Sociedad

El Papa Francisco: Santa Teresa de Calcuta «defendía la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y la descartada»

«Quizá nos cueste llamarla ‘Santa Teresa’, nos resultará espontáneo seguir llamándola Madre Teresa»

Multitudinaria ceremonia de canonización de la Madre Teresa - efe

Apenas media hora después de pronunciar la fórmula de canonización de Santa Teresa de Calcuta, el Papa Francisco la ha presentado al mundo como «dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada».

En su homilía, el Papa ha reconocido que «quizá tendremos un poco de dificultad en llamarla Santa Teresa. Su santidad es tan cercana a nosotros, tan tierna y fecunda que nos resultará espontáneo seguir llamándola Madre Teresa».

En una mañana de domingo hermosa y soleada, la multitudinaria misa en la Plaza de San Pedro ha reunido a 120.000 peregrinos de todo el mundo, especialmente voluntarios en actividades de ayuda a los pobres, enfermos y refugiados.

Su Majestad la Reina Doña Sofía ha encabezado la delegación española de la que formaban parte la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor; el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo; el secretario de Estado para la Unión Europea, Fernando Eguidazu; y el embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga.

Doña Sofía, vestida de blanco por privilegio tradicional de las reinas católicas, saludo al Papa Francisco antes de la ceremonia, durante la que se protegía del sol con un paraguas blanco y del calor con un abanico también blanco.

El ingeniero mecánico brasileño Marcilio Andrino, beneficiario de la curación milagrosa incluida en el proceso, y su esposa Fernanda Rocha, presentaron las ofrendas durante la ceremonia.

Como le hubiera gustado a Madre Teresa, la ceremonia tenía que dar el primer puesto su familia, que son los pobres. Por eso 1.500 personas que reciben techo o comida en casas de las Misioneras de la Caridad de toda Italia ocupaban el puesto de honor a la izquierda del altar.

Después de la ceremonia les esperaba una comida de fiesta a base de pizza napolitana recién cocinada y servida por 250 Misioneras de la Caridad en el extenso patio frente al Aula de las Audiencias. Eran invitados del Papa, y por eso les correspondía un almuerzo en el Vaticano.

«Incansable trabajadora de la misericordia»

En la homilía de la misa de canonización, seguida en directo por cientos de millones de personas en todo el mundo, el Papa ha destacado el mensaje central de la nueva santa: «Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que ‘el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre’».

Según Francisco, Santa Teresa de Calcuta, «se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos».

Era la síntesis de la vida de la mujer más valiosa del siglo XX, tal como reconocen personas de todas las religiones. La Madre Teresa es, desde hace mucho tiempo, «Patrimonio de la Humanidad», pero el Papa la ha presentado hoy como modelo para un grupo muy específico: el de los voluntarios en actividades de ayuda a los demás, reunidos en Roma para celebrar el Jubileo de la Misericordia.

En su homilía, Francisco ha manifestado que «hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad».

Y ha pedido que «esta incansable trabajadora de la misericordia nos ayude a comprender cada vez más que nuestro único criterio de acción es el amor gratuito, libre de toda ideología y de todo vínculo y derramado sobre todos sin distinción de lengua, cultura, raza o religión».

«Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír»

Al final, recordando otro detalle de humanidad, el Papa ha citado una frase que solía repetir la nueva santa en sus viajes por el mundo: «Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír».

Y ha concluido pidiendo a todos los voluntarios: «Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren».

Una riada de peregrinos, entre los que destacaban por sus uniformes y hábitos los voluntarios y los religiosos, comenzó a fluir hacia la plaza de San Pedro ya antes del amanecer. Era una riada pacífica de personas que caminaban alegres con paso ágil para estar más cerca del altar.

El doble control de seguridad no resultaba molesto, pues había profesionalidad y amabilidad, lo mismo que paciencia por parte de los peregrinos.

En esa multitud de personas de todas las razas predominaban a ojos vistas las personas de gran corazón. Como el corazón azul y blanco, los colores de su sari, que rodea el relicario de Santa Teresa de Calcuta.

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