Vídeo: Así es la ruleta ruisa del Sida

La «ruleta rusa» del VIH, el juego del contagio en el que todos pierden

El objetivo de esta práctica es el contagio del virus, participan los «bugchasers» -los que lo buscan- y los «giftgivers» -los que lo regalan

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El término bugchasing (persecución del bicho) oculta una peligrosa tendencia por los arrabales de internet. Se trata de la búsqueda de una relación sexual sin protección por parte de una persona sanacon otra portadora del virus VIH. El objetivo es el contagio. Los reclamos que pueden leerse en diversos foros digitales comparten una ansiedad común, peligrosa y difícil de asimilar: dejar de sentirse encorsetados en la barrera de látex del preservativo.

Andrés Quinteros, director de CETRAD (Centro de Adicciones de Madrid) resalta como causas la falta de autoestima, la necesidad de pertenencia a un grupo, el componente morboso y el elevado saldo que ejercen en la conciencia las prácticas sexuales sin protección: «Es una realidad que hay individuos que quieren contagiarse de VIH. El perfil predominante es el de la persona que no se acepta a sí mismo».

El origen: inseguridad y remordimientos

Según las estadísticas recogidas por la ONG Checkpoint, las relaciones sexuales entre hombres que tienen sexo con hombres (HSH) suelen serresponsables y el porcentaje de uso del preservativo es mayor que entre parejas heterosexuales: «El fallo aparece con la reincidencia, cuando se establece un vínculo de confianza con la pareja sexual se relaja el uso de medios preventivos», explica Ferrán Puyol, portavoz de Checkpoint. Factores como el consumo de drogas influyen también en que la persona se despreocupe u olvide usar preservativo y, cuando al día siguiente toma conciencia se ve asaltada por un estado de «ansiedad y agotamiento psicológico». Jorge Garrido, director de Apoyo Positivo, indica que el deseo de contraer la enfermedad se produce, sobe todo entre las personas de perfil más vulnerable.

En foros de internet se recomiendan discotecas en donde hay «mucha ETS, mucha droga y mucho bicho, hasta entre semana en los días de oferta»

El temor a no ser aceptado por la pareja sexual es otra de las situaciones comunes: «En el momento en el que se produce la negociación uno de los miembros suele presionar al otro para no utilizar preservativo hasta que éste acaba cediendo», señala Garrido, «la inseguridad es un factor fundamental, no siempre tenemos habilidades personales que nos ayuden a ser firmes con el manejo de preservativo». De ahí, se pasaría al extremo de querer contraer la enfermedad.

Christian (27 años) acude habitualmente a sesiones de sexo y fue testigo de la organización de este tipo de eventos. Según él, quienes desean acudir argumentan que «contraer el VIH resuelve el problema del SIDA», porque si lo detectas a tiempo ni se desarrolla ni se contagia». Pedro(25 años), ex trabajador de un conocido club de intercambio de parejas, no quiere que se refleje su nombre real para que no se le relacione con el local donde trabajaba. Él conoce las sombras de estar atado a una medicación: «fui un inconsciente. No practiqué bugchasing, pero decidí no poner medios y esperar a que llegase», lamenta. «No me paré a pensar en las verdaderas consecuencias, físicas y económicas de estar sujeto a una medicación de por vida».

Un usuario de un foro:«busco peña con bicho, yo negativo [VIH]. Puedo pagar»

Pedro confiesa sentir mucha pena cada vez que sus amigos reconocen que les gustaría contraer el virus: «es una idea que escucho con mucha frecuencia, hay que hacerle frente a esa realidad porque aunque la enfermedad tenga cura, no hay que perderle el miedo».

Andrés Quinteros se mantiene firme a este respecto: «Creo que deberían implementarse las campañas, que estén a la altura de las que se hicieron hace treinta años porque se le está perdiendo el miedo a la enfermedad».

En España, los expertos tachan esta práctica de «residual» y «muy minoritaria», pero confiesan tener constancia de su existencia. Una vez más son las plataformas digitales las que facilitan este tipo de encuentros, tanto en foros como en aplicaciones de citas se deslizan propuestas y ubicaciones.

Internet, un peligroso punto de encuentro

No es necesario acudir a navegadores alternativos, los «bugchaser» y «giftgivers» establecen las ubicaciones para sus citas a ciegas en páginas de internet a las que se puede acceder a través de los rastreadores habituales. Las aplicaciones de citas son también caldo de cultivo para estas prácticas, en «Grindr» y «Scruff» «los que bucan» y «los que regalan» se localizan a través de los acrónimos de sus perfiles.

La mayor parte de los encuentros tienen lugar en las grandes ciudades, en Madrid y Barcelona los encuentros no sólo tienen lugar en las sesiones de sexo en pisos, sino también en lugares públicos donde también tienen lugar otras prácticas como el «cruising».

En los diferentes foros se reclama a «bicheros generosos», y se recomiendan saunas y discotecas en las que hay «mucha droga, mucho sexo y mucha ETS, incluso entre semana los días de oferta». El virus es aclamado como si de un valioso regalo real se tratase, un usuario incluso llega a pedir la disponibilidad de su «giftgiver» para una fecha especial, el día 28 de agosto: «quiero que sea esa fecha», indica.

La «mercantilización» del juego

En otras ciudades europeas como Berlín o Londres, la situación se agrava ya que además de producirse de un mayor número de casos, algunas empresas han llegado a comerciar con esta alteración conductual invitando a sus clientes a participar de este tipo de prácticas en sus instalaciones. Es el caso de «The Hunt» (la cacería), un evento cuya finalidad es el bugchasing, que solía celebrarse en una conocida discoteca de ambiente berlinesa previo pago de una cuantiosa entrada, así lo revela Christian.

En España, por el momento, no consta que se haya producido ningún evento de pago de esas características en discotecas de ambiente, sin embargo, los psicólogos expertos confirman haber asistido a testimonios de personas asiduas a chemsex que confesaron haber asistido a negociaciones de ese tipo en las sesiones en las que asistían.

Jorge Garrido, director de la ONG Apoyo Positivo, explica que estas prácticas por ser tan minoritarias no amenazan a la salud sexual a gran escala pero que por el mero hecho de existir es necesario tenerlas en cuenta.

La ruleta rusa, un paso más allá

Una variable de esta práctica es la conocida como «ruleta rusa», cuando a las sesiones de sexo organizadas para contraer VIH, el portador del virus es un elemento sorpresa. Andrés Quinteros reconoce que parte de los asistentes a estos eventos buscan la «autodestrucción y el componente morboso», lo que demuestra la frivolidad y despreocupación de los asistentes a las sesiones que, además de exponerse a la enfermedad, llevan a cabo esta práctica como si de un juego se tratase.