El Papa Francisco saluda a los fieles a su llegada para la santa misa y ordenación presbiteral en Bangladesh
El Papa Francisco saluda a los fieles a su llegada para la santa misa y ordenación presbiteral en Bangladesh - Efe

El Papa ordena 16 sacerdotes en una misa con cien mil personas en Bangladés

Se reunirá con 18 refugiados rohingya pertenecientes a tres familias

Enviado especial a DaccaActualizado:

El Papa Francisco ha escogido Bangladés para la primera ordenación sacerdotal fuera de Roma y lo ha hecho este viernes en una misa con 100.000 personas en un país que suma sólo 375.000 católicos, la mayoría de ellos muy pobres y siempre a riesgo de marginación. Por la tarde se reunirá con 18 refugiados rohingya: tres familias que han escapado de Birmania para salvar sus vidas.

En una conmovedora ceremonia, que ha calificado como «una fiesta de Dios», Francisco ha ordenado sacerdotes a 16 personas que se arriesgan a desplantes, secuestros e incluso asesinatos, por lo que ha pedido a los fieles «“rezad por vuestros sacerdotes y sostenedlos».

«Alguno de vosotros» -ha continuado el Papa- «podría preguntarme: ‘Pero, ¿cómo se sostiene a un sacerdote?’. Fiaros de vuestro corazón generoso, que os dirá como hacerlo. Pero el primer apoyo a un sacerdote es la oración. ¡No os canséis de rezar por ellos!».

El Santo Padre estaba conmovido ante una inmensa multitud que ocupaba los terrenos de antiguos hipódromos y campos deportivos de la época colonial británica, en los que algunas palmeras mitigaban un poco el calor. La práctica totalidad de los asistentes se sentaban en el suelo y muchos se abanicaban con el libreto de la misa.

El Papa les ha comentado estar al corriente de que «muchos de vosotros habéis venido de muy lejos, en viajes de más de dos días. ¡Gracias por vuestra generosidad!».

Le misa tenía lugar en el histórico parque en que Mujibur Rahman pronunció un discurso decisivo para la independencia del país en 1971. El altar había sido instalado en una gran cabaña de bambú con techo de hojas de palmera, símbolo de las duras condiciones en que viven cotidianamente la mayoría de los católicos y de sus 160 millones de compatriotas en uno de los países más pobres de Asia.