Cientos de personas asisten a la misa que oficiara el papa Francisco este jueves en Playa Lobito de la ciudad de Iquique (Chile)
Cientos de personas asisten a la misa que oficiara el papa Francisco este jueves en Playa Lobito de la ciudad de Iquique (Chile) - EFE

El Papa clama en Chile contra «los que se aprovechan de la irregularidad de los inmigrantes»

Tranquiliza a una Carabinera caída de su caballo justo al paso del «papamóvil»

ENVIADO ESPECIAL A IQUIQUE, CHILEActualizado:

Al pie de una gigantesca duna que marca el comienzo del desierto más árido del planeta, el Papa Francisco ha clamado este jueves contra «los que se aprovechan de la irregularidad de muchos inmigrantes porque no conocen el idioma o no tienen los papeles en regla».

La misa «por la integración de los pueblos» ante el impresionante «Cerro Dragón», escenario de rallies como el legendario Dakar, tuvo un sabor multicultural por la abundancia de trabajadores de una docena de países limítrofes y de indígenas de muchas etnias con sus vistosos colores.

Este inhóspito lugar costero ha sido sucesivamente capital del guano, los nitratos, el cobre y muchos tipos de minería con su historia de prosperidad y tragedias como el asesinato de mineros en huelga a manos del ejército en 1907 con un balance oficial de 126 muertos, que en realidad fueron muchísimos más. Ahora los mineros chilenos comparten vida con inmigrantes de Bolivia y de Venezuela, de Brasil, de Argentina e incluso de Haití, ganándose la vida en condiciones muchas veces difíciles.

Ante más de cincuenta mil personas, en su mayoría trabajadores modestos, Francisco ha mencionado que «Iquique es tierra de sueños, pues eso significa el nombre en aymara. Tierra que ha sabido albergar a gente de distintos pueblos y culturas que han tenido que dejar a los suyos, con las mochilas cargadas de miedo e incertidumbre».

Con sentido realista, el Papa ha invitado a Chile y al mundo a estar atento «a todas las situaciones de injusticia y a las nuevas formas de explotación que exponen a tantos hermanos a perder la alegría de la fiesta. Estemos atentos frente a la precarización del trabajo que destruye vidas y hogares».

Francisco ha comentado en su homilía el milagro evangélico de las bodas de Cana: la transformación del agua en vino, en una fiesta de matrimonio. Con la cercanía de Jesús, también «esta tierra, abrazada por el desierto más seco del mundo, logra vestirse de fiesta».

«Mis hermanos argentinos»

La misa tenía un sabor de despedida de Chile, pues el Papa continuaría unas horas después su viaje hacia Perú. El Santo Padre ha agradecido la presencia de la presidenta Michelle Bachelet y, de modo especial, «la de mis hermanos argentinos», que han venido por decenas de millares a los distintos encuentros en Chile.

Cuando abandonaba el lugar, la llegada del «papamóvil» ha encabritado al caballo de una mujer Carabinera, que se cayó al suelo hacia atrás, a dos palmos de las ruedas del vehículo.

Francisco se ha bajado del «papamóvil» para interesarse por ella, le ha dirigido unas palabras para tranquilizarla y ha esperado a su lado hasta que fue introducida en una ambulancia.

Sus últimas palabras, poco antes, habían sido testamento social basado en la integración latinoamericana: «Sigo mi peregrinación hacia Perú, pueblo amigo y hermano de esta Patria Grande que estamos invitados a cuidar. Una Patria que encuentra su belleza en el rostro pluriforme de sus pueblos».