Sociedad

Imputada la madre superiora de un convento en Argentina por supuestas torturas con cilicios y látigos

La declaración de una de las exmonjas permitió iniciar la causa: «He vivido tortura psicológica, castigo físico, encierro de celda (como llaman a las habitaciones) y duras reprimendas»

Imputada la madre superiora de un convento en Argentina por supuestas torturas con cilicios y látigos
ABC/AGENCIAS - abc_es Buenos Aires - Actualizado: Guardado en:

El Monasterio de la Preciosísima Sangre y Nuestra Señora del Carmelo de Nogoyá ha sido denunciado por cometer supuestas torturas contra las religiosas. La hermana María Isabel, la madre superiora, deberá declarar como imputada por «privación legítima de la libertad», causa iniciada tras hallar cilicios y fustas en el convento.

Clave en la investigación ha sido el testimonio de una exmonja, que relató los tormentos sufridos mientras estaba recluida como carmelita descalza.

«He vivido tortura psicológica, castigo físico, encierro de celda (como llaman a las habitaciones) y duras reprimendas por parte de la madre superiora», ha declarado la mujer, cuya identidad no ha trascendio, a Canal 13, según recoge el diario argentino «Clarín».

Entre los instrumentos de tortura destaca el cilicio, al que describió como «una especie de corona de alambre que aprieta la pierna y lastima. Incluso llega a sacar sangre» y un látigo «con cuerdas, que antes se pasa por cera derretida que después se deja secar para que quede más duro». «Nos autoflagelamos, nos pegamos en las nalgas. En las reglas, las constituciones está establecido que se haga una vez por semana», ha revelado a «Clarín».

Por su parte, una de las 18 monjas que residen en el monasterio de las Hermanas Carmelitas Descalzas de la localidad de Nogoyá aseguró a Efe que allí no se produce ningún tipo de tortura, a pesar de que la pasada semana la Policía incautase látigos, fustas y cilicios en el lugar.

En un vídeo publicado hoy en su cuenta en la red social Facebook, creada a raíz del polémico allanamiento, las monjas cuentan su historia personal, insisten en que son «felices» en el convento y niegan las supuestas torturas.

En sus mensajes, las afectadas cuestionan la operación, insisten en que no se han violado sus derechos humanos y dicen que los hechos ocurridos han sido «muy difíciles» para ellas.

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