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Marcha nórdica: reaprender a caminar bien

En familia, con amigos o solo, esta actividad genera endorfinas y beneficios físicos y mentales al cuerpo

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El ser humano parece haber perdido la capacidad de disfrutar del camino. Poner un pie delante del otro es solo un acto mecánico para llegar a un sitio. Y con la rutina, estar pendientes del móvil y las prisas, cada vez se anda peor. La espalda, los brazos, las piernas, incluso los pulmones se resienten. La marcha nórdica se ha convertido en una actividad que busca recuperar el atractivo del caminar por placer. Pero también cuidar la figura y recomponer un cuerpo que se va encogiendo a cada paso. «Caminar sabemos todos. Son movimientos que realizamos muchos millones de veces a lo largo de nuestra vida. Podemos convertirlos en algo muy beneficioso si sabemos cómo», indica José Antonio Sánchez Verona, Alfa Coach de marcha nórdica y autor del libro «Andar es salud» (Ediciones Martínez Roca).

Si hace unos años era una actividad esporádica, más propia de los países nórdicos y de modalidades como el trekking, los marchadores españoles han ido ganando terreno en los parques urbanos. Ataviados con sus bastones, caminan en grupo o en solitario aprendiendo en las «escuelas» que existen en muchas ciudades y que han visto aumentar el número de alumnos en los últimos tiempos. «Los últimos tres años se ha disparado. Nosotros empezamos con 20-30 personas y ahora somos unas 70. También hemos dado clases en la universidad, conferencias en hospitales... En algunos países como Alemania se recomienda con prescripción médica desde el año 2000», afirma Juan Pedro Expósito, presidente del club y director de la Escuela Nordic Walking Madrid.

¿Es fácil aprender?

«La técnica de la marcha nórdica es asequible, pero hay que conocerla y entenderla. Mucha gente piensa que es caminar con bastones, y no es así. Si verdaderamente se hace bien tiene poco que ver con el caminar de todos los días. Requiere poner los cinco sentidos en el acto. Y con ello conocer y dominar todos nuestros movimientos. Además buscamos implicar todo nuestro cuerpo en el empuje hacia adelante, para ello usamos unos bastones muy determinados, no vale cualesquiera», apunta Sánchez.

«Tampoco es trekking, porque no te vas sujetando en los bastones, sino que te apoyas y haces fuerza con ellos. Lo más importante es que te enseñen bien y lo entiendas. Porque lo primero que hacemos es reaprender a andar correctamente: erguidos, cabeza bien alta, hombros relajados. Cosas lógicas que no hacemos en la vida diaria. Con los bastones la postura es muy correcta. Es como un pilates en movimiento. Y dura para toda la vida», incluye Expósito.

¿Y los beneficios?

Son muchos y variados, porque se ejercita todo el cuerpo y es incluso más cómodo y fácil de aprender que la natación. «Los potenciales beneficios que nos puede producir llegarán a obtenerse por completo si realizamos la marcha nórdica de una manera correcta. Lo difícil es mantenerla en el tiempo a lo largo de la caminata, requiere de concentración. Pero si hemos sido bien guiados e instruidos, percibiremos que somos capaces de realizar esfuerzos continuados, cada vez más largos, y sobreponernos a ellos. La respiración se mantiene cómoda a lo largo de su práctica debido a la postura natural que proyecta la caja torácica para hacerla más eficiente. Fomenta nuestro erguimiento, y con ello nuestra propia consciencia y autoestima», explica Sánchez.

«Muchos problemas de espalda vienen de que caminamos fatal. Si no tenemos alineados los pies nos repercute en el resto del cuerpo: rodillas, caderas, etcétera. Además, vamos casi siempre mirando al suelo o al móvil. Con la marcha nórdica entrenas todo el cuerpo, músculos del tronco inferior y del superior: bíceps, tríceps, femoral... que se compenetran. Nos estira, impulsa nuestra mirada hacia arriba y con los bastones abrimos el diafragma», aporta Expósito.

¿En qué se nota?

Masa muscular: «Como los músculos de la parte superior del cuerpo colaboran a impulsarnos a través de los bastones, se evitan las sobrecargas en las caderas, rodillas y tobillos. También rehabilitamos la funcionalidad de los pies. Se tonifica y se fortalece principalmente el tríceps, ese músculo que todos odiamos tener flácido».

En cuanto a los huesos: «Practicado a ciertas edades contribuye a prevenir la osteoporosis. Afianza el erguimiento de la espalda, ya que realizamos el esfuerzo una vez que nos hemos asegurado previamente de su correcta posición. Activamos y fortalecemos músculos que participan de manera principal en la corrección postural», indica Sánchez.

¿Es para todos?

Ambos expertos coinciden en que, primero, hay que pasar por un reconocimiento médico. Pero que, una vez comprobado que se es apto para caminar, es para todos. «Es importante que nuestro médico nos autorice a su práctica. Está recomendado para todas aquellas personas para las que sea adecuado y recomendable caminar. Y es importante aprender con un buen profesional, con experiencia en su enseñanza, porque si se hace bien es muy difícil producirse ninguna lesión. Como instructor, cada vez recibo más personas interesadas en aprender porque se lo ha recomendado su médico, su fisioterapeuta o su osteópata», señala Sánchez. «Es una actividad inclusiva, para todas las edades, para hacer solo o en familia, con dolencias leves o para deportistas de nivel», asegura Expósito, que ya ha hecho cursos con personas con cáncer de mama o fibromialgia, y este fin de semana tiene uno en Madrid con afectados de esclerosis múltiple.

«Cada uno se adapta a su nivel. Se puede tomar como algo competitivo, pero mi mayor interés es que sea saludable», continúa. «“Engancha” porque, a diferencia de otros deportes, no requiere de una predisposición física ni mental especial. Tampoco necesita de ningún período de adaptación ni largas y tediosas jornadas de aprendizaje», corrobora Sánchez. Una forma cómoda y atractiva para reaprender a andar de una forma sana.