Sociedad

«Las instituciones son como los espermatozoides kamikaces, entorpecen el camino»

La doctora en Psicología, Susana Méndez Gago, presenta su nuevo libro «El complejo del espermatozoide» disponible en Amazon

La autora del libro «El complejo del espermatozoide», Susana Méndez Gago
La autora del libro «El complejo del espermatozoide», Susana Méndez Gago - ABC
ARÁNZAZU SACO Madrid - Actualizado: Guardado en:

«Llevamos dos o tres décadas donde triunfar y hacer dinero ha sido muy fácil, no se ha cultivado la excelencia. Por eso, ahora resulta que las personas que ocupan puestos de gran responsabilidad no están suficientemente formadas ni como seres humanos ni para cumplir su cometido». Con esta reflexión la doctora en Psicología Susana Mendez Gago resume las consecuencias de lo que ella describe en su nuevo libro como «El complejo del espermatozoide». Que no es otra cosa que «una metáfora sobre la mediocridad».

Susana Méndez Gago, para ilustrar esta idea, hace una llamativa comparativa entre los seres humanos y los espermatozoides en clave de humor pero sin desviarse de una crítica incisiva hacia una «sociedad narcisista», la nuestra.

Explica la autora en el libro, disponible en Amazon, que en el microuniverso de los espermatozoides los comportamientos y circunstancias no difieren demasiado de los que observamos en nuestro entorno; una carrera hacia una meta incierta, compañeros que entorpecen el camino y líderes ineficaces que dan lugar a un contexto social enmarañado difícil de resolver...

Para saber más, ABC se reúne con la escritora en su casa. «¿Te importa que me descalce?», pregunta Méndez Gago mientras se acomoda en el sofá. Medio cigarrillo en silencio y queda claro que esta especialista en Psicología Clínica pone en práctica su teoría, pensar despacio en este mundo acelerado para encontrar las respuestas idóneas. Y así, tranquila pero sin pausa, empieza la entrevista.

Primero de todo, ¿qué es el complejo de espermatozoide?

El complejo de esperematozoide es un mal antiguo llamado el mal del hybris: la locura, ahora generalizada, del poder y la soberbia.

Antes era un mal exclusivo de los mandatarios o emperadores, pero en la actualidad lo puede padecer cualquier persona de cualquier estrato social; desde el presidente de una comunidad de vecinos pasando por el de una empresa, hasta un familiar.

El libro es un recorrido por los problemas humanos actuales, empezando por uno tan esencial como es la trascendencia de nuestro viaje. Como explica en el libro, la religión y otras creencias han quedado desmontadas. Entonces, ¿qué nos queda?

Nos quedan muchas cosas. Sin embargo, desde que empezó la revolución industrial acompañada por el pensamiento científico, nos hemos centrado solo en conseguir cosas y en consecuencia hemos ido olvidando el sentido de nuestra existencia. Existe tanta insatisfacción porque a pesar de que estamos rodeados de objetos, de tecnología y de proyectos futuros, no sabemos estar en contacto con nosotros mismos.

Así que, ¿tenemos que volver a querernos como especie?

Yo creo que va más allá de querernos porque eso es algo que hemos practicado mucho en los últimos años, pero desde el hedonismo, desde lo externo. Como si fuéramos a una tienda de ropa y compráramos nuestra identidad. Lo que le falta a la especie es esa construcción íntima que solo puede hacerse a través de la introspección.

Como los espermatozoides, los humanos somos muchos y por tanto intentamos diferenciarnos de la multitud. Cuenta usted que estamos viviendo un fenómeno de hiper personalización que se refleja en las redes sociales. ¿Son, pues, las redes un primer síntoma del complejo, o quizá solo un espejo de nuestra angustia por distinguirnos de la masa?

Las redes sociales y el complejo de espermatozoide no tienen una relación. Estamos en la revolución de las redes sociales y, por tanto, en la revolución de los contactos (aunque la calidad o la profundidad de los mismos es un tema aparte), el caso es que las redes no están nada vinculadas al fenómeno que se describe en el libro.

Lo que ocurre es que en el contexto social en el que estamos se priman el individualismo y el hedonismo a ultranza, lo que ha provocado que nos hayamos convertido en una especie de marca. Y en esa marca que somos nosotros mismos sí que han influido las redes sociales y la revolución tecnológica en general, pues han ahondado en ese narcisismo social que padecemos.

En el libro habla de una especie de espermatozoide, el kamikace...

Esto está basado en la teoría de Bakel y Bellis en la que explican diferentes tipos de espermatozoides; los cazadores que están bien conformados y dispuestos a hacer el recorrido hasta el óvulo. Y luego están los kamikaces, que son deformes, con dos cabezas, la colita rota, etc., y por eso los investigadores dedicados a la reproducción asistida dicen que son espermatozoides de baja calidad.

Algo con lo que Bakel y Bellis no están de acuerdo. Ellos apuntan que los kamikaces son gladiadores cuyo papel es dificultar el camino para que los cazadores de óvulos se peleen y se crezcan en la carrera

Y, ¿quiénes serían los «kamikaces» españoles?

La metáfora de lo que trata es de que estos espermatozoides kamikaces son los que abundan ahora. Ellos provocan la decadencia del esperma. Representan esta sociedad narcisista que se siente ganadora y con la capacidad de conducir a otros pensando que son los mejores y en consecuencia creen que tienen las mejores soluciones. Entonces, en este sentido, creo que los kamikaces españoles son todas las instituciones y muchos colectivos profesionales.

Por ejemplo..

Los políticos y los gobernantes -los que gobiernan y los que no- , también los presidentes de grandes corporaciones están expuestos a este mal, así como los pequeños empresarios.

Cuenta en el libro que el complejo de espermatozoide empieza con un golpe de suerte mal digerido que agrava problemas personales más profundos. Da la impresión de que estas personas son un castillo de naipes que puede caer en cualquier momento...

Eso parece, pero la realidad es que no se rompen. Las personas con complejo de espermatozoide tienen heridas profundas mal cicatrizadas y ni siquiera son conscientes de que las tienen. Cuando tienen un golpe de éxito, como son kamikaces gladiadores, se sienten los mejores.

Pero lo cierto es que se nota que tienen el complejo de espermatozoide porque, como tienen una incapacidad emocional para la relación con los demás, lo que suelen hacer es atrapar todo lo que emociona al otro, se lo apropian y luego lo destruyen, pero no consiguen nunca estar satisfechos.

Pero, esto es peligroso porque, como dice, esta gente tiene el poder. ¿Nosotros qué podemos hacer?

Asustarnos (risas). El problema es que llevamos dos o tres décadas donde triunfar y hacer dinero ha sido muy fácil y no se ha cultivado la excelencia. Entonces, ha llegado un momento en el que las personas que ahora ocupan puestos de gran responsabilidad no se han cultivado lo suficiente, ni como seres humanos ni para su cometido.

Como los cazadores de óvulos que desertan porque no conocen su potencialidad, cuentas que la sociedad también «ha desertado y abandonado la lucha y el compromiso con la vida y lo comunitario». ¿Nos hacen falta nuevos y buenos líderes que reenfoquen el concepto de comunidad?

Indudablemente sí. Pero es un liderazgo que tiene que aparecer dentro de la propia comunidad que desde finales del siglo XX está sufriendo un debilitamiento en todo el tejido social, en parte, por el constituido Estado del Bienestar.

Ahora, cuando alguien tiene un problema no acude al vecino o al compañero, van a los servicios sociales o acuden a la administración. En todo caso es de señalar que la crisis ha fortalecido los vínculos sociales y ha revitalizado ese sentimiento de sociedad compartida.

En cuanto a nuestros líderes son mandatarios hechos a la carta, «pret a porter». Son líderes desconectados que no son sensibles a las necesidades porque no las respiran, por eso no pueden ser catalizadores de lo que le pasa al pueblo.

¿Son entonces las élites intrínsicamente «desalmadas»?

Las élites son élites, y como cualquier colectivo mira por sus intereses. El poder de las élites si es muy grande va a arrastrar al resto de los colectivos y si las élites pierden el control de la situacion arrastran al resto, ese es el gran problema.

Estas personas toman decisiones centradas en ellas mismas desde una posición en la que nadie les evalúa ni les hace tener una visión crítica de sí mismos y de sus actos.

El problema es el contexto en el que vivimos. Se ha vaciado de sentido a las palabras, es decir, hay un maquillaje permanente del lenguaje que hace que todo se vuelva confuso. La distracción con todos los tipo de pantallas, la falta de excelencia, así como ese egoísmo innato que hemos visto en la gestión de muchos mandatarios o de personas con cargos públicos o privados hacen que se genere un contexto que es muy difícil de desenredar y que parece que para solucionarlo tendría que pararse todo y empezar de nuevo la partida.

Entonces, ¿cómo se puede salir de ese círculo de mediocridad?

Te voy a contestar con una experiencia: cuando era una cría vivía cerca de una refinería que hacía que de vez en cuando se cortara la luz. Cuando la luz se iba no había televisión, ni lavavajillas ni lavadora, entonces solo estábamos los que vivíamos en la casa, nada más. Era magnífico.

Yo creo que si pudiéramos pararnos a pensar, quizá podamos modificar el curso de los acontecimientos. Pero vivimos en una sociedad acelerada que nos lleva a huir contínuamente hacia delante, y huir hacia delante siempre es peligroso a la hora de tomar pequeñas y grandes decisiones.

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