Incendio de Jávea ¿En qué se diferencia un pirómano de un incendiario?

A menudo se atribuyen los fuegos intencionados a la acción de un pirómano. Sin embargo, esta definición no es correcta, pues los pirómanos causan menos del 10% de los incendios

El incendio de Jávea ya ha calcinado 320 hectáreas de monte
El incendio de Jávea ya ha calcinado 320 hectáreas de monte - EFE

Después de que el fuego haya ennegrecido 320 hectáreas en Jávea, la Guardia Civil busca testigos que permitan confirmar que el incendio fue intencionado. A menudo, nos apresuramos a escribir que las autoridades buscan un pirómano. Pero no siempre es así. No es lo mismo una persona que hace arder el monte que un pirómano. Según las autoridades, menos del 10% de los fuegos son obra de pirómanos, que son personas con una patología muy concreta.

La gente suele asociar la «intencionalidad» de los conatos a personas diagnosticadas con esta enfermedad, si bien incendiario y pirómano no significan necesariamente lo mismo, aunque suelan utilizarse como sinónimos. Así lo constata un informe estadístico del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, que cifra en un 78% los fuegos atribuidos a causas antrópicas desde 2001 a 2010, es decir, provocados por el hombre, ya sea por negligencias, accidentes o de forma premeditada. Sin embargo, los incendios provocados por pirómanos responden a un 9,79% del total, un porcentaje alejado de las causas más comunes de fuegos intencionados: la quema agrícola ilegal y abandonada (42,71%) o la quema para regeneración de pastos (25,69%).

% de incendios intencionados según sus motivaciones
% de incendios intencionados según sus motivaciones- Ministerio de Agricultura

Quizás la asociación indebida entre incendiarios y pirómanos se deba al misterio que pesa sobre sus figuras. Los vecinos de buena parte de las zonas rurales afectadas tienden a encubrir a los delincuentes que las inician, ya sea por miedo a represalias o por falta de conciencia social: a veces no lo perciben como algo malo. Sin la ayuda de los vecinos los agentes que luchan combatiendo esta lacra tienen serias dificultades para detener a los incendiarios, a los que deben pillar in fraganti prendiendo fuego a los montes.

Otras veces priman intereses urbanísticos y el deseo de revalorizar los terrenos después del incendio. Otras se desconocen las causas. Es el caso de la incendiaria de Cerceda, la mujer de un gasolinero a la que atribuyen 15 incendios. La detuvieron con trece velas aromáticas y nueve mecheros, y en uno de ellos —la contradicción— rezaba el rótulo «Amo Galicia». Lejos de responder qué motivó sus delitos, se acogió a su derecho de no declarar. Todavía se desconoce por qué esta mujer de 56 años, con antecedentes penales pero no relacionados con el fuego, arrasó 22 hectáreas de los montes que «ama».

Retrato de un pirómano

El perfil psicológico del pirómano es bastante concreto. Aunque las autoridades calculan la existencia de unos 150 en todo el país (saben quiénes son), todos presentan unos rasgos comunes. Los pirómanos son personas con problemas para relacionarse y que, desde muy pequeños, han presentado síntomas: «Recuerdo el caso de un niño que, cuando se enfadaba con su madre, por el placer de sentir que controlaba la situación, le quemaba las sábanas con un cigarrillo. También quemaba los vestidos de las muñecas. Los pirómanos experimentan con el fuego una sensación de dominio, de tener un control sobre los demás», explica José Gil-Martínez, profesor de psicología de la Universidad de Valencia.

Algunos sienten un gran placer por ver su obra y por demostrarse que también son capaces de hacer grandes cosas, aunque sean malasJosé Gil-Martínez, profesor de psicología de la U. de Valencia

Por lo general, son personas con un coeficiente intelectual reducido y que muestran desde muy pequeños una atracción por el fuego. Pero, ¿cuál es el detonante? ¿qué desata en ellos el último impulso que les lleva a quemar el monte? Normalmente es la mezcla de una frustración reciente con un consumo leve de alcohol. Es decir, el pirómano se frustra (porque se han burlado de él, por ejemplo) y decide demostrar su "valía". «No hace falta emborracharse. Basta con tres cervezas, desinhibirse un poco nada más», explica el psicólogo. «Y en esa situación el pirómano decide, según su pensamiento, realizar "la mayor obra" de su vida».

Una vez con el monte en llamas, el pirómano experimenta una sensación de alivio. Toda la tensión acumulada en las horas previas desaparece: «Algunos sienten un gran placer por ver su obra y por demostrarse que también son capaces de hacer grandes cosas, aunque sean malas. En la literatura científica se habla de que algunos llegan al orgasmo».

Ayudan con la extinción

La devoción por el fuego es tal que algunos llegan a participar en las labores de extinción. Primero, por seguir su obra de cerca. Segundo, por admiración a todo lo relacionado con el oficio de bombero: «A ellos les emocionan las sirenas y los bomberos. Pero como no tienen capacidad para aprobar las oposiciones se meten en esas brigadas de extinción».

Aunque esta patología supone un atenuante en caso de juicio, los pirómanos son plenamente conscientes de lo que hacen. No son víctimas de una enajenación, sino personas con problemas para canalizar sus emociones. Las autoridades tienen su propio censo y no les salen más de 200, de ahí que el porcentaje de incendios provocados por pirómanos sea tan bajo: porque en realidad muy pocas personas padecen de forma aguda esta enfermedad.

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