Sociedad

Ladislao José Biro, el inventor del bolígrafo

Tuvo la idea final del mecanismo del bolígrafo mientras contemplaba a unos niños jugar en el parque

Ladislao José Biro, el inventor del bolígrafo
Juan Rivera Madrid - Actualizado: Guardado en:

Ladislao José Biro (1889-1985) fue un hombre incansable. Húngaro de nacimiento, para cuando la idea del bolígrafo comenzaba a rondarle la cabeza, ya había inventado, entre otras cosas, una máquina para lavar la ropa, un sistema de cambios automáticos para los coches de la época y un vehículo impulsado gracias al electromagnetismo.

Sin embargo, el periodismo fue su principal trabajo y el que le dio la idea de su invento. Ladislao, cansado de que su pluma se atascase y no dejase fluir la tinta uniformemente, trató de idear una solución. No solo eso, las plumas de la época eran un verdadero tesoro familiar, que solía suponer un desembolso importante en tinta y recambios para las plumillas a lo largo de los años. O un cambio constante de las baratas y deficientes plumas de usar y tirar que se vendían por esos años.

Junto con su hermano, el químico Georg Biro, consiguió una tinta que permitía un trazo más fluido y uniforme, pero que atascaba el mecanismo de las plumas. El principal problema era la forma de distribución de la tinta por la superficie del papel. Mientras paseaba por un parque, Ladislao José Biro, comprobó como un grupo de niños atravesaba un charco de agua jugando con una pelota. La pelota mojada distribuía una fina capa de agua de manera uniforme, sin trazos en blanco como sucedía con las puntiagudas puntas; por lo que se dió cuenta de que las puntas deberían ser esféricas.

Tras patentar un prototipo de su bolígrafo, Ladislao José Biro nunca llegó a comercializarlo. El coste de fabricar en masa, ya que su objetivo era idear un método barato de escritura, era demasiado alto y no disponía de apoyo con el que idear nuevas maneras de producción.

Sin embargo, el bolígrafo de Ladislao José Biro funcionaba. La punta en forma de esfera se impregnaba de manera uniforme de tinta y la aplicaba de la misma manera con diferentes grados de presión, sin aplicar demasiada en algunas trazos, ni demasiada poca en otros. De esto, se dió cuenta el expresidente de Argentina, Agustín Pedro Justo, quien le vió escribir notas para su periódico sobre Yugoslavia.

Maravillado con el invento, le ofreció la estancia en Argentina; invitación que Ladislao José Biro rechazó en un primer momento. Sin embargo, con el estallido poco después de la Segunda Guerra Mundial y con la previsible invasión de Hungría y su público origen judío, temió por su vida y las de su familia. Recurriendo de nuevo a las influencias del político argentino, consiguió la doble nacionalidad para él y su familia.

Instalado en Buenos Aires y gracias a financiación de Agustín Pedro Justo, abrió un garaje con 40 operarios. Creó la empresa Birome, de la unión de su apellido y el de su socio Meyne, y lanzó un nuevo prototipo, a un menor coste, conocido como esferográfica. Tan bajo fue era su precio y tan acostumbrada estaba la sociedad argentina al gastar grandes sumas en plumas y tinta, que no tomaron en serio su invento, que se dedicó como ayuda a la escritura de los niños en las escuelas.

Con el tiempo, el hecho de que el bolígrafo de Ladislao José Biro secase la tinta en el acto, no la malgastase, que era muy fácil y barata de rellenar y que su tinta fuera indeleble le hicieron ganar popularidad. Poco antes de morir, vendió licencias sobre su patente a Eversharp Faber, en EE.UU., y a Marcel Bich, fundador de Bic, en Francia.

Al momento de su muerte, las licencias habían llevado millones a las arcas argentinas y su invento, aunque fabricado por otras marcas y no Birome, había sustituido a la pluma en las clases medias , bajas y en el sistema de enseñanza americano. Con el tiempo, el invento de Ladislao José Biro se ha convertido en parte invisible e indispensable de la vida diaria de miles de millones de personas en todo el mundo.

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