Huracán Irma Así escapé de la catástrofe del huracán Irma

El gaditano Manuel Blandino relata su aventura de dos días por carretera desde Miami hasta Nueva Orleáns para huir del peor ciclón registrado en el Atlántico

Una cabezada en mitad del atasco
Una cabezada en mitad del atasco - M. Blandino
Manuel Blandino En Ruta Desde Miami A Nueva Orleáns - Actualizado: Guardado en: Sociedad

Manuel Blandino vive desde hace dos años en Miami y es investigador en la Universidad de Miami. Partió el pasado jueves y llegó a Nueva Orleáns en la madrugada del sábado, con parada en Orlando para dormir. Fueron 20 horas y 1.400 kilómetros al volante. Este es su relato.

Estaba con mis amigos en un barco disfrutando el fin de semana pasado en Miami. Si, así son los fines de semana en esta ciudad. «Yo vivo donde tu veraneas», solemos decir aquí a los turistas, y a los familiares y amigos en España. Entre charlas y baños frente a Cayo Vizcaíno, uno de mis amigos comentaba las primeras noticias de «Irma». Yo llevo dos años aquí y el año pasado tuve mi primera experiencia con «Matthew». Una tormenta tropical que se convirtió en huracán y que finalmente no tocó Miami. Como imagináis, este vocabulario de «tocar tierra o «tormenta tropical convertida en huracan» es una cosa que uno aprende viviendo cada verano en esta ciudad. Gaditano de nacimiento y acostumbrado al levante en el Estrecho, sé a qué se refieren cuando hablan de viento sostenido, pero uno aún no entiende lo que puede significar 300km/h de viento.

Como decía, el año pasado tuve mi primera experiencia con este tipo de situaciones. Aunque todo quedó en nada para bien de la ciudad y mia propia. Esa «grata» experiencia me sirvio para formarme y aprender de los «expertos» habitantes de esta ciudad. Aunque me considero calmado y siempre intento mantener la prudencia, es imposible no verse envuelto en la locura que todo esto conlleva. Aunque uno piense: estás seguro, no va a pasar nada, estás preparado... Con el paso de los dias, y hora a hora, la situación te va poniendo de los nervios, hasta el punto de formar parte de esa manada de personas luchando por sobrevivir.

En el supermercado, el estante del agua está vacío. Hay 5,6 millones de personas intentado abastecerse al tiempo
Vas al supermercado, como un día normal, pero el estante de agua está vacío. Y hay 20 o 30 personas con sus carros esperando detrás de la puerta de acceso al almacén donde los reponedores no dan abasto reponiendo agua y otros productos básicos. Los congelados no se tocan, si se va la electricidad no habrá forma de mantenerlos. Las estanterías se van vaciando. Para alguien que vive solo como yo no es un drama. Si no hay agua, Gatorade. Si no hay leche, zumo... Pero si es una situación extrema para familias con bebés, hijos, mascotas... se necesitan cereleales, leche, fruta... Productos básicos que pueden ser necesarios en dos, cuatro días o hasta dos semanas, dependiendo de la situacion. Lo siguiente son las latas de conservas. Desaparecen. Las de atún primero, y luego las de alubias, tomate... Todas. En horas no quedan latas. Y los reponedores, cuando pueden, vuelven a llenar los estantes. Literalmente hay 5,6 millones de personas intentando abstecerse al mismo tiempo. Si no, posiblemente haya más mañana, te dicen. Las autoridades recomiendan no llevarse más de lo necesario. Pero, ¿cuánto es lo necesario?

Largas colas en la autopista en dirección norte- M. Blandino

De repente, no hay gasolina. La policía custodia las gasolineras para que nadie robe o se salte la cola de 20 o más coches que bloquean la gasolinera y las calles colindantes. Ve a poner gasolina a la una de la mañana, hay menos gente, me recomiendan. Me mantengo despierto y voy a esa hora y la policía sigue allí. Ahora hay gasolineras cerradas, pero en la que tienen, ahora hay ocho coches y en cinco minutos he podido llenar el tanque.

Vas al trabajo y ya nadie trabaja. Las horas se pasan entre relatos de unos y otros: ¿tú que vas a hacer? ¿te vas? ¿te quedas?... Recomendaciones, consejos y todo el mundo tiene la última noticia, y la última predicción. Empezamos a cubrir las máquinas en el laboratorio con plásticos. Por si se rompen las ventanas, por si entra el agua...

Inquietud a través de Whatsapp

Tus amigos por Whatsapp empiezan a comentar las noticias. Noticias que en los periódicos van día a día añadiendo auténtico pánico al asunto. Algunas veces, pienso que sin razón, posiblemente debido al propio desconocimiento e inexperiencia, no va a pasar nada me sigo diciendo. Y me sorprendo haciendo cosas tan irreales como llenar la bañera para tener agua en los próximos días, acumular latas, poner toallas detrás de los cristales, por si se rompen, que aguanten algo de agua. Metiendo mis aparatos electronicos, la playstation, la tele, discos duros o mis recién pintados cuadros en el baño interior por si se rompen las ventanas. Tu documentación o las fotos de tu familia ya plastificados se van al baño también.

Y empiezan a evacuar. Primero Miami Beach, segundo toda la zona de costa... Y todos mis amigos y conocidos se empiezan a marchar. Charleston en Carolina del Sur; Atlanta, Georgia; Alabama... Todos lugares a más de diez horas de camino sin tráfico y aun así no parece suficiente distancia para escapar de este monstruo. Otros amigos compran vuelos. A casa, a donde quedan billetes... Detroit, Colorado, México o Perú...

En el ascensor del edificio y tus conocidos por Facebook empiezan a preguntar. ¿Te vas? ¿Te quedas? ¿Estás preparado? Ya no. Nos vamos, hoy, mañana... esta noche. Ya eres parte de la manada. Ya te has dado cuenta de que para qué quedarse a correr un riesgo que no sabes medir. Ni siquiera los expertos saben el alcance que tendrá. Pero lo dicen, por la radio, la tele, internet... Nadie está seguro. Váyanse. Abandonen la ciudad. Las previsiones son catastróficas.

En camino

Empaquetas ropa para no sabes cuánto tiempo. Colas en los cajeros automáticos para sacar dinero. Coges el pasaporte y tu visado. Lo pones en el coche y sales... Eso es como en las películas, me dice mi hermano. Sí, pero en vez de verlo desde el sofa, soy uno de esos que está en una carretera parado, mientras la mayor tormenta del Caribe se le echa encima. Mi madre no entiende a dónde voy... Mamá, es como si un huracan entrara por Cadiz y toda esa zona de Andalucía se fuera en dirección a Madrid. Y como eso no es suficiente, el próximo día seguiremos a Galicia o Barcelona, o Francia si hace falta... Es el mejor símil que se me ha ocurrido.

El camino hasta Orlando, que normalmente lleva cuatro horas, lo hacemos en siete. Y aún no estamos a salvo. Por el camino, gente durmiendo en la carretera, familias con mascotas huyendo. No saben a dónde ni por cuánto tiempo. Muchos piensan improvisar según las noticias se vayan dando. Algunos no tienen más remedio. No hay plazas de hotel, no hay Airbnb... No hay sitio para cinco millones de personas que huyen en dos días.

Numerosas grúas acuden al rescate a Florida
Numerosas grúas acuden al rescate a Florida- M. Blandino

Es jueves y en el hospital ya me han dicho que estarán cerrados hasta el martes y todo dependerá de los daños en la ciudad. No es normal que en este país te den cinco días libres. Tras más de 20 horas conduciendo hemos llegado a Nueva Orleáns. Ironías del destino, nos refugiaremos de Irma en la ciudad que sufrió los devastadores efectos de Katrina. Aquí estaremos unos cuantos días siguiendo las noticias y viendo que ocurre. No sabemos qué encontraremos a la vuelta... Lo mínimo unos días sin luz ni agua. Ese sería el menor de los males...

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