El Papa Francisco - EFE

Papa Francisco: «El don de toda mujer es muy valioso para la Iglesia, que es madre y mujer»

Aconseja silencio para ser libres «de las banalidades corrosivas del consumo y la confusión de la publicidad»

Corresponsal en el VaticanoActualizado:

En su primera homilía del nuevo año, que comienza con la fiesta de «María, Madre de Dios», el Papa Francisco ha afirmado el lunes que «El don de la Madre, el don de toda madre y de toda mujer es muy valioso para la Iglesia, que es madre y mujer».

El Santo Padre ha añadido que «mientras el hombre frecuentemente abstrae, afirma e impone ideas; la mujer, la madre, sabe custodiar, unir en el corazón, vivificar». Por eso, «para que la fe no se reduzca sólo a una idea o doctrina, todos necesitamos de un corazón de madre, que sepa custodiar la ternura de Dios y escuchar los latidos del hombre».

La basílica de San Pedro ganaba un clima de familia y de intimidad a medida que el Papa continuaba: «María es exactamente como Dios quiere que seamos nosotros, como quiere que sea su Iglesia: Madre tierna, humilde, pobre de cosas y rica de amor, libre del pecado, unida a Jesús, que custodia a Dios en su corazón y al prójimo en su vida».

Por eso, según Francisco, «la fiesta de hoy -María, Madre de Dios- nos dice que para ir hacia delante es necesario volver de nuevo al pesebre, a la Madre que lleva en sus brazos a Dios», pues «desde que el Señor se encarnó en María, nuestra humanidad está indefectiblemente unida a él. Ya no existe Dios sin el hombre».

Desde aquella primera Navidad, «decir Madre de Dios nos recuerda esto: Dios se ha hecho cercano con la humanidad como un niño a su madre que lo lleva en el seno».

Una de las consecuencias prácticas, según el Papa, es que «servir a la vida humana es servir a Dios. Toda vida, desde la que está en el seno de la madre hasta que es anciana, la que sufre y está enferma, también la que es incómoda y hasta repugnante, debe ser acogida, amada y ayudada».

En un clima de fiesta, pero a la vez de intimidad, Francisco a invitado a imitar a María descubriendo un tesoro que ella custodiaba, pues «tenemos necesidad de silencio. Tenemos necesidad de permanecer en silencio mirando el pesebre. Porque delante del pesebre nos descubrimos amados, saboreamos el sentido genuino de la vida».

Según Francisco, «reservar cada día un momento de silencio con Dios es custodiar nuestra alma; es custodiar nuestra libertad frente a las banalidades corrosivas del consumo y la ruidosa confusión de la publicidad, frente a la abundancia de palabras vacías y las olas impetuosas de las murmuraciones y quejas».

Al terminar de leer su homilía, el Papa ha añadido unas palabras para subrayar la importancia de la fiesta de hoy, invitando a todos a repetir juntos tres veces como una oración o un piropo: «María, ¡Madre de Dios!».

El primero de enero es también la Jornada Mundial de la Paz, que este año se centra en «Migrantes y refugiados: hombres y mujeres en busca de la paz».

En su posterior encuentro con los fieles para el rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, el Santo Padre ha manifestado «mi deseo de hacerme voz, una vez más, de estos hermanos y hermanas nuestros que piden un futuro de paz. Para conseguirla, muchos arriesgan la vida en v iajes largos y peligrosos».

Francisco ha pedido que «no apaguemos la esperanza en sus corazones. Es importante que las instituciones civiles, educativas, asistenciales y eclesiales se esfuercen por asegurar a los refugiados e inmigrantes un futuro de paz».