Niños que violan a niños: falta de valores y fácil acceso a la pornografía

Los recientes casos de agresiones sexuales de menores a otros menores ponen de manifiesto la necesidad de plantear qué se está haciendo mal con los pequeños

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¿En qué sociedad están creciendo unos niños que no se plantean la violación como un delito? ¿Hasta qué punto influye la educación que reciben en sus casas? Los recientes casos de agresiones sexuales de menores a otros menores —se está investigando si un niño de nueve años fue violado en Jaén por un grupo de compañeros de colegio, al tiempo que se ha dado a conocer una agresión sexual de dos hermanos contra un pequeño de 14 años en Málaga— ponen de manifiesto la necesidad de plantear qué se está haciendo mal para que se cometan estas barbaridades y cómo se puede cambiar la mentalidad para que nadie tenga duda alguna de que atentar contra la libertad sexual de cualquier persona es un delito.

Hay que añadir, además, que estos menores —que serán los adultos del futuro— viven en una sociedad en la que prácticamente cada día se agrede sexualmente a mujeres, por lo que estos casos pueden ser «una radiografía en pequeño de nuestro sistema», tal como explica Delfina Mieville, socióloga y sexóloga experta en género y Derechos Humanos. Esta experta insiste en la idea de que no se trata de un acto sexual, sino «un acto de poder» propio de «un sistema que fomenta el bullying, el acoso». Por ello, la educación que reciban los niños en sus casas es fundamental, aunque el entorno en el que se muevan también influye en gran medida: «No somos omnipotentes. Los niños y las niñas están en la sociedad en la que están. Tenemos que responsabilizarnos de lo que esté en nuestro campo de influencia y cuidar el entorno. Si damos una educación sexual excelente pero el entorno no es el mejor, va a ser difícil. Tiene que favorecer el mensaje».

El saber establecer unos límites es una de las partes fundamentales de esta educación. Así lo considera Timanfaya Hernández, psicóloga forense y sanitaria (Globaltya Psicólogos), que destaca la ausencia de valores como una de las principales causas por las que se dan estas situaciones. «Es algo que define a esta generación, esa falta de interés, esa falta de expectativas que se ve en muchos casos, y que provoca que situaciones como estas se den en mayor medida», explica. Por tanto, hacer hincapié en que los niños crezcan con unos principios sólidos y unos objetivos para su vida será bueno para sus actitudes.

Ambas expertas coinciden también en la hipersexualización de los menores, así como el fácil acceso a la pornografía a través de las nuevas tecnologías como otros de los grandes problemas. «No hay una difusión de la sexualidad como un acto de cuidado. El modelo sexual que está más al alcance es una sexualidad agresiva y violenta», asegura Mieville, reforzando la necesidad de darles una educación sexual amorosa para que aprendan la importancia del afecto y no la agresividad en las relaciones sexuales.

Hernández, por su parte, considera que el acceso a la red les lleva a una información «mal gestionada», a situaciones «que no están adaptadas a su edad», por lo que trabajar en la prevención de ello desde que son niños, con información realista y marcando unos límites claros, se convierte en algo esencial. «Tenemos que ver qué tipo de información se les da, a qué se debe esa falta de valores, que conozcan los limites... Los niños serán los adultos del futuro y si no trabajamos en ello lo que tendremos será una sociedad enferma. Ahora estamos fallando», concluye.