Sociedad

Kilómetros por los «niños malditos» del ébola

El joven Lucas García, de 24 años, recorre en bicicleta los 2.600 kilómetros que separan la ciudad sueca de Gotemburgo de San Sebastián para ayudar a 82 hijos de afectados por la enfermedad en Sierra Leona

Lucas García posa junto a su bicicleta
Lucas García posa junto a su bicicleta - ABC

Lucas García no quería que este verano fuera como los demás. Apasionado de la bicicleta, este joven de 24 años natural de Vigo tenía claro que durante sus meses de asueto haría algo especial en compañía de su compañera de dos ruedas. Así se lo hizo saber a su familia y juntos tuvieron una idea que ya ha dado la vuelta al mundo.

A la familia García Romero siempre le ha gustado darse a los demás. El padre, Fernando, es el delegado en La Coruña de la ONG Harambee, que asiste a los menos favorecidos en África. Y a Lucas se le ocurrió que su trayecto podría discurrir por esas lindes. «Con su viaje, Lucas quería juntar sus dos grandes pasiones: por un lado su amor por la bicicleta, y por otro, el que siente por ayudar a la gente», señala a ABC su hermano Juan.

Así, Lucas y su familia dieron forma al proyecto: Le llamaron ‘2 ROOTS: Juntos por África’. En él, Lucas debía cubrir, sobre su bicicleta, los 2.600 kilómetros y siete países que hay entre la ciudad sueca de Gotemburgo y la española de San Sebastián, «subastando» en internet cada kilómetro para conseguir un montante económico que tuviera un único fin: ayudar a sobrevivir a 82 niños de Sierra Leona cuyos padres murieron a causa del ébola. «’2 ROOTS’ implica un viaje a dos raíces distintas: por un lado, el de ‘Lucki’ a casa. Y por otro, el de la sociedad a las raíces de los más necesitados», explica Juan.

«Niños malditos»

«En África hay una gran tradición de familia. Por ello, cada vez que se mueren los padres de un niño, el chico es acogido por algún otro familiar. Sin embargo, eso no sucede con los niños cuyos padres mueren a causa del ébola», relata a este medio Raquel Rodríguez, portavoz de Harambee. «Se les considera niños malditos, que van a portar la enfermedad y a extender la epidemia. Estos 82 niños a los que se pretende ayudar con este proyecto fueron repudiados por sus pueblos. Vivían solos en medio de la selva, en condiciones infrahumanas. Comían césped. Por ello, ahora nosotros les estamos ayudando, pero se necesita recaudar fondos para poder seguir haciéndolo. La iniciativa de Lucas es preciosa», añade.

Lucas salió de Gotemburgo el pasado 18 de julio. Con su bicicleta cargada hasta los topes: dos alforjas de 10 kilos a cada lado. «Llevo una tienda, el camping gas, ollas, saco de dormir, esterilla, calzado, ropa, mi ordenador, un panel solar… ¡hasta una ducha portátil!», enumera el joven mientras atiende a ABC y descansa a su paso por la localidad francesa de Royan. Ya ha pasado por seis de los siete países —Suecia, Dinamarca, Holanda, Alemania, Bélgica y Francia— y tiene previsto llegar a San Sebastián hoy, antes de lo que pensaba. «Al principio se me hacía raro circular con la bici tan cargada, pero luego te acostumbras. Y ahora, cuando paro a descansar, me cuesta moverme sin carga. Me tiembla el manillar», señala entre risas.

El joven ya ha hecho lo más difícil. Ingeniero mecánico por la Universidad Carlos III de Madrid y que actualmente se encuentra cursando un Máster en Ingeniería de Producción en Gotemburgo —su punto de partida— se encontraba cuando habló con ABC a unos 300 kilómetros de España. Sin embargo, la odisea no ha sido sencilla. «No es un paseo, desde luego», comenta con humor. «He tenido días duros. Con mucho viento, lluvia y tramos con muchas cuestas. Otros, con un calor extremo, en los que he tenido que tener mucho cuidado con las horas a las que más pegaba el sol», remarca el chico, que advierte que las temperaturas son más calurosas a medida que va bajando hacia España. «Cuando empecé en Suecia, hacía un tiempo magnífico para montar, pero al llegar a Alemania y en concreto al alcanzar Hamburgo, cada vez hacía más calor. Y la verdad es que se sufre, pero también se disfruta mucho», aclara.

La gran lección

Este es, con diferencia, el viaje más largo de los muchos que Lucas ha hecho con su bicicleta. «Hasta ahora, la mayor distancia que había recorrido era entre San Sebastián y Santiago de Compostela y entre Vigo y Lisboa. Pero este viaje es diferente. Incluye siete países, son muchos kilómetros y me permite observar las diferencias de todo tipo que existen entre las culturas del norte y las del sur, tanto en Europa como en los propios países. Y éstas son fascinantes», comenta el joven ciclista, que afirma estar recibiendo muchas muestras de solidaridad por parte de la sociedad. «Cuando la gente se entera de que vienes desde Suecia, alucina y te ayuda con todo. Las personas que me he encontrado han sido solidarias, agradables, generosas y me han apoyado mucho. Eso te da mucha fuerza».

De momento, el esfuerzo de Lucas ha permitido recaudar cerca de 4.400 euros. «Toda donación suma. Es una acción muy sencilla. Hay que concienciar de que cada céntimo cuenta», matiza a este respecto su hermano Juan. «El beneficio que reporta no es cuantificable, pero es muy gratificante y esa es la gran lección que Lucas quiere que aprendamos: el ayudar a la gente sin recibir nada a cambio, como está haciendo él. Su hazaña es de una dedicación, constancia y determinación admirables. Es un ejemplo. Quiere hacer el viaje, y lo quiere hacer para otros. Estamos muy orgullosos de él», comenta emocionado. Los interesados en donar pueden hacerlo a través de la web de Harambee o en la propia página web del proyecto en migranodearena.org.

Ha habido momentos, incluso, en los que Lucas ha llegado a pasar miedo. «En Francia, como las carreteras están señalizadas de otra manera, me he metido tres veces en autopista sin darme cuenta. Es un peligro y no te queda otra que pedalear hasta la siguiente salida para abandonar la carretera. También recuerdo cuando crucé el puente de Normandía. El carril bici era un arcén de menos de un metro de ancho. Y al lado, te pasaban camiones a 100 kilómetros por hora. Era una locura», manifiesta. Instantes para el recuerdo. «He llegado a dormir en una casa con hasta diez personas y con un ambiente increíble, aunque tengo ganas de llegar a casa. Pero ya no me queda nada. Esto es un paseo», concluye.

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