El papa Francisco (i), a su llegada a una reunión con representantes de los indígenas en el Coliseo de Madre de Dios, en Puerto Maldonado (Perú)
El papa Francisco (i), a su llegada a una reunión con representantes de los indígenas en el Coliseo de Madre de Dios, en Puerto Maldonado (Perú) - EFE

El Papa denuncia en Amazonia la esclavitud sexual y la violencia contra las mujeres

Visita a niños abandonados en un hogar de acogida

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Después de su intenso encuentro con los indígenas, la jornada del Papa en el corazón de la Amazonia peruana ha incluido una fuerte denuncia de la esclavitud sexual y de la violencia contra las mujeres durante el encuentro con la población de Puerto Maldonado, una especie de ciudad «fronteriza», desde donde se pilotan parte de esos abusos.

Aunque los grandes daños a la Amazonia proceden de gigantescas empresas mineras, petroleras o gaseras, capaces de corromper gobiernos, en la ciudad de Puerto Maldonado, de 75.000 habitantes, hay gente que organiza una parte de las actividades más viles: incluida la prostitución forzada de miles de menores de edad.

Dirigiéndose en realidad a toda la Amazonia, el Papa ha pedido permiso para «detenerme en un tema doloroso. Nos hemos acostumbrado a utilizar el término ‘trata de personas’, pero en realidad deberíamos hablar de esclavitud: esclavitud para el trabajo, esclavitud sexual, esclavitud para el lucro».

Francisco ha manifestado su dolor al «constatar cómo en esta tierra, que está bajo el amparo de la Madre de Dios (el nombre del departamento pderuano), tantas mujeres son tan desvaloradas, menospreciadas y expuestas a un sinfín de violencias».

El Papa ha insistido en que «no se puede ‘naturalizar’ la violencia hacia las mujeres, sosteniendo una cultura machista que no asume el rol protagónico de la mujer dentro de nuestras comunidades». No se puede cometer, pero tampoco se puede permitir, pues «no nos es licito mirar para otro lado y dejar que tantas mujeres, especialmente adolescentes sean ‘pisoteadas’ en su dignidad».

Hay víctimas de muchos tipos, incluso entre personas decentes que vinieron a trabajar duro para sumar unos ahorros y emprender una vida digna en su lugar de origen.

Francisco se ha referido en especial a quienes se dejaron atraer por «el brillo prometedor de la extracción del oro. Pero el oro se puede convertir en un falso dios que exige sacrificios humanos».

El clima de enriquecimiento fácil y fuera de la ley, como es el caso de la extensa minería ilegal, produce consecuencias desastrosas, y el departamento de Madre de Dios es uno de los de mayor incidencia en abandono y explotación de niños.

Por eso los misioneros y misioneras han ido creando casas de acogida para niños abandonados, como el «Hogar Principito» que el Papa ha visitado a continuación.

Los chiquillos y chiquillas le acogieron con una dramatización de un caso frecuente. Los indígenas cantan en coro, sentados en el suelo en un círculo, celebrando una fiesta. En un momento, entran los colonos armados, se llevan a algunas de las niñas y dan latigazos a algunos de los niños que intentan resistir la violencia. Incluso los misioneros que intentan paliarla sufren las consecuencias, como el padre Xavier, quien recibió un elogio del Santo Padre.

El resto del encuentro con unos cuarenta niños fue ya una verdadera fiesta. Cantaron, rieron y entregaron a Francisco pequeños regalos. El Papa estaba cansado por el esfuerzo del viaje desde Lima y la emoción de los encuentros previos con los indígenas y la población. Pero, al mismo tiempo, se le veía feliz.