Vídeo: Termina el plazo para que Juana Rivas entregue a sus hijos - ABC
CUSTODIA COMPARTIDA

Cuando casos como el de Juana Rivas acaban bien

Son poco frecuentes pero ya hay acuerdos de custodia compartida transfronteriza

MadridActualizado:

Los matrimonios (y divorcios) entre españoles y extranjeros son cada vez más frecuentes, pero las custodias compartidas transfronterizas siguen siendo una rara avis. En estos casos, al ya complicado proceso de separación, se añade la dificultad derivada de la custodia de los hijos, con el peligro de que acabe en la sustracción de los menores por alguna de las partes como en el caso de Juana Rivas.

«Mi circunstacia es un ejemplo de que, no por el hecho de tener un hijo en otro país, se pierde», cuenta Francisco Esteban. Hace diez años, conoció a una belga de la que se enamoró. «Fuimos felices y tuvimos una hija en España». Pero hace cinco años, cuando la menor no contaba aún los tres de edad, la pareja inició una ruptura. Tramitada en Bélgica desde el 24 de noviembre de 2011, la juez que llevó el caso les concedió la custodia compartida... pero de régimen local.

Esteban veía siete días sí y siete días no a la menor. Lo hacía a más de 1.500 km de España: en Bélgica. «Cogía 52 aviones al año. Si sumas todo, he hecho 226 vuelos en estos cuatro años», reconoce. Alquiló una casa allí, -«no podía ver a mi hija en la calle»-, y durante cuatro años vivió a caballo entre Madrid, donde trabaja y reside, y Gante. Perdió 12 kilos, cayó en la anemia y, mientras, la batalla por la custodia fue pasando por diferentes instacias judiciales. Hasta diciembre de 2016.

El juez dictaminó una custodia compartida, pero esta vez de caracter internacional. Ahora Esteban ve a su hija nueve días al mes de promedio. Vive 24 días en Madrid y seis en Bélgica. Además, la menor viaja a España cinco veces al año: para vacaciones de Navidad, verano, y en las llamadas «semanas blancas» (no lectivas) que tienen los escolares en Bélgica.

«Mi hija vive esto con naturalidad total», asegura Esteban. A sus ocho años, no tiene problemas de salud, saca buenas notas en el colegio y ha pasado sin problema los exámenes periciales. «A base de mucho esfuerzo he conseguido que hable español, aunque con acento extranjero, pero a mí me hace mucha gracia», resume. Porque uno de los momentos más difíciles que recuerda Esteban tuvo que ver con el idioma. «Si no vas mucho a visitarlos, llega un momento en que no entiendes a tu hijo porque habla alemán, francés… y es muy duro. A mi estuvo a punto de pasarme», explica.

Una buena relación

En opinión del abogado de familia José Luis Sariego, para poder aplicar una custodia compartida transfronteriza, lo primordial es lograr que los dos padres se lleven bien. Para el experto, el modelo más fácilmente aplicable en estos casos es el que otorga la custodia del menor en años alternos. «Pero en cuanto surge el conflicto entre los padres, el caso suele terminar en sustracción de menores», asegura. Algo que puede hacerse con «mucha facilidad».

Como constató una investigación del Instituto de Estudios Sociales Avanzados en 2013, los casos españoles de sustracción internacional están creciendo con la misma intensidad que las rupturas de los matrimonios mixtos con hijos. Este tipo de enlaces en España ya se sitúan en el 15% de todas las uniones, según los datos provisionales del INE de 2016. Sin embargo, según la citada investigación, los matrimonios mixtos con menores a cargo casi duplican el porcentaje de ruptura en los primeros cinco años frente a los matrimonios en los que ambos integrantes son españoles.

Acuerdo extrajudicial

La solución más sencilla para lograr la custodia compartida transfronteriza es alcanzar un acuerdo extrajudicial entre los padres. Sin embargo, la experiencia de Sariego apunta a que, cuando la vida de los hijos se divide entre dos países, a partir de los 10 ó 12 años los menores empiezan a llevarlo mal. Pasar un año en cada país, cambiando el colegio, los amigos e incluso el idioma, provoca que al final el menor pida quedarse en un sólo lugar.

Sophie, con tan solo 4 años, aún no siente esa necesidad. Es hija de Arquímedes Ferlín, en estos momentos residente en Bilbao y miembro de la asociación de padres Abipase. Cuando se produjo la separación, en 2015, su expareja vivía en Copenhague y él en Múnich, pero acordaron una custodia compartida distribuida por semanas. No concibieron periodos más largos ya que no querían perder el vínculo emocional con la pequeña. Él, al igual que Esteban, comenzó a visitar Dinamarca en periodos de siete días alternos, una situación que se prolongó un año.

Ahora, y aunque todos se encuentran en España por derroteros laborales, Ferlín lo tiene claro. «Llega un punto en el que hay que poner el interés del menor por encima de todo, porque los niños necesitan de un entorno social fijo. Son los padres los que tienen que adaptarse», dice. Más aún ahora. «Sophie ha empezado a hablar castellano y para ella es necesario quedarse fija». No obstante, y pese al acuerdo de custodia que tenían los dos progenitores, la madre ha judicializado la causa. No saben si se mantendrán los criterios actuales, pero Ferlín está dispuesto a todo en pro de la estabilidad de la menor. Como también insiste Esteban, «la custodia compartida internacional funciona, pero solo si hay un intenso esfuerzo de los padres».