vaya si lo hacemos y cuan a menudo!», comenta para ABC el doctor Javier Álvarez de la Villa. Para el veterinario del Centro Veterinario Víctor de la Serna.

Hay que actuar, siguiendo en la medida de lo posible siguiendo estas pauta:

•Dormirá nuestro compañero de manada fuera de nuestro dormitorio. Si llora la primera noche, nos aguantamos y lo ignoramos. No atenderemos sus conductas demandantes de atención. Es decir, si se pone pesado gimiendo y mirándonos y se convierte en nuestra «sombra», ni caso.

•Cuando salgamos del hogar, no hagamos despedidas de aeropuerto, por favor, solo una frase seria y corta, como por ejemplo: «ahí quieto, eh!», unido a cejas enmarcadas y señalamiento de su colchón-cama perruno.

•Finalmente, cuando volvamos al hogar, no habrá festejo de bienvenida. Incluso si comienza a saltar y a gemir, le indicaremos que deje de hacerlo con un no, severo y firme. Es duro, verdad, y algunos propietarios creen que no serán capaces de actuar así, pero las consecuencias de no hacerlo, es decir, de no educar ,desembocarán en muchos casos en un animal dependiente que aulla en nuestra ausencia , alertando a vecinos y comunidades, que se come puertas y paredes, que se produce heridas de tanto autolamido, y que defeca o micciona en un gesto de angustia y demanda. Este cuadro en la conducta se conoce como «Ansiedad por separación canina».

Animal de manada

En definitiva, el perro es un animal de manada,y como tal, intentará no separarse de nosotros jamás , y nosotros le tendremos que enseñar, y lo haremos siguiendo las anteriores reglas; que puede quedarse solo y no pasa nada. Aprenden bien, no se preocupe. Trabajen los anteriores aspectos y tendrán un perro super equilibrado, feliz e independiente, y no un manojo de nervios. Ah! Y si le quieren mimar, háganlo!, claro está, pero sólo cuando el animal este tranquilo y no demandante de atención. No se olviden, mas duro que el marco de reglas que ha de cumplir es la realidad de un perro que sufre ansioso porque no le hemos sabido enseñar a soportar nuestra ausencia. Así que ánimo con este apartado. Otro tercer aspecto.

Al que denominaremos «¿Quién es el jefe de la manada?». Recibimos un cachorro maravilloso o un adulto adoptado fiel y noble, y lo terminamos convirtiendo en un «reyezuelo» cacique, que a la mínima nos enseña su dentadura con un gruñido amenazante. El perro se ha hecho adulto, no le hemos educado, no le hemos puesto límites, le hemos mimado en exceso. En estos casos, el propietario se haya desconsolado. Se queja ante los veterinarios, amargamente. Claro, dicen que cómo es posible que después de tanto amor derrochado, cuidados y desvelos, su perro les responda con un acto de agresividad. Pues nosotros se lo decimos, te has pasado en mimos de todo tipo y tu perro te quiere muchísimo, pero él es ahora «el alfa» de la manada.

Esta situación -comenta el doctor Álvarez de la Villa- se denomina «agresividad dominante inter familiar». Sucede con más frecuencia en perros de gran porte (Mastines, Pastor Alemán, Rotweiler…), es decir, en animales poderosos que en la naturaleza competirian por el mando de su manada a golpe de colmillo. En los pequeños ( chihuahuas, yorkies,…) también se produce, pero por su menor corpulencia, nos generan mucho menos temor. En medianos, y aquí hago referencia al Cocker spaniel, el cuadro es tan frecuente y florido que se les colgó el «san benito» de perros que se volvían misteriosamente locos. Evitemos esto, no les dejemos subir en sofás y camas (sobre todo a grandes y medianos). Esta simple medida NO permitirá subir en demasía su dominancia y liderazgo en la familia. Utilicemos la ley de todo cuesta algo, es decir, le damos una orden (por ejemplo, sit o échate) y , a cambio, su comida , cena o salida. Esta última ley nos hace más líderes ante el.

Un «no» a tiempo

No atendamos con demandas de mimos a todas horas y circunstancias. Mimarles sólo cuando estén tranquilos o como respuesta a buenos comportamientos. Finalmente, aprendamos a reñir con un NO enérgico y autoritario, en relación temporal exacta al acto que queramos evitar. No riñamos con argumentaciones interminables ni media hora más tarde; lo haremos en el momento para que identifique la causa y con un sencillo y rotundo NO.

Es decir, aprendamos a decir NO con sentido común y justicia. Así aparecerá la mejor versión de su perro, ese animal de compañía del que nos hicimos amigos en la Prehistoria y con el que firmamos un pacto secreto de idilio permanente. En la cueva y en el pueblo, la relación floreció fácil y natural, y en la urbe, si les dejamos ser perros y les educamos como tales, también será posible, por supuesto. Nos quedan muchos aspectos dentro del tintero, como la educación de esfinteres, la socializacion y paseos, los cuidados preventivos y un largo etc. Los iremos revisando juntos, pues al final, propietarios informados son una garantía de tenencias responsables, fructíferas y largas. Son muchos los problemas, desilusiones, frustraciones y demoledores abandonos que se evitan y mágicamente se reconvierten en maravillosas experiencias de convivencia, así que, adelante, pero siempre educando..

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