Sociedad

El Papa advierte de que los niños «son los más vulnerables entre los inmigrantes y refugiados, y caen en la explotación»

Pide afrontar el fenómeno «desde la raíz: las guerras, la corrupción, la pobreza y los desastres ambientales»

El Papa charla con un niño en la audiencia de ayer miércoles
El Papa charla con un niño en la audiencia de ayer miércoles - Efe

Ante un mundo con 65 millones de refugiados, el número más elevado de la historia, y una migración forzada alta, el Papa Francisco ha advertido el jueves que «los niños constituyen el grupo más vulnerable entre los inmigrantes porque son invisibles y no tienen voz», por eso «caen fácilmente en lo más bajo de la degradación humana, donde la ilegalidad y la violencia queman en un instante su futuro».

Al día siguiente de haber pedido a todos los responsables de la guerra en Siria «un inmediato alto el fuego, al menos por el tiempo necesario para evacuar los civiles, sobre todo niños, atrapados bajo los sangrientos bombardeos», el Santo Padre aborda el cuadro planetario en su Mensaje para la Jornada Mundial del Inmigrante y el Refugiado, que se celebra el 15 de enero de 2017.

El Papa señala que el éxodo del propio país «está adquiriendo cada vez más la dimensión de una dramática cuestión mundial» por el número de «hombres y mujeres, ancianos y niños que se ven obligados a abandonar sus casas con la esperanza de salvarse y encontrar en otros lugares paz y seguridad».

En ese cuadro anómalo, «son principalmente los niños quienes más sufren las graves consecuencias de la emigración, casi siempre causada por la violencia, la miseria y las condiciones ambientales, factores a los que hay que añadir la globalización en sus aspectos negativos».

En este último apartado, la alerta de Francisco es clara: «La carrera desenfrenada hacia un enriquecimiento rápido y fácil lleva consigo también el aumento de plagas monstruosas como el tráfico de niños, la explotación y el abuso de menores» en sus formas laboral y sexual.

Como el conjunto de esos fenómenos afectan a decenas de millones de personas, la ayuda inmediata resulta vital, pero el Papa desea que los gobernantes vayan a las causas para «buscar y adoptar soluciones permanentes».

Por eso pide afrontar el fenómeno «desde la raíz: las guerras, la corrupción, la pobreza y los desastres ambientales».

Según Francisco, «esto requiere, como primer paso, el compromiso de toda la Comunidad internacional para acabar con los conflictos y la violencia que obligan a las personas a huir». Y, al mismo tiempo, «una visión de futuro, que sepa proyectar programas adecuados para las zonas afectadas por la inestabilidad».

El Papa observa con preocupación tanto la indiferencia de muchos ciudadanos como el peligro de síndrome de fatiga ante una emergencia que no cesa pues numerosos intereses continúan echando gasolina al fuego. Para colmo, los síntomas de xenofobia demagógica asoman en varios países.

Por eso insiste en ir a las causas y en realizar un análisis correcto de todos los aspectos del problema, desde «las expectativas irreales inducidas por los medios de comunicación» hasta «la línea divisoria, a veces muy sutil, entre la emigración y el tráfico de personas».

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios