Sociedad

El Papa impone la birreta al cardenal Carlos Osoro, invitando a denunciar «el virus de la polarización y la enemistad»

Francisco pide a los trece nuevos cardenales electores actuar frente a «la patología de la indiferencia»

Don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, en un momento de la ceremonia
Don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, en un momento de la ceremonia - AFP

En una emotiva ceremonia que ha incluido la promesa de fidelidad hasta el derramamiento de la sangre, el Papa Francisco ha impuesto la birreta de color púrpura a don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, uno de los trece nuevos cardenales electores, así como a tres prelados mayores de 80 años, a título honorario.

Además de imponerle la birreta y el anillo, el Santo Padre ha entregado a don Carlos Osoro el nombramiento que le acredita como titular de una iglesia de Roma y, por tanto, colaborador de su Obispo, el Papa. El arzobispo de Madrid es ahora también titular de la espléndida iglesia de Santa María en Trastévere.

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha presidido la delegación española acompañado del embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, y nueve altos cargos del Gobierno.

En su homilía, Francisco ha recordado a los nuevos cardenales cuatro mandamientos extremadamente difíciles: «Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian, bendigan a los que los maldicen, rueguen por los que los difaman».

Resultan muy difíciles porque ante los enemigos «nuestra actitud primera e instintiva es descalificarlos, desautorizarlos, maldecirlos; buscamos en muchos casos ‘demonizarlos’, a fin de tener una ‘santa’ justificación para sacárnoslos de encima».

En cambio, según el Papa, entender y amar a los enemigos es «una de las características más propias del mensaje de Jesús, la que esconde su fuerza y su secreto; allí radica la fuente de nuestra alegría, la potencia de nuestro andar y el anuncio de la buena nueva».

Como todos los cristianos, los cardenales deben hacer frente a los peligros y amenazas. En este momento, según Francisco, «resurgen epidémicamente, en nuestras sociedades, la polarización y la exclusión como única forma posible de resolver los conflictos».

En un mundo con demasiadas personas y organizaciones promoviendo conflictos, Francisco ha advertido que «sin darnos cuenta esa lógica se instala en nuestra forma de vivir, de actuar y proceder. Entonces, todo y todos comienzan a tener sabor de enemistad», incluso «en nuestras comunidades y nuestros presbiterios».

Con toda claridad, el Papa ha denunciado que «el virus de la polarización y la enemistad se nos cuela en nuestras formas de pensar, de sentir y de actuar. No somos inmunes a esto y tenemos que velar para que esta actitud no domine nuestro corazón, porque iría contra la riqueza y la universalidad de la Iglesia que podemos palpar en este Colegio Cardenalicio».

Pero un mensaje era positivo. Francisco ponía sobre el tapete esta colección de patologías precisamente para recordar a los nuevos cardenales que Jesús no vino a llamar a los justos sino a los pecadores, y que no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos.

Ese es el sentido del Año Santo de la Misericordia, que el Papa clausura este domingo con una misa en la plaza de San Pedro, concelebrada con los cardenales de todo el mundo.

Don Carlos Osoro, de 71 años, y sacerdote desde 1973 fue nombrado obispo de Orense en 1996 y posteriormente arzobispo de Oviedo en 2002 por san Juan Pablo II. A su vez, Benedicto XVI le nombró arzobispo de Valencia en 2009, y Francisco arzobispo de Madrid en 2014. En 2014 fue elegido vicepresidente de la Conferencia episcopal española.

Cuatro cardenales españoles

España cuenta con cuatro cardenales electores: Lluís Martínez Sistach, arzobispo emérito de Barcelona; Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid; Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia; y Carlos Osoro, arzobispo de Madrid.

A su vez, los cardenales españoles mayores de 80 años y sin responsabilidades de gobierno son ocho. En ambas categorías son números muy altos para el número de católicos de nuestro país.

El primero de los nuevos cardenales, es el italiano Mario Zenari, nuncio en Siria, quien continuará desempeñando su papel en ese país en guerra.

Otro purpurados procedente de una zona de conflicto es Dieudonné Nzapalainga, arzobispo de Bangui, la capital de la República Centroafricana, visitada por el Papa en noviembre del pasado año y donde inauguró, por adelantado, el Jubileo de la Misericordia. Hay también prelados de lugares lejanos como Isla Mauricio o Papúa Nueva Guinea.

Estados Unidos contará con tres nuevos cardenales ya que al candidato natural, Blase Cupich, arzobispo de Chicago se suman William Tobin, arzobispo de Indianápolis, y Joseph Farrell, nuevo prefecto del recién creado Departamento de Laicos, Familia y Vida en el Vaticano.

Entre los latinoamericanos destacan Sergio da Rocha, arzobispo de Brasilia, Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla, en la aglomeración urbana de Ciudad de México, y Baltasar Porras, arzobispo de Mérida, Venezuela.

Junto con Carlos Osoro, los europeos son Jozef De Kesel, arzobispo de Bruselas, y el italiano Mario Zenari, “nuncio apostólico en la amada y martirizada Siria”, según las palabras de anuncio del Papa.

A su vez, los tres cardenales mayores de 80 años sin responsabilidad de gobierno ni participación en el cónclave a tres obispos eméritos de Kuala Lumpur, Lesoto y Novara, Italia, así como al sacerdote albanés Ernest Simoni de la diócesis de Shkodre.

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