Juicio contra el expárroco de la iglesia del municipio mallorquín de Selva, Antoni Cano
Juicio contra el expárroco de la iglesia del municipio mallorquín de Selva, Antoni Cano - EFE

El juez absuelve al expárroco acusado de un delito de abuso sexual contra una niña de 12 años

La Audiencia Provincial de Palma ha aplicado en este caso el principio de «in dubio pro reo», ya que las dos versiones de los hechos eran «igual de verosímiles»

PALMA DE MALLORCAActualizado:

La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Palma ha dictado una sentencia absolutoria para el expárroco de la iglesia del municipio mallorquín de Selva,Antoni Cano, que había sido juzgado este mes de enero por un presunto delito de abuso sexual contra una niña de 12 años. El antiguo sacerdote, de 74 años de edad, siempre había negado los hechos. La Fiscalía había mantenido al final de la vista oral la petición inicial de tres años de prisión para el encausado, mientras que la acusación particular pidió cuatro años de cárcel. Por su parte, la defensa había solicitado la libre absolución de su cliente. La sentencia de la Audiencia Provincial no es firme y puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo.

Los magistrados argumentan en su fallo que «nos encontramos ante dos versiones de los hechos que podrían ser igual de verosímiles, a la vista de la prueba practicada». Ante esas dos posibilidades, por aplicación del principio «in dubio pro reo» («en la duda, hay que estar en favor del acusado»), la Sala «se debe decantar por la alternativa más favorable para el acusado». Por todo ello, «hay que concluir que la prueba de cargo es insuficiente para enervar el derecho a la presunción de inocencia del acusado, por lo que procede dictar una sentencia absolutoria a su favor».

Los hechos que dieron lugar al juicio habrían tenido lugar en febrero de 2015 en el domicilio del encausado, ubicado en la aldea de Calonge, que pertenece al municipio mallorquín de Santanyí. El padre de la menor llevó un día a su hija a la casa del exrector para que éste hablase con ella sobre la situación familiar, en concreto, acerca de la reciente muerte de su madre y sobre el hecho de que su progenitor tenía ya una nueva pareja. El antiguo sacerdote y el padre de la niña se conocen desde hace décadas, de ahí que en aquellas fechas existiera una gran confianza entre ambos. Por esa razón la menor se quedó a dormir en la casa del excapellán ese día.

Dos versiones distintas

Según el Ministerio Público, la niña «tenía miedo de dormir sola», por lo que en ese contexto el expárroco la habría convencido para que durmieran juntos en su propia cama. En aquel momento, según la Fiscalía, habrían empezado los tocamientos a la menor, que habría dado entonces dos codazos al religioso para que parase. Durante el juicio, el acusado negó ante el tribunal esos supuestos abusos. «Es absolutamente falso, porque yo ni siquiera a esta niña la rocé, la vez que la tuve más cerca era en una mesa camilla en la otra parte, frente a mí», afirmó en la primera jornada de la vista oral. Además, indicó que la niña habría dormido donde suele hacerlo la asistenta.

En la segunda jornada del juicio, en su turno de última palabra, el acusado afirmó que si fuera efectivamente culpable, «bajaría la cabeza» y diría que había tenido esa «debilidad», pero reiteró que la niña no durmió con él y que jamás ha tocado a un menor. «Si usted fuera el señor obispo, juraría sobre los santos evangelios que yo digo la verdad», indicó. «He tenido que oír muchas barbaridades. No había oído tantas mentiras en mi vida», recalcó igualmente.

En la sentencia hecha pública este miércoles se señala que «hay elementos de prueba que conducirían a afirmar la realidad de los abusos referidos por la menor». Sin embargo, «hay otros datos que no nos permiten excluir la versión del acusado» respecto a que la denuncia presentada «tendría una finalidad espuria o de venganza». De ahí que, como se ha señalado ya, la Audiencia Provincial haya decidido finalmente la absolución del encausado.

Un supuesto móvil económico

El excapellán había señalado durante el juicio que la demanda presentada contra él obedecía a un supuesto móvil económico. Al parecer, con anterioridad a los hechos juzgados por la Sala y sin ninguna relación directa con ellos, el ahora exculpado había hablado con el padre de la niña acerca de su deseo de vender una casa. El progenitor se había ofrecido entonces para encontrarle un posible comprador, a cambio de una comisión. Finalmente, esa posibilidad no se concretó, lo que habría disgustado al hoy querellante. Según la versión del antiguo rector, el padre de la niña le habría pedido luego dinero a cambio de no denunciarle, algo que el exrector rechazó. «Me dijo que si no le daba 60.000 euros, me destrozaría la vida, y luego diría que yo he tocado a la niña», explicó en la primera jornada de la vista oral.

Asimismo, el acusado indicó ante el tribunal que el demandante le habría dicho también entonces: «Cualquier juez me va a creer antes a mí y a mi hija que a ti». Según el expárroco, la niña habría declarado sugestionada por su propia familia. Sin embargo, dos psicólogas que han tratado a la menor consideraron que su testimonio de supuestos tocamientos sería verosímil y creíble. Esa valoración y la versión de la niña fueron determinantes para que la Fiscalía mantuviera la petición de tres años de cárcel para el encausado. Cabe recordar que la menor también declaró en la Audiencia Provincial, a puerta cerrada. Durante su comparecencia, confirmó las acusaciones iniciales.

Por su parte, el padre de la niña explicó que había dejado a su hija en casa del exrector porque pensaba que no quedaría sola con él y que habría otras personas en la vivienda. Por otro lado, negó que la querella obedeciera a un presunto móvil económico. En ese sentido, detalló en qué momento decidió presentar la denuncia, varias semanas después de los supuestos abusos. «Mi hija me dijo "papá no quiero que me acompañes nunca más a la casa de este señor", y le pregunté el por qué, y me explicó brevemente que la había metido en la cama y no quise escuchar más, acudí directamente a la Policía. Mi cabeza estalló», señaló.

Una causa compleja

Se da la circunstancia de que el expárroco de Selva habría abusado también del padre de la niña hace treinta años, cuando fue monaguillo en su iglesia. Estos presuntos hechos ya han prescrito. El progenitor explicó durante el juicio que había olvidado esos episodios, pero que los recordó de nuevo tras escuchar el testimonio de su hija. En ese contexto, la Fiscalía reconoció que existiría un «mar de fondo» entre ambos adultos, recordando también la mencionada operación inmobiliaria frustrada. En cualquier caso, para el Ministerio Público ello sería independiente de la total credibilidad que merecería el testimonio de la niña.

Por contra, la defensa había señalado que existían presuntas «contradicciones» en el relato hecho por la menor desde que se inició esta causa judicial, por ejemplo en relación a las prendas con las que ella habría dormido el día en que fue a casa del expárroco. También existirían contradicciones en la descripción que la niña hizo de la habitación donde habrían tenido lugar los hechos. El letrado había cuestionado, además, la supuesta fecha de la visita de la menor a la casa del excapellán, febrero de 2015, indicando que habría sido en otro mes. Asimismo, hizo referencia al supuesto móvil económico que habría tras esta denuncia y a la presunta incongruencia de que un padre pueda dejar a su hija con un hombre que supuestamente habría abusado de él años atrás.

En relación a este proceso, el Obispado de Mallorca emitió un comunicado oficial al inicio del juicio. «En el mismo momento en que el Obispado tuvo conocimiento del caso, se inició una investigación previa para aclarar la verosimilitud de las informaciones de acuerdo con la normativa actual del ordenamiento canónico dictado por la Santa Sede. En este momento el proceso continúa su curso», indicaba la nota. La Diócesis también recordaba que el anterior obispo, monseñor Javier Salinas, decidió apartar al exrector «de sus oficios pastorales y prohibirle el ejercicio público de su ministerio, medidas cautelares que a día de hoy continúan vigentes». Por último, el Obispado ratificó su «firme voluntad de garantizar la protección de los niños y jóvenes ante cualquier tipo de abuso y su máximo respeto a las decisiones de la justicia ordinaria».